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Más de 200 mil jóvenes del NEA peregrinaron a Itatí

Como cada año, más de 200 mil jóvenes de todo el Nordeste caminaron rumbo a Itatí impulsados por la fe, en la 31ª Peregrinación Juvenil anual. Después de varios meses de preparación, los fieles de las nueve diócesis de la región –Iguazú, Posadas, Santo Tomé, Goya, San Roque, Resistencia, Formosa y Corrientes– ofrecieron el esfuerzo de caminar más de 70 kilómetros con destino a la Basílica. El arzobispo de Corrientes, Monseñor Andrés Stanovnik, celebró la misa central. Los fieles pidieron por la vida y la paz. La predicación, en tanto, estuvo a cargo del obispo de la diócesis de Puerto Iguazú, Marcelo Raúl Martorell.

Monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, bendijo la salida de los grupos, y entre cantos y aplausos mostró su emoción a la multitud.



Manifiesto



Durante la misa central –ayer en la Basílica, a las 9– los peregrinos leyeron un manifiesto. En él los jóvenes volcaron sus inquietudes y preocupaciones sobre la realidad de la región y el país. En la oportunidad, el pedido especial fue por la vida, la solidaridad, la libertad, la participación, la paz, el respeto a las culturas y a la naturaleza. Un pedido que se repite cada año es “la primacía de la vida humana sobre cualquier otro valor o interés”. Recordaron además el año del Bicentenario argentino y señalaron como petición final: “En las personas que, heroicamente, han construido nuestra Nación, queremos pedirte, Madre, que nos des la gracia de ser nosotros los jóvenes, quienes sigamos construyendo la civilización del amor en nuestra historia”.



Una sociedad “quebrada”



La eucaristía fue ofrecida por monseñor Andrés Stanovnik y la predicación estuvo a cargo del obispo de la diócesis de Puerto Iguazú, Marcelo Raúl Martorell, quien en su mensaje resaltó: “Vivimos en una sociedad ‘quebrada’, que se lastima cada vez más. Se autodestruye cada vez con más fuerza, destruyendo la vida de los niños y de los jóvenes, confundiéndolos al negar los valores espirituales y morales. Una sociedad que va autodestruyendo la vida de la familia, la vida por nacer, la identidad de las personas”, apuntó con dureza. Y al mismo tiempo cuestionó: “¿Esto es lo que queremos y deseamos los jóvenes de hoy? ¿Venimos hoy protestando y renegando contra esta situación? No. Venimos pidiendo perdón por nuestros pecados personales que son el origen del pecado social”.



“Pido a los jóvenes recostar las cabezas en el pecho de Jesús y responderle con amor y verdad. Pero esto no es fácil. El mundo los odiará y hasta los perseguirá por este gesto de valentía y de amor. Pero éste es el desafío que nos presenta este siglo XXI. Cristo nos llama en su Iglesia a vivir este desafío y esta hora de la historia en fidelidad”, manifestó el obispo de la diócesis misionera. (Diario La República, de Corrientes)




 

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