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Martorell: Juan llama a un bautismo de “conversión”

El obispo de Puerto Iguazú, Marcelo Martorell, recuerda en su homilía dominical la festividad de San Juan Bautista. “Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista” (Mt 11,11). Esto es lo que declara Jesús refiriéndose a su precursor, nexo de unión entre todos los “siervos” del Antiguo Testamento y Cristo hacia el que todos estaban vueltos, “viéndolo de lejos”(Hb 11). Juan es el que nos introduce directamente a la vida del Mesías. La Biblia nos habla de un “siervo esperado”; los primeros cristianos han identificado evidentemente a Jesús con este “Siervo”; pero tampoco han dudado en aplicárselo a Juan el Bautista”.

FESTIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

“Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista” (Mt 11,11). Esto es lo que declara Jesús refiriéndose a su precursor, nexo de unión entre todos los “siervos” del Antiguo Testamento y Cristo hacia el que todos estaban vueltos, “viéndolo de lejos”(Hb 11). Juan es el que nos introduce directamente a la vida del Mesías. La Biblia nos habla de un “siervo esperado”; los primeros cristianos han identificado evidentemente a Jesús con este “Siervo”; pero tampoco han dudado en aplicárselo a Juan el Bautista.

Hay que recordar que cuando Lucas escribía su Evangelio, estaba impregnado de los recuerdos y del lenguaje bíblico, para él estaba claro que los acontecimientos que iba a referir eran la culminación y el cumplimiento de las promesas hechas al Pueblo de Dios. Nada podía pues permitirle expresar mejor su mensaje que el mostrar la correspondencia entre el pasado más lejano, el pasado cercano de “Juan el Bautista” y la plenitud de los tiempos cumplida en Cristo.

Es por eso que el tercer evangelista relaciona el nacimiento de un lejano profeta del pasado, Samuel (1 Sam.1) y el de Juan el Bautista. En ambos casos los niños nacen de una mujer estéril. Uno y otro son don de Dios y no un simple fruto del deseo humano. Ambos están llamados a cumplir una misión importantísima en el Pueblo de Dios.

Samuel, el último de los Jueces fue llamado para responder a los deseos de los Hebreos de tener un Rey, Samuel obró con reticencia y por orden expresa del Señor; porque nombrar un rey en Israel significaba olvidar que Dios es el único Rey. Sin embargo el Pueblo debía experimentar que la verdadera salvación no vendría de un príncipe de la tierra.

Juan introducirá otro tipo de rey. Un rey al que ya el pueblo no espera, en su “vano deseo de ser como los demás pueblos” (1 Sam.8, 5.20), el verdadero rey será el elegido de Dios.

El nombre que Juan le da, inspirado por Dios, es simbólico: “Dios perdona” ¡ha llegado el momento tan esperado desde hacía siglos!, Israel andaba errante en la búsqueda vana de la salvación. Después de tanto tiempo, algunos de sus miembros pueden finalmente acoger a la única salvación, la que viene de Dios y no de un príncipe terrenal.

Juan será pues el nuevo Samuel que anuncia la venida de un rey y la instauración del Reino, él no es el Salvador, viene detrás de él y mostrará al que viene a conducir a Israel y a toda la humanidad al Reino verdadero, es decir, hacia la plenitud de la vida y por eso él será simplemente el precursor. Llegó hasta el umbral, en el desierto, bautizando en el Jordán con agua a la espera de Aquél que bautizaría con el fuego y el Espíritu.

Cuando Pablo durante sus viajes misioneros, se dirige a los Judíos de Antioquia y quiere hacerles entender que toda su historia pasada conduce a Jesús y les habla del precursor del mismo, Juan el precursor de Jesús, lo que nos indica que éste ya era conocido fuera de Palestina y nos recuerda que Juan ha llamado a un bautismo de “conversión”, que prepara la salvación definitiva y que supo desaparecer ante Aquel que venía realmente a responder a la expectativa de Israel.

+ Marcelo Raúl Martorell

Obispo de Puerto Iguazú

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