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Obispo Martorell: frente a toda clase de engaños es preciso permanecer firmes en la fe

La liturgia de este domingo se centra totalmente en la fe, tema medular en la Iglesia. El Profeta Habacuc (1, 2-3; 2, 2-4) se lamenta ante Dios por la situación de su Pueblo. Israel es infiel a su Dios y en medio de esta infidelidad sufre la prepotencia y la violencia, porque el país está sometido a la acción devastadora de sus enemigos; los cuales paradójicamente son instrumentos para castigo de los judios, pero al mismo tiempo no son menos pecadores que éstos.

Domingo XXVII Durante el Año



SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE (Lc. 17, 5)



La liturgia de este domingo se centra totalmente en la fe, tema medular en la Iglesia. El Profeta Habacuc (1, 2-3; 2, 2-4) se lamenta ante Dios por la situación de su Pueblo. Israel es infiel a su Dios y en medio de esta infidelidad sufre la prepotencia y la violencia, porque el país está sometido a la acción devastadora de sus enemigos; los cuales paradójicamente son instrumentos para castigo de los judios, pero al mismo tiempo no son menos pecadores que éstos. El profeta plantea el escándalo del triunfo del mal que tantas veces llama también nuestra atención. El mal que parece destruir el bien y envolver en su ruina a los buenos. Dios responde a su Profeta a través de una visión en la que exhorta a la constancia en la fe en Dios Salvador de Israel porque Él hará justicia, pero a su debido tiempo: “si tarda, espera, porque ha de llegar sin duda alguna”. Y aún más, Dios mismo el Señor mismo afirma que: “sucumbe quien no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe” (Ib. 3-4). Esta eseñanza no es sólo para el pueblo de Israel de aquél tiempo sino para los cristianos de todos los tiempos, es válida en cualquier circunstancia de la vida de los individuos, de los pueblos o de la Iglesia misma.



Aparentemente todo se desarrolla como si Dios no existiese. Sin embargo Dios existe y todo lo ve. La exhortación es clara: es preciso permanecer firmes en la fe. Podrá suscitarse toda clase de indiferencia hacia Dios, podremos actuar como si Dios no nos viese o convertirnos nosotros mismos en dioses y hacer de nuestro poder temporal una gloria, pero ésta será efímera. Dios ciertamente intervendrá a favor de los que creen en Él y en Él se confían. El mundo de hoy se caracteriza por vivir uno de los males más grandes que es la indiferencia para con Dios. No importa Dios o lo que se predique de Él, no importan las virtudes que nos acercan a Jesucristo o que se desprenden del Evangelio. Es más importante buscar desenfrenadamente los bienes materiales que nos ofrece la sociedad de consumo y de bienestar, los poderes temporales económicos, políticos o sociales, que buscar a Dios. Sin embargo no hay que olvidar la advertencia del Apóstol San Pablo: “En todas las cosas interviene Dios, para bien de los que le aman” (Rom.8, 28).



En la segunda lectura escribe San Pablo a Timoteo (2 Tim. 1, 6-8.13-14): “No tengas miedo de ir a dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero, toma parte en los duros trabajos del evangelio, según las fuerzas que Dios te dé” (Ib 1, 9). El Apóstol, que había sufrido grandes persecuciones por la fe y que estaba preso por causa de seguir y predicar a Cristo, tenía derecho a exhortar a su discípulo a sufrir por la fe y a no dejarse intimidar por las dificultades que la fidelidad al Evangelio traen consigo. El discípulo debe ser fiel al evangelio de Jesucristo y no cambiarlo por doctrinas humanas que complacen al hombre y a la sociedad del momento. El cristiano que no está dispuesto a sufrir por su fe y por ser fiel al Evangelio no podrá resistir al enemigo. El miedo, la confusión, la tergiversación y toda clase de errores de esta sociedad, serán vencidos con la fuerza de Dios y con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (Ib. 8,14). Pues Él ha sido dado a los fieles para sostener su debilidad (Rom. 8, 26) y para hacernos capaces -frente a toda clase de indiferencia y corrupción- de confesar el nombre del Señor.



El Evangelio nos dice: “Señor auméntanos la fe” (Lc. 17, 5-10). También nosotros pedimos que nos aumente la fe para creer sin titubear, para permanecer fieles a Dios en la adversidades o en las luchas contra la fe o los principios del evangelio, frente a las propagandas de una salvación ficticia como son el aborto y la eutanasia. Frente a toda clase de engaños es preciso permanecer firmes en la fe, apoyados en la oración que todo lo puede. ¡Si tuviéramos la fe de un grano de mostaza! Jesús trata de enseñar a sus discípulos a apoyarse con fe sincera en la fuerza de Dios, que quizá nos haga esperar, pero que intervendrá para el bien de los que lo aman. No olvidemos que quien se apoya en la fuerza de Dios, todo lo cree, todo lo espera, a todo se atreve y permanece perseverante e invencible aún en las viscisitudes más ásperas y oscuras. Estos tiempos que corren no son fáciles para la fidelidad del creyente. Hoy más que ayer debemos apoyarnos en la fe del Evangelio y marchar adelante confiando en que al fiel y orante creyente Dios le concede aun aquello que no se atreve a pedir.



Que la Virgen, maestra de la fe, nos ayude a caminar por los caminos del Señor con confianza.



  + Marcelo Raúl Martorell
Obispo Puerto Iguazú




 

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