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POSADAS

Los nuevos desafíos, las viejas mañas y las indignidades

Con voluntad, que a veces parece adelantar pasos contra el viento, Misiones intenta mantener un propio perfil de desarrollo, imaginando respuestas diferentes a antiguos reclamos, necesidades, urgencias. En pocos días más clausurará la Legislatura su período ordinario de sesiones, cuando volvió a dictar leyes destinadas a dar nuevas herramientas para el crecimiento provincial, con preservación de recursos; responder a demandas sanitarias, con el Parque de la Salud o aportar al servicio de Justicia. Este comportamiento cameral bien puede situarse en la nueva historia que viene escribiéndose en este nuevo siglo, que no encuentra antecedentes en el pasado, en otras gestiones.

Una situación que podrá ser vista con aceptación por parte de la ciudadanía pero que, evidentemente, resulta trago amargo para alguna que otra expresión opositora. En realidad para quienes dirigen desde fuera del antiguo Palacio Legislativo y al parecer preferían crispaciones, desinteligencias. Aunque este comportamiento fuera para un ámbito en el que son pronunciada minoría. Porque cuando se alían para dar la falsa imagen de una mayoría inexistente enseguida se ponen de acuerdo. Como sucedió con la ampliación del Presupuesto 2010 del Concejo Deliberante. Nada menos que en 3,6 millones de pesos llevando a situar en más de los 20 millones de pesos anuales los requerimientos del Departamento Deliberativo de Posadas.  Por cierto, el balance anual de este organismo deja mucho que desear. Para la sociedad no resulta claro porqué le cuesta tanto el Concejo si tiene tan poca presencia en la vida de la ciudad, de los vecindarios.



La mirada aquí sigue siendo la de aquella vieja política por cuyo abandono y reemplazo tanto se reclamó a partir del estallido del 2001.  Siguen estando vigente esos mismos métodos cuestionados: una directiva a la que se accede por maniobras, contubernios, arreglos tras bambalinas; una mayoría que no representa a ninguna mayoría, sino que es un “juntarse” de adelgazadas expresiones vecinales. Mientras la estrechez de miras acorrala ediles, la ciudad se transforma y crece, afronta los desafíos del nuevo siglo. Centra expectativas en el plan de terminación de Yacyretá. Pero sabe que sigue cargando en la mochila demoradas respuestas legislativas para el tránsito, para obras vecinales; para antiguos barrios.



Distinta ha sido la realidad que se volvió a vivir en la Cámara de Representantes. Aquí mediante consensos que no resultaron de sencilla obtención, porque inclusive al comienzo de año hubo intentos de reprisar las viejas chicanas partidarias que envolvían a Diputados y lo alejaban de la gente y sus necesidades. Aquellos iniciales enfrentamientos cedieron paso, sin embargo, a otro tipo de relacionamiento, el que construye. Que permite plantear diferencias hasta con ácidos argumentos, pero que termina por acordar en cuestiones que conciernen a políticas de Estado.



Aunque hubo flaco comportamiento en la aprobación del Presupuesto 2011. Hubo diputados que fueron los del “ni”, daban su acuerdo en general pero votaban en contra en particular. Los que no votaron directamente el proyecto que había enviado el Poder Ejecutivo y se había analizado en comisión, en Cámara, con la presencia de ministros y otros altos funcionarios. Allí se situaron el radical Luis Pastori y el puertista Julio Alberto Ifrán. En cambio, el ahora sin partido, Claudio Wipplinger prefirió viajar lejos. Nada menos que a la China para suscribir un “acuerdo de cooperación”. Queda por verse cooperación para qué y con quién. También prefirió la ausencia en el recinto el diputado puertista Pablo Tschirsch. Lo curioso es que esta oposición sólo atinó a mostrarse desmembrada, actuando casi en forma incoherente. Porque, por ejemplo no emitió un dictamen en minoría en el tratamiento presupuestario, como es de estilo. Sólo se obtuvo el dictamen de aprobación -dado en mayoría- de la llamada “ley de leyes” que posibilita la gestión de quien ejerce el gobierno. De allí el reconocimiento de Maurice Closs a quienes le han posibilitado nuevas herramientas para su cuarto año de gobierno.



Claro que muchos de esos diputados, en una consulta de Seis Páginas, coincidían en calificar el año que finaliza como “positivo” y de “consensos”. Como lo señalara en el recinto, el diputado Héctor Bárbaro: “debe admitirse que también hay cosas que se hacen bien”. Tras observar que es legislador desde hace cinco años completó su apreciación: “con la gestión de Rovira siempre se ven progresos, avances”.



Este clima que se vive en el interior de la Cámara llevó a más de uno a formularse interrogantes, cuando despuntaba el viernes 15, después de una extensa sesión de aprobación del Presupuesto que había llegado hasta pasada la medianoche. Preguntas referidas fundamentalmente a si acaso en lo personal los legisladores están de acuerdo con trabajar sin cortapisas, analizando todas las propuestas vengan de donde vengan; dispuestos a dar su consentimiento también al adversario. Pero tienen que responder a directivas provenientes del afuera, impartidas por quienes se niegan a entender que los tiempos han cambiado. Que no se puede usar la necesidad de los niños para un presunto rédito político. Que eso es ruin y miserable.



 

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