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POSADAS

Martínez: la necesidad de una info-ética para preservar los valores de la comunicación social

A propósito de la jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez reflexionó en torno del mensaje del Papa Benedicto XVI putualizando que en el marco de una vertiginosa evolución tecnológica los medios se encuentran “en la encrucijada entre protagonismo y servicio, buscar la verdad para compartirla”.

En ese marco y tras señalar el planteo de la info-ética que se presenta en la actualidad, rescató “la importancia de las comunicaciones locales en sus diversas expresiones, que a diferencia de los grandes y poderosos megamedios, tienen un contacto profundo con la realidad. Por ese motivo consideramos que son irremplazables y tienen la posibilidad de prestar un servicio más directo y real a nuestras comunidades”.


Observó, sin embargo, que “también es cierto que a veces nos encontramos con gente que tiene roles que requieren el estudio y lectura de temas sobre los cuales se opina, comenta o bien se pregunta y se nota mucha improvisación. Aparecen opiniones direccionadas sectorialmente, pasionales y desinformadas, que no aportan nada “por escasas”, dañando el importante rol que deben cumplir la comunicación en la sociedad. Por el contrario un comunicador inquieto por la verdad se hace creíble y es generador de esperanza”.


Razones de una jornada destinada a las Comunicaciones Sociales


La Diócesis de Posadas dio a conocer un documento en el que se refieren las razones que llevaron a la Iglesia a establecer una jornada destinada a las comunicaciones sociales. El documento es el que se transcribe a continuación:


La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se celebra universalmente todos los años el domingo de la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Sin embargo, en Chile, por diversas razones pastorales de índole práctica, se celebra el primer domingo de Julio.



El Decreto INTER MIRIFICA, del Concilio Ecuménico Vaticano II, promulgado el 4 de diciembre de 1963 por el Santo Padre Páblo VI, estableció:
“18. Para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio de los obispos, una jornada en la que se ilustre a los fieles sobre sus deberes en esta materia, se les invite a orar por esta causa y a aportar una limosna para este fin, que será empleada íntegramente para sostener y fomentar, según las necesidades del orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en este campo”.


La Primera Jornada Mundial se celebró el domingo 7 de mayo de 1967. En esa oportunidad el Papa Pablo VI señalaba, en su primer mensaje:
“Con esta iniciativa, propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia, que “se siente íntimamente solidaria con el género humano y con su historia” (Constitución Pastoral sobre La Iglesia en el Mundo contemporáneo, proemio), desea llamar la atención de sus hijos y de todos los hombres de buena voluntad sobre el vasto y complejo fenómeno de los modernos instrumentos de comunicación social, tales como la prensa, el cine, la radio y la televisión, que constituyen una de las notas más características de la civilización de hoy”.
En 1992, durante la XXVI Jornada, el Papa Juan Pablo II recordó esta motivación que dio origen a su realización:
“¿Qué se celebra en esta Jornada? Es un medio de agradecer un regalo específico de Dios, un regalo que tiene un gran significado en el período de la historia humana en el que estamos viviendo: el regalo de todos los recursos técnicos que facilitan, intensifican y enriquecen la comunicación entre los hombres”.
“En esta Jornada celebramos los dones divinos de la palabra, el oído y la vista que nos permiten salir de nuestro aislamiento y de nuestra soledad para intercambiar, con los que están a nuestro alrededor, las opiniones y sentimientos que albergan nuestros corazones. Celebramos los dones de la escritura y la lectura, por medio de los cuales nos enriquecemos con la sabiduría de nuestros antepasados y transmitimos nuestra propia experiencia y nuestras reflexiones a las generaciones venideras. A estos dones tan valiosos se añaden otras «maravillas» aún más admirables: «los maravillosos inventos de la técnica que… ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas» (Inter Mirifica, 1), inventos que en nuestro tiempo han aumentado y extendido inmensamente el alcance de nuestras comunicaciones y ha ampliado tanto el volumen de nuestra voz que ésta puede llegar simultáneamente a los oídos de incalculables multitudes”.

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