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Carta Pastoral

Monseñor Martínez: “La misión de la Iglesia no es condenar al mundo, sino salvarlo”

Durante este mes de octubre hemos rezado especialmente por la misión y la familia. Hemos tomado el mensaje del Papa Francisco que nos envió con motivo de la jornada mundial de oración por las misiones, y este domingo buscaremos concretar todo lo rezado y reflexionado en nuestra Diócesis, en relación al camino sinodal buscando asumir la razón de ser de la Iglesia, en esta porción del pueblo de Dios, en nuestra Diócesis de Posadas.

Nuestro Sínodo de 2007 fue eminentemente pastoral y quisimos celebrar los 50 años de la Diócesis buscando caminos de evangelización en este inicio del siglo XXI. Sabemos que estamos en una transformación de época que nos exige tener una comprensión de la realidad en que vivimos, y amar a Dios y a nuestros hermanos, como a nosotros mismos, como nos enseña en el Evangelio de este domingo (Mt 22,34-40). Sólo aquellos que amamos podemos evangelizar, porque la misión de la Iglesia no es condenar al mundo, sino salvarlo.

Esta cuestión de situaciones difíciles que tendremos que encarar, implica los tres temas elegidos en el Sínodo: el laico y la santidad en el mundo; cómo evangelizar a los jóvenes y cómo evangelizar a la familia. Es en este marco que decidimos replantear nuestra catequesis de iniciación cristiana. Cada día experimentamos muchos desafíos potenciados por una sucesión ininterrumpida de cambios con los cuales nos enfrentamos. No bien digerimos algunos de estos cambios ya aparecen otros nuevos. Deberemos tomar conciencia de que el pluralismo social, está instalado de hecho en la realidad, y carece de sentido, en nuestra pastoral, vivir enojados o frustrados por lo que nos toca. 

Muchas veces encontraremos que esta realidad contradice nuestros criterios, y es cierto que no tendremos que ceder a nuestra identidad, desde ya que no. Por eso tenemos que ser discípulos misioneros, es decir, tenemos que ser testigos de Cristo en esta realidad, pero si nos equivocamos de realidad y la idealizamos, no la podremos evangelizar.  

Con esta realidad convivimos en nuestra pastoral, con posturas diferentes, con rutinas, en la inestabilidad, con la ausencia de la visión de conjunto, con una cultura fragmentada, con una cultura que vive en contacto permanente con lo efímero y con lo descartable. Los agentes de pastoral muchas veces, no encontramos cómo comunicar el Evangelio en este contexto cultural cambiante. Si no partimos de una verdadera comprensión de la realidad, difícilmente podremos llegar a nuestros jóvenes y a nuestras familias.

Los temas frente a lo nuevo pueden provocar, también, en nuestros agentes de pastoral, actitudes regresivas hacia lo tradicional, peleándose desde una realidad que ya no existe, con discursos rígidos, y no pudiendo encontrar respuestas que lleven a asumir los desafíos de la nueva realidad, que permitan anunciar a Cristo, el Señor. En este contexto deberemos evangelizar y humanizar nuestra cultura, interpretar sus códigos, corregir, asumir y planificar.

Con este compromiso evangelizador desde hace mucho tiempo nos hemos propuesto replantear la catequesis de iniciación cristiana. Varios encuentros nacionales y diocesanos, las conclusiones de nuestro Sínodo Diocesano y el Documento de Aparecida que en su capítulo 6 tarta del «itinerario formativo de los discípulos misioneros» nos han llevado a actualizar los materiales de catequesis que actualmente estamos usando. Por ese motivo un equipo especializado de la Junta de catequesis diocesana ya ha concluido el material de la catequesis en preparación a la Primera Comunión. Este próximo miércoles 1 de noviembre nos reuniremos sacerdotes y diáconos para que el equipo que trabajó y actualizó dicho material nos haga la presentación del mismo y así nos preparemos para empezar a usarlo el próximo año. Este será un aporte importante desde lo catequístico a la tarea y acciones evangelizadoras en nuestra diócesis queriendo responder a tantos desafíos que nos presenta nuestro tiempo. 
Concluimos este mes dedicado a rezar y a reflexionar especialmente por la misión, pero continuamos viviendo en la cotidianidad la dimensión misionera permanente que nos lleva a ser puentes del amor de Dios.

Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas

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