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Opinión

Puentes que se desploman, Gobiernos que no reaccionan (Por Mgter C.A. Ortíz)

Con escasa diferencia de un par de meses, o poco más, en la misma estratégica Ruta Nacional Nro. 12, recientemente se desplomaron dos puentes, claramente por falta de mantenimiento y por inexistentes controles técnicos que puedan certificar el estado y eventualmente indicar medidas correctivas o de mantenimiento rutinario, lo cual debería ser lo lógico y la norma usual para proteger y prolongar la vida útil de la extensa y muy costosa infraestructura vial de nuestro país.

Pero en uno de ellos, el último en caer, se desoyó una clara advertencia del intendente de Esquina, que había advertido públicamente acerca del deterioro, sin que nadie actúe para evitar el daño y la tragedia consecuente. Así lo consignó, citando la fuente, el catedrático Miguel Ángel Barrios, oriundo de Esquina y hoy analista geopolítico de referencia continental.

Primero se desplomó el puente sobre el arroyo Iribú Cuá, a menos de 100 Km de Corrientes capital, en la ruta 12 rumbo a Misiones. Después colapsó otro puente sobre el arroyo Guazú, muy cerca de Esquina, casi en el límite sur provincial, provocando serios problemas sociales, sanitarios y económicos a esa localidad correntina y a todos los usuarios de tan importante ruta.

Esa marcada dejadez en las acciones preventivas, resulta mucho más visible y acentuada para implementar rápidas soluciones reales después de los colapsos de cada uno de ambos puentes, pues tanto el gobierno nacional, como el de la provincia de Corrientes, demuestran un grado de inacción prácticamente total, que evidencia culposa indolencia, cuando no insensibilidad total respecto a las necesidades de la población, y una absoluta falta de compromiso con las necesidades y prioridades estratégicas de la Región NEA y de La Nación toda.

Es elemental señalar la enorme importancia geopolítica de la ruta nacional Nro. 12, que arrancando desde la conexión con el complejo ferrovial de Zárate – Brazo Largo, en Entre Ríos, atraviesa las tres provincias mesopotámicas bordeando el río Paraná en su margen este (ribera izquierda) hasta Iguazú, en el extremo noroeste de Misiones. Solo existen dos rutas troncales -las nacionales 12 y 14- que discurren a ambos lados de la Mesopotamia en sentido longitudinal, o sea de norte a sur, y no todos los caminos de enlaces están en condiciones de soportar

tránsito intenso y pesado, tanto de camiones, ómnibus y vehículos menores, que ante la paralización del ferrocarril y la muerte por inanición del transporte fluvial, es la única alternativa masiva de intercomunicación inter mesopotámica y con el resto del país. Además los caminos alternativos de enlaces representan muchos kilómetros más de recorrido, lo cual significa más horas de viaje y costos mucho mayores; todo lo cual evidencia no importarle nada al unitarismo neoliberal rampante hoy entronizado en el poder formal nacional; y contra toda lógica, no generó los perentorios reclamos que amerita el caso, por parte de nuestras tres provincias, y en particular de Corrientes, donde colapsaron los puentes.

Puentes: faltan controles y mantenimientos

No solo los edificios de altura, sino incluso las simples viviendas de una planta, requieren en su justa medida, de esas acciones 

La ruta 12 es desde muchos puntos de nuestras tres provincias, la vía más corta de comunicación con Rosario, Córdoba, Santa Fe, Resistencia, el NOA y otros lugares estratégicos de nuestra dilatada geografía. Es imperativo mantenerla abierta y en muy buenas condiciones operativas…salvo que se demuestre total falta de compromiso con los Intereses Nacionales y nuestras respectivas prioridades geopolíticas.

Por otra parte, la ruta nacional 11, que es casi paralela en la margen derecha del Paraná y al extremo norte del río Paraguay, uniendo Formosa, Chaco, Santa Fe y Buenos Aires, es solo parcialmente una alternativa a la ruta nacional 12, dados los escasos puntos de interconexiones, a saber: el puente Corrientes – Chaco, el túnel subfluvial Paraná – Santa Fe, y el puente Victoria – Rosario; además del complejo Zárate – Brazo Largo.

