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Polémica en Sadem: el reconocimiento a Moreyra quedará como un “Premio Observado”

Tras la polémica desatada por el caso de Marcelo Moreyra, después de recibir un Premio literario por parte de la Sociedad de Escritores de Misiones por su trayectoria como novelista y gestor cultural y de difundirse su presunta participación como colaborador activo en la época de la Dictadura cívico militar, la Sociedad Argentina de Escritores filial Misiones definió que su caso quedará como un “Premio Observado” por Derechos Humanos, hasta que se expida la Justicia sobre el tema.

De esta forma la Sadem pretende ir dándole un cierre institucional a la cuestión, que generó posturas controvertidas entre los afiliados, algunos de los cuales llegaron a renunciar a la entidad.

El titular ad honorem de Sadem, Anibal Silvero, manifestó hacerse “responsable de la decisión, que tiene el respaldo de la Comisión Directiva. Seguramente, podemos seguir discutiendo eternamente si está bien o está mal entregar un premio literario a Moreyra en estas condiciones, por lo que decidimos dejar el premio en observación, hasta que tengamos alguna resolución judicial”.

Silvero manifestó estar en consonancia con la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia, “valoramos mucho el trabajo que realiza el ministerio de Derechos Humanos, es sumamente importante enjuiciar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad y sus colaboradores, y de ser cierta la acusación que pesa sobre Moreyra, repudiaríamos indudablemente sus acciones y evaluaríamos inmediatamente retirarle el premio”, comentó.

La nota escrita por Anibal Silvero

Cuando hicimos la lista de los escritores a recibir un reconocimiento literario, nos enfocamos en la trayectoria como escritor, y no se tuvo en cuenta ningún otro aspecto. Así surgió el nombre de Marcelo Moreyra, que tuvo voto unánime. A Moreyra yo lo conozco personalmente desde hace unos 25 años, siempre como escritor (tiene cinco libros publicados, entre ellas dos novelas), y también como gestor cultural (organizaba desde la década del 90, encuentros literarios internacionales, donde participaban referentes literarios de varios países). Para nosotros, el homenaje que hicimos en la Cámara, fue un acto simple: reconocer sus libros escritos y su labor como organizador de encuentros literarios.

Después de eso, luego que nos llegó una avalancha de críticas, por estar Marcelo en un documento donde figura como “agente de reunión” en la época de la dictadura, nos vemos obligados a ver la cuestión de una forma más integral. Es cierto que yo sabía de esta lista, pero no la tuve en cuenta. No es lo mismo saber que tener en cuenta. Por ejemplo, yo sé que todos tenemos el pecado original, porque así lo aprendí en catequesis, pero no lo tengo en cuenta cuando saludo al almacenero del barrio. También sé, por ejemplo, que Horacio Quiroga mató a una persona, pero no lo tengo en cuenta cuando voy cada año a rendirle homenaje en su casa de San Ignacio. Porque no tiene nada que ver. Sé también que Quiroga es sospechoso de pegarle a su primera mujer, hay varias versiones al respecto, pero eso no me interesa ni lo tengo en cuenta cuando leo Cuentos de la Selva. Porque, repito, para el caso no tiene nada que ver.

Es cierto también que en el año 2012 yo voté por retirarle un premio a Moreyra, pero el contexto era totalmente diferente: él había escrito un poema referido a los Derechos Humanos, el concurso tenía la adhesión del Ministerio de Derechos Humanos, y los premios serían entregados en la Semana de la Memoria. Allí sí, cuando fui informado de esta lista negra, me opuse completamente a la entrega, ya que me parecía una contradicción. Pasaron seis años. Yo cerré ese capítulo y cuando le veo a Moreyra lo veo como lo conozco: como un escritor y un artista plástico. No conozco otra faceta suya.

Quiero aclarar que no hago defensa alguna de Moreyra. Si se comprueba algún delito de los que se sospechan de él,soy el primero que pediré que se le quite el premio. Por otra parte, respeto muchísimo y comparto el pesar de todas aquellas personas que directa o indirectamente sufrieron represiones, torturas y vejaciones de mano del terrorismo de Estado. Y también a sus familiares y amigos. Jamás tuve la intención de agredir a nadie entregando un premio literario. Si lo hice, con las palabras o con los actos, pido perdón públicamente. Los que me conocen saben que ideológicamente milito en las filas de los derechos humanos, algunos de mis mejores amigos fueron víctimas del nefasto periodo obscuro del país. Es solo que, repito, este acto no tenía nada que ver. No era el sentido. No se premiaba honorabilidad, no se premiaba moralidad, solo se firmaba su producción literaria, hecho que se puede constatar fácilmente. Después surgió lo otro, donde se me pide que deje de valorar a un Marcelo que conozco, para condenar a un Marcelo que no conozco. Entiendan que es muy difícil y complicado eso. Máxime que para pertenecer a la Sociedad de Escritores no hay que esgrimir antecedente alguno, ya que no está previsto en nuestro Estatuto.

Respeto y valoro muchísimo el trabajo que realizan los grupos humanos dedicados a resarcir estos tristes hechos históricos, por eso propuse a la Comisión Directiva de volver a tratar el tema Moreyra. En primer lugar, porque debido a las renuncias y a la posición extrema de algunos socios, me di cuenta que llevar a los escritores a una Asamblea Extraordinaria para que nos peleemos entre todos no era la más sano para la Institución. Que nosotros, quienes propusimos a los diez, debíamos resolver el tema, de la forma más ecuánime posible.

De ser cierto la acusación que pesa sobre Moreyra, es algo terrible, grave, horrible. Totalmente repudiable. Y por eso acompaño la observación del ministerio de Derechos Humanos de la presencia de Marcelo en esta lista, estigma que seguramente arrastrará el escritor toda la vida.

¿Se puede escindir al artista de su arte? Posiblemente no, por eso mismo su premio queda observado, atendiendo a la exposición hecha por Derechos Humanos, y hasta tanto la Justicia se pronuncie sobre el caso.

Gracias a todos por acompañar, y a los que se fueron saben que tienen la puerta abierta siempre. Desde que presido la Sadem, sueño con hacerla participativa, plural, amplia, donde podamos convivir entre todos, no importa la ideología o el pensamiento que se tenga, y donde todos sientan que tienen un lugar para la expresión literaria, que es todo lo que se busca en este espacio. Por eso no veo ahora la necesidad de discutir por el caso Moreyra. Sé que habrá gente a favor, y gente en contra, y gente que ni le interese el tema. Promoreyristas y antimoreyristas y otros que no les va ni le viene. Así como seguramente en la Sadem habrá proabortistas y antiabortistas. Todos son bien recibidos. La Sadem no se trata de eso.

No sé si alguna vez viviremos para presenciar un veredicto final sobre Marcelo Moreyra. Tal vez nunca. Y no sé tampoco si las decisiones que estamos tomando sean justas. Bien dice Jesús que Justo es solo Dios. Tal vez, la próxima Comisión Directiva sea más implacable, o más licenciosa, no lo sé. Lo que sí, en lo personal, me hago totalmente responsable de mis decisiones. Gracias de nuevo a todos por el aprendizaje.