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Los reclamos sectoriales terminarán y darán paso a más institucionalidad

La institucionalidad será considerada una y otra vez en la semana que se inicia porque la recordación de otro aniversario de la peor de las dictaduras militares sufridas por la Argentina, volverá a rescatar los valores de la convivencia democrática. Con todos sus defectos, es el sistema democrático la mejor forma de gobierno conocida hasta el presente. Perfectible, con incorporaciones cada vez mayores de mecanismos para asegurar derechos y deberes, profundizarlos. Hacerlos vigentes para todos, incorporando los que hubieran podido quedar excluidos por razones sociales o económicas, desde los sectores que padecen necesidades básicas insatisfechas a pueblos originarios todavía no incorporados en plenitud en la sociedad argentina.

Una institucionalidad que debió ser reivindicada cuando el reclamo sectorial se desbordó, en el caso del reciente conflicto policial. Y que será retomada en plenitud después de los sobresaltos de las paritarias que jalonan paros de actividades cuando los trabajadores del sector no obtienen todo lo que demandan. Advierten después que una negociación siempre supone cesiones de las partes.



Funcionamiento de las instituciones que va demandando una mayor participación de los intendentes. Por ejemplo en el caso del flamante Banco de Proyectos de Obras, el gobernador Closs le dio la posibilidad de determinar las obras y definir prioridades a los jefes comunales. Al tiempo que les advirtió sobre los espejitos de colores. No dejarse engatusar por ignotos comedidos que llegan desde Buenos Aires para “gestionar” con destino a determinado municipio. “Hagan todas las gestiones que quieran. Traigan todo lo que pedan a Misiones, pero no sean giles”, les advertía a los alcaldes reunidos en el lanzamiento del nuevo banco de proyectos.



Y daba cuenta que con frecuencia les sacan planta. “para pasajes que terminan siendo para 10 personas. O para arreglos del auto en el que viajan a Misiones y tienen entre 8 y 10 roturas. Un intendente llegó a pagar por un camión de caudales”, confiaba.



En el 2006 ya se había vivido esta interferencia de algunos dirigentes provinciales que en el intento por presentarse en Buenos Aires como voceros o representantes de pueblos misioneros, no dudan en instrumentar mecanismos de gestión que a la postre se demuestran inoperables. Y terminan frustrando los mejores propósitos de los intendentes. 



Bien podrían, en cambio, dar su trabajo partidario en el centro de la polémica, Buenos Aires para al menos contrarrestar el cerrado embate de los medios porteños concentrados que atacan a la Presidenta de la Nación a diario, con todo tipo de descalificativos, con todo tipo de manipulación informática. El viernes, por ejemplo, uno de esos diarios porteños le dedicaba a la descalificación de CFK, cinco de los seis editoriales de la jornada. Nunca otro Jefe de Estado fue objeto de tanta injuria. Excepción hecha de Umberto Illia, que mereció improperios que terminaron justificando su derrocamiento. Que en realidad tenía que ver con sus propósitos de llegar a elecciones sin proscripciones –el peronismo estaba proscripto cuando fue electo por poco más del 20 por ciento del electorado-, con el desarrollo de una política económica independiente –cuando Estados Unidos hacía y deshacía en las naciones periféricas-. Porque tuvo el atrevimiento de enfrentar a los grandes laboratorios estadounidenses que dominaban el mercado de los medicamentos –segundo en escala de facturación, detrás de la industria de los armamentos- y promovió una ley de protección de la industria nacional.



La descalificación de CFK es todavía más grave: su caudal electoral aumento. La votó para un segundo mandato el 54% de la ciudadanía. Su buena imagen superó el 60%. Acaso ahí haya que buscar tanto odio e intolerancia de los medios concentrados. Tampoco puede olvidarse que justamente en la semana que acaba de concluir, las provincias productoras empezaron a recortarle concesiones a la petrolera española por no haber cumplido con los compromisos de producción asumidos, obligando a la importación para no frenar la expansión económica.



 



 

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