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POSADAS

Pincha Centeno: un crimen que cambió la noche posadeña

Hace ocho años, Francisco Javier Centeno (17) moría luego de una golpiza que sufrió a la salida de un boliche céntrico de Posadas. La causa judicial se cerró sin que se pudieran establecer responsabilidades, pero esa muerte marcó a fuego la noche posadeña y dio a luz al Código de Nocturnidad y con ello un mayor control sobre la presencia de menores en locales nocturnos y el cierre de esos negocios a las 6. El consuelo que queda, si cabe quizás la palabra, es que el deceso del menor sirvió para generar un cambio y poner la lupa sobre un sector muy vulnerable, el de los adolescentes.

Centeno, un alumno del colegio Martín de Moussy, murió horas después de la paliza que sufrió. Su padre lo llevó a un sanatorio pero los médicos nada pudieron hacer para salvarle la vida. La negligencia de un médico policial y la premura de la familia por cremar el cadáver truncaron la investigación que se disparó cuando el caso salió a la luz a través de los medios de comunicación de Posadas.



Se pudo establecer que el adolescente había mantenido una pelea con otros dos jóvenes, uno de ellos hijo de un conocido médico que incursiona en política. Ocurrió en pleno microcentro de la ciudad en la madrugada del domingo 22 de septiembre. Ayudado por sus amigos, el “Pincha” llegó a su casa y se acostó a dormir. Al mediodía, cuando su padre lo fue a llamar para el almuerzo, advirtió que estaba en malas condiciones y lo llevó de urgencia al Sanatorio Boratti, donde se produjo el deceso.



El padre del menor le pidió al médico policial que firmara el certificado de defunción y no pidiera una autopsia. Entre ese domingo y la madrugada del lunes, el adolescente fue velado y sus amigos tuvieron la oportunidad de darle el último adiós. Antes del amanecer del lunes 23, el cuerpo partió hacia un crematorio de Corrientes. Los esfuerzos de la Policía y el Juzgado de Instrucción 3 para evitar la cremación resultaron vanos y con ello se frustró la investigación pese a que los agresores habían sido identificados. Posiblemente hoy carguen en su conciencia la duda de no saber si ellos fueron los responsables de esa muerte o si efectivamente el óbito ocurrió como consecuencia de una hemorragia digestiva, como se hizo constar en el certificado de defunción. En octubre de 2003, el por entonces juez de Instrucción Eduardo D’Orsaneo les dictó la falta de mérito. “La investigación avanzó hasta encontrarse con un escollo insalvable: la cremación del cadáver. Hemos ascendido a la pirámide buscando la luz de la verdad, pero ésta ha quedado trunca. Aunque nos pese a todos, y me incluyo, su vértice ya no existe”, escribió en su resolución, la cual fue confirmada por el Tribunal Penal 1.

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