El impresentable gobierno provincial de Corrientes, demostró dureza para refutar en malos términos a un periodista “indócil”, o “decisión” para inaugurar una modesta obra de enripiado…que había sido solo parcialmente hecha, como denunció en la propia cara del gobernador una valiente pobladora local; pero muestra inacción prácticamente total y una sumisión de mentalidad feudal, para exigir prontas y efectivas soluciones al gobierno nacional. Al menos, no se conoce que el gobernador correntino haya EXIGIDO prontas soluciones reales, y no meros parches circunstanciales, al ausente autoexcluido gobierno nacional.

Colocar un provisorio puente Bayley (sobre el arroyo Iribú Cuá) es solo un remiendo temporario, inadmisible como solución. Es angosto y seguramente no soporta el tránsito pesado intenso. Nada se sabe que se haya dispuesto, con la premura que los dos casos ameritan, las rápidas construcciones de nuevos puentes de hormigón u otras estructuras permanentes, durables y sólidas.

En el colmo de la irresponsabilidad institucional, según informaron diversos medios, el peligro que significa el puente colapsado, no estaba señalizado en modo alguno, ni había guardia policial ni de otra fuerza de seguridad, en el caso del Arroyo Guazú (cerca de Esquina), lo cual provocó que una camioneta con un matrimonio a bordo cayera al agua, pereciendo ahogado el esposo, un colono cuya familia vive en Andresito, en el nordeste de Misiones. Ni el Ministerio de Seguridad de La Nación (del cual depende la Gendarmería Nacional), ni el Ministerio de Transporte (del cual depende Vialidad Nacional), ni el gobierno provincial correntino (del cual depende la policía provincial), absolutamente nadie se hizo responsable de la tragedia; como tampoco nadie se hizo cargo de los múltiples problemas que ocasiona la ruta 12 cortada en dos puntos, a ambos lados de Corrientes Capital.

Como dato comparativo, en 2014 se derrumbó el puente sobre el arroyo Acaraguá, en la ruta provincial 103 en las inmediaciones de Villa Bonita, cerca de Oberá, Misiones. Cayó un ómnibus repleto de pasajeros, con un lamentable saldo de muertos y heridos. En ese caso se sabía que el puente estaba en malas condiciones, no debiendo ser usado por vehículos pesados. Lamentable desidia y/o falta de severidad para impedir la tragedia, casi preanunciada.

Pero lo rescatable fue la rápida reacción posterior del gobierno provincial y el pronto respaldo del gobierno nacional de ese momento, para en corto plazo construir un nuevo puente de hormigón armado para reemplazar al colapsado. Y en este caso no se trata de una ruta nacional ni es de trazado troncal, como si lo es la ruta 12.

¡Enormes diferencias entre un Estado activo, en el marco de políticas económicas keynesianas, en 2014, aportando rápidas soluciones; contrastando claramente con el Estado ausente e intencionalmente pasivo, al cual el interior profundo no le interesa nada, en el actual marco de neoliberalismo recargado y de unitarismo excluyente!

Como imprescindible iniciativa a concretar cuanto antes, urge crear un organismo técnico de nivel de excelencia, de control y monitoreo permanente de puentes y otras infraestructuras viales (como túneles, etc.), con autoridad e incumbencia en todo el país, para prevenir que no se repitan hechos lamentables como los acaecidos, perfectamente evitables si se trabajara con la debida coherencia y elevado nivel de responsabilidad civil. Al efecto, bien puede tomarse como modelo al ORSEP, el Organismo Regulador de Seguridad de Presas, ente que tiene una dilatada y seria trayectoria profesional, del cual conozco a varios de sus más destacados integrantes, que son a la vez miembros activos del Comité Argentino de Presas.

Como dijera el experto en obras civiles hidroeléctricas, mi amigo el Ing. Héctor Mayol, las presas se asemejan a un organismo vivo, que evolucionan y también se deterioran –muy lentamente- con el tiempo, por lo que es imprescindible el control permanente.

En otra escala, pues están sujetos a otros tipos de presiones y desgastes, algo similar sucede con los puentes y otras obras viales, por lo que tampoco pueden dejarse librados a la buena de Dios.

No solo los edificios de altura, sino incluso las simples viviendas de una planta, requieren en su justa medida, controles y mantenimientos. ¡Mucho más los puentes, y estos más aun, si los mansos arroyuelos sobre los que se asientan, se transforman temporariamente en impetuosos torrentes que socavan bases y debilitan estructuras, como sucedió en Corrientes!

(*) MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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