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POSADAS

Navidad, la virtud de renovar los deseos de felicidad y de paz

Después de la Pascua, es Navidad la fiesta más grande del calendario cristiano. Pero a diferencia de aquella, la Navidad es hoy una fiesta de carácter universal, que se celebra en el mundo entero, aún en los países no cristianos. “La fiesta del nacimiento de Jesús es la fiesta familiar por excelencia, que tiene la virtud de renovar en los corazones los deseos de felicidad y de paz”. “La Navidad es un tiempo de gracia que nos puede llevar a volver a Dios”, dijo el obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez.

Subrayó que “la Navidad, el Dios hecho hombre, el nacimiento marginal de Jesús en el pesebre, nos permiten comprender ‘el lenguaje de Dios’ y ubicarnos en aquello que es central, para responder a tantas urgencias que nos agobian”.

“La Navidad es un tiempo de gracia que nos puede llevar a volver a Dios”, indicó.

Tras reconocer que “no es fácil porque nos juega en contra el excesivo consumismo de la época”, lamentó que “dicho consumismo use hasta las fiestas fundamentales como la Navidad y la vacía de contenido”.

“¿Cuántas familias se reúnen, festejan y se olvidan el sentido y el por qué del festejo? ¿Cuántos saludos de fin de año y deseos de felicidades, que siguen marginando a Jesús?”, interpeló.

El obispo sostuvo que “si bien hay mucha religiosidad y nuestra cultura local es especialmente religiosa, con una fuerte raíz católica, muchos no practican su fe y desconocen básicamente sus contenidos”, por eso insistió en que el Adviento es un tiempo oportuno para “volver a Dios”.

No obstante, advirtió que una de las dificultades para “volver a Dios” en este inicio del siglo XXI es “el creciente subjetivismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro parecer, afectos y criterios”.

“Es –aseguró- una tendencia fuerte este excesivo subjetivismo que nos lleva a adecuar la propuesta de Jesucristo, el Señor, a lo que nos parece y nos gusta en el momento, eludiendo aquello que nos enseña el Evangelio. Si bien es cierto que su propuesta habitualmente es exigente, tenemos la certeza que siempre el camino que Él nos propone lleva a la verdadera felicidad”.

Monseñor Martínez insistió en señalar que “volver a Dios, implica revisar nuestras vidas, cambiar, arrepentirnos, potenciar nuestros dones y confiar que podemos mejorar. Volver a Dios requiere gestos concretos relacionados a Dios y a nuestros hermanos. También expresar nuestra fe en la participación de la misa de noche buena o de Navidad. En poner un pesebre en nuestros hogares. En hacer la bendición de nuestra mesa familiar.

“¿Rezar? Sí, rezar juntos. Seguramente la oración nos permitirá descubrir un nuevo sentido al encuentro familiar y con amigos que realizaremos en esta Navidad. Reencontrarnos más profundamente con Jesús en el pesebre navideño nos permitirá reencontrarnos en la esperanza”, concluyó. (AICA)

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