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Ludopatía: cuando jugar ya no es divertido y sólo hace sufrir

Desde el 2005, en el Iplyc se implementó el programa que tiene como objetivo ayudar a la persona que no puede vencer la adicción al juego. Entre otras acciones preventivas, la autoexclusión es una de las medidas que tiene resultados favorables. Pero todo puede fracasar si la familia no acompaña. De acuerdo con la licenciada en Psicología, Lizia Aidé Lohaiza, corresponde incluirla dentro de la clasificación de las adicciones sin sustancias porque no consume nada y sin embargo le cambia la conducta. La profesional comparte junto con el médico especialista Alberto Aleksandravicius la responsabilidad de llevar adelante el programa de asistencia a la persona que la padece. Lo publica el Semanario /6p en su edición Nº 81.

La definición etimológica de Ludopatía dice que proviene del Latín ludus –juego- y de la palabra Griega “patos” que significa dolencia, enfermedad. Un ludópata es un enfermo del juego. 



Decirlo así -y escribirlo- resulta una tarea sencilla. Pero implica una situación compleja que requiere el mayor esfuerzo para controlarlo.



De acuerdo con la licenciada en Psicología, Lizia Aidé Lohaiza, corresponde incluirla dentro de la clasificación de las adicciones sin sustancias porque no consume nada y sin embargo le cambia la conducta. La profesional comparte junto con el médico especialista Alberto Aleksandravicius la responsabilidad de llevar adelante el programa de asistencia a la persona que la padece.



Entrevistada en el programa televisivo Seis Páginas, explicó que las adicciones sin sustancias son las técnoadicciones que incluye celulares, televisión, computadoras, pero también hay otras, como la adicción al trabajo, al sexo, a la educación física (vigorexia), a las compras. “La persona no puede dejar de realizar una actividad sin haber consumido nada. Las otras son adicción con sustancia porque se consume algo que modifica y no se puede dejar de consumir”, dijo.



En este sentido, agregó que en el caso de la ludopatía, tiene una enfermedad psiquiátrica de base que el juego dispara y se debe hacer un buen diagnóstico para saber si es una adicción o si es un síntoma de otras patologías.



De acuerdo con su explicación, si hay algo que demuestra el ludópata es su base psiquiátrica que hay que diagnosticarla y tratarla con medicación y, además, con psicoterapia.



Quiénes la padecen



Consultada acerca de las edades de las personas que presentan esta patología, Lohaiza observó que no tiene una edad particular, tiene que ver con el contexto social y familiar. “En realidad el ludópata tiene un vacío interno que lo llena con su adicción”, afirmó.



Para la profesional, en el caso de las personas que consumen sustancias es como que la droga tapona ese vacío y le permite ser. En el caso de la ludopatía la enfermedad psiquiátrica de base es la que se despierta con el juego.




¿Cómo comienza?



Generalmente, como sucede con las adicciones, no hay una fecha iniciática ni se toma conciencia de la gravedad del caso hasta que ya se haya manifestado con contundencia.



Según indicó, hay diez pasos o puntos que se deben tener en cuenta para saber si una persona es ludópata o no. De esas diez, si cumple cinco ya es un diagnóstico seguro de ludopatía. Por ejemplo, no puede dejar de jugar, incrementa mucho el juego, cada ludópata tiene en su entorno varias personas a las cuales le ha pedido plata, le ha mentido para conseguir plata y luego ir a jugar.



Lohaiza sostuvo en el envío televisivo que el entorno lo pone en riesgo porque la familia está sabiendo que algo pasa. Y tampoco se preocupa por indagar mucho. “Entonces, cuando viene la etapa de autoexcluirse ya tiene varios años de juego o mucho monto de plata perdida, robada o pedida a los amigos”, observó.



Entre otros tips, mencionó la somnolencia. Si una persona no duerme, lo primero que se pregunta es si juega porque tampoco pueden dormir. Aparecen varios indicios como boletas que aparecen sin pagar, deudas, el sueldo que no sabe dónde registra, créditos, préstamos.




“Es muy común en el sentido de que es simple, si es un jugador social, va y arriesga un poco, que se retira. Pero ya empieza a tener problemas cuando comienza a tener más horas de juego y gasta más plata en las apuestas. Es entonces cuando aparecen las mentiras, porque tiene que justificar qué se hizo con el dinero. Ahí es cuando tienen que empezar a pedir ayuda, porque hay algo que no está funcionando bien”, enfatizó la entrevistada en el programa que se emite por Canal 6 de Posadas.



 



La autoexclusión



Entre otras actividades que se realizan para asistir a la persona que padece de ludopatía desde el Iplyc está el asesoramiento gratuito durante una hora. Se avanza en la práctica de la autoexclusión. Es decir, solicitan que los autoexcluyan en todas las salas de juego.



“En la provincia ya hay 1300 personas autoexcluidas. Van al Instituto, firman dos formularios -por un término de dos años-, se le saca una foto y una copia del DNI. Se le saca una fotocopia, se envía a Gerencia de Casinos que todos los miércoles los distribuye a las salas. Si la persona ingresa y algún familiar hace la denuncia, se vuelve a controlar que eso no pase. Se eleva a Presidencia del organismo que luego lo remite al área de Legales para que tome las medidas pertinentes”, relató al describir los pasos que se siguen desde que el ludópata solicita la contención.



De este total, unas 500 estarían en vigencia. Y hay un 10 por ciento ya se ha reautoexcluido por tercera vez. “Es decir que a esa gente le funcionó, los otros son reticentes”, aseveró Lohaiza.



Además, si no se quieren autoexcluir hay una medida legal por la cual sí puede obligar la familia -por el artículo 153 bis de la Constitución- “porque no se puede gastar toda la plata cuando tiene a cargo hijos o familiares. Entonces se los autoexcluye por la vía legal”, subrayó.



Lohaiza dijo que de las personas autoexcluidas el mayor grupo etáreo en riesgo está desde los 30 a 45 años. Es bastante parejo en toda la provincia. Mientras que los de mayor edad, no hay muchos. Por otro lado, el mayor porcentaje de autoexcluido son varones. Un 70 por ciento, aproximadamente. Tanto en Posadas como de otras localidades, entre ellas Puerto Iguazú, con el mayor índice.



 



La ayuda de la familia, fundamental



La autoexclusión es una condición necesaria pero no suficiente, insistió Lohaiza. “Con eso la familia puede quedarse tranquila que el ludópata no va a poder tener acceso a las salas. Pero también tiene que sacarle el DNI para que no gestione ningún crédito, o que no cruce al Paraguay – a jugar en salas de ese país vecino-, también sacarle las tarjetas de crédito o para cobrar el sueldo”, expresó.



Si la persona está muy irritable, recomendó pedir una ayuda psiquiátrica y psicológica pero no solo de ese miembro sino también de la familia.



Según la Licenciada en Psicología, “a veces, es la propia familia que boicotea el tratamiento. Es como que elige que esa persona siga siendo adicto. Lamentablemente en las adicciones no ayudan bastante, es como si sacaran un yeso antes de tiempo”. (www.seispaginas.com o Semanario Seis Páginas edición Nº 81)



 



 

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