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Carta Pastoral

Monseñor Martínez: “Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad”

El Evangelio de este domingo (Mc 13,33-37), nos dice que estemos atentos y prevenidos en la esperanza: «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento… No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!». Este texto y la liturgia del adviento, también nos recuerdan la esperanza de los cristianos en la segunda venida del Señor. Es el reclamo esperanzador del Apocalipsis, hecho en medio de dificultades y signos de muerte y que la liturgia retoma en el adviento: «Ven Señor Jesús».

El tiempo del adviento nos prepara para celebrar bien la Navidad. Esto debe llevarnos a revisar cómo vivimos nuestra condición de cristianos tanto en una dimensión personal, como social. A veces los cristianos hemos planteado casi excesivamente nuestro examen de conciencia como algo individual y no lo hemos relacionado suficientemente con nuestra vocación y misión. Sobre todo, los laicos que representan la gran mayoría del pueblo de Dios, necesariamente deben revisar su rol de transformar las realidades temporales y su condición de ciudadanos. En lo más propio de su misión se juega el camino de la santidad. 

El adviento que nos propone revisar cómo vivimos nuestra condición de cristianos, discípulos y misioneros, debe llevarnos especialmente a plantearnos las consecuencias comunitarias y sociales que tienen nuestras opciones cotidianas. Esto es importante sobre todo considerando el ambiente fuertemente materialista e individualista en el que estamos inmersos, y con el cual corremos el riesgo de mimetizarnos dañando nuestra condición de cristianos, y la comprensión de la santidad en relación al bien común. 

En Aparecida algunos textos son iluminadores de los problemas culturales que debemos comprender para evaluar y revisar nuestro compromiso cristiano. Aparecida señala que «vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios… quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas. Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son reconocidas. El individualismo debilita los vínculos comunitarios y propone una radical transformación del tiempo y del espacio, dando un papel primordial a la imaginación. Los fenómenos sociales, económicos y tecnológicos están en la base de la profunda vivencia del tiempo, al que se concibe fijado en el propio presente, trayendo concepciones de inconsistencia e inestabilidad. Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la familia, las enfermedades y la muerte». (44).

En estos contextos culturales fuertemente animados por grandes poderes económicos y su influencia en los medios de comunicación social, y fuertes presiones en ámbitos políticos, legislativos y de la educación, todos, pero especialmente el laicado cristiano deberá revisar en su examen de conciencia de adviento cómo vive su vocación y misión. 

Desde la liturgia y la espiritualidad del adviento nos fortalecemos en la Esperanza, porque aún comprometidos activamente en las coyunturas cotidianas, en los fracasos y alegrías dicha esperanza trasciende la cotidianeidad por tener su certeza en Dios. 

Por eso en Aparecida se vuelve a señalar que «son los laicos de nuestro continente, conscientes de su vocación bautismal, los que tienen que actuar a manera de fermento en la masa para construir una ciudad temporal que esté de acuerdo con el proyecto de Dios. La coherencia entre fe y vida en el ámbito político, económico y social exige la formación de la conciencia, que se traduce en el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia…, porque la vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas”». (505).

La fe nos anima en la esperanza. Este tiempo de adviento, que iniciamos preparando la Navidad, puede significar revisar nuestras vidas, estructuras y opciones. Cambiar es salir de nuestras flaquezas y sombras personales y sociales, para abrir nuestro corazón a Jesús, que quiere nacer… 

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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