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Preocupa mortandad de monos por fiebre amarilla y cazadores furtivos

Desde que Ecología encontró el primer mono muerto, mediados de enero, y hasta el 14 de marzo, registró 30 primates muertos en gran parte de la provincia aparentemente afectados por la fiebre amarilla, aunque algunos también fueron víctimas de cazadores y otras razones, que agravan la situación de las poblaciones del Carayá Rojo que están en peligro de extinción. El resto de las poblaciones como las del Carayá Negro y posiblemente Caí no están en riesgo de extinción pero si sufrieron una disminución poblacional.

Desde la Subsecretaría de Ecología y Desarrollo Sustentable, del Ministerio de Ecología, destacaron que la dependencia tuvo un papel de importancia en la detección y en la lucha contra la fiebre amarilla, desde la acción de los guardaparques hasta la asistencia integral, prevención, traslados, equipamientos y comunicaciones que ofrecieron a las áreas de Salud de la Provincia y de la Nación.


Recordaron que a fines de 2007 la fiebre amarilla llegó a la provincia, desde Brasil y Paraguay que ya habían registrado la enfermedad en personas y en monos del genero Alouatta.


En la Argentina y en Misiones los primeros casos registrados se presentaron también en monos del género Alouatta, en las especies carayá –Carayá Negro- y guariba –Carayá Rojo, este último en peligro de extinción para la Argentina y del que sólo hay registros en la provincia, según indicaron.


Guardaparques e investigadores becarios del CONICET registraron el primer mono muerto cuando trabajaban justamente sobre esa población, en el Parque Provincial Piñalito, y dieron aviso en forma inmediata a los organismos de salud, situación que disparó una intensa campaña de prevención, vacunación y difusión en toda la zona de influencia, resaltaron desde la Subsecretaría.


Destacaron también que como parte del abordaje interinstitucional, organizaron reuniones para planificar un plan de acción y de logística de campo entre el personal de Salud Pública del hospital de San Pedro y de la Provincia junto a la Dirección de Epidemiología de la Nación, quienes recurrieron al Cuerpo de Guardaparque del Ministerio de Ecología para poder llegar a los lugares identificados como prioritarios, ya que los guardaparques eran los que mejor conocían los lugares, según consigna un parte de prensa del Ministerio de Ecología.


Precisaron que en los 12 días iniciales desde el primer registro (del 22 de enero al 2 de febrero) hubo 15 monos muertos del genero Alouatta, de ambos sexos y diferentes edades. A uno de ellos, el mejor conservado al hallarlo, le realizaron una necropsia (aislaron el corazón, hígado, meníngeas, pulmón, vasos, el cerebro y los tejidos) para realizar el Análisis de Inmuno Histoquímica y Aislamiento Viral a los fines de confirmar o descartar la Fiebre Amarilla.


Las muestras fueron enviadas al laboratorio Epidemiológico de la provincia de Buenos Aires y al Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas para que sean estudiadas, las que finalmente dieron resultados positivos.


En ese sentido, el subsecretario de Ecología, Virgilio Fontana, destacó el accionar de los guardaparques, “como profesionales que son en administración y manejo de Áreas Naturales Protegidas; también se valorizó con el abordaje integral y el apoyo dado al personal de salud, no sólo con el acompañamiento al personal de salud, también como técnicos en la colecta de mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabehes (trasmisoras, algunas especies, de fiebre amarilla) en las diferentes áreas”.


Según los datos que manejan en el organismo, desde que Ecología encontró el primer mono muerto y hasta el 14 de marzo, registró 30 monos muertos en gran parte de la provincia aparentemente afectados por la fiebre amarilla, aunque algunos también fueron víctimas de cazadores y otras razones, que agravan la situación de las poblaciones del Carayá Rojo (Alouatta guarida) que están en peligro de extinción. El resto de las poblaciones como las del Carayá Negro (Alouatta caraya) y posiblemente Caí (Cebus apella) no están en riesgo de extinción pero si sufrieron una disminución poblacional.


En la lucha contra la fiebre amarilla, el Ministerio de Ecología convocó, además, a otras instituciones y a profesionales independientes a establecer un protocolo de acción conjunto y para dejar recursos e insumos en disponibilidad.


Desde la Subsecretaría de Ecología se propició también la intervención en Comunidades Mbya Guaraní dentro y en zonas aledañas a las Áreas Naturales Protegidas y otras zonas como los obrajes de extracción forestal, “ya que la situación ameritaba una rápida atención de las personas más necesitadas, quienes no hubieran recurrido por sus medios a vacunarse”.


“Si bien la Fiebre Amarilla está presente, la situación social fue atendida y abordada desde un Estado presente; en este sentido, la Subsecretaría de Ecología sigue interviniendo en los temas de competencia y colaborando con los que son de otras instituciones, ya sea en los ámbitos ambientales o sociales”, resaltó Fontana.


“Por esto es sumamente importante reconocer que un área del Estado provincial, como las áreas técnicas y del Cuerpo de Guardaparque de la Subsecretaría de Ecología, que institucionalmente se está a entera disposición y con la predisposición de aportar lo necesario en la atención de esta problemática y otras que afectan a la comunidad y donde podemos actuar”, dijo el funcionario de Ecología.


 



 

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