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Realizaciones que están a la vista y los impactos de los que no se habla

Las cuestiones que se presumen como dañinas para la imagen del gobierno nacional, principalmente de la Jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner, y su proyección eventual a nivel provincial comportan a diario los “temas del día” de los medios concentrados y sus repetidores locales. Por caso, el meneo del dólar negro o blue –también porque circulan truchos- en el sube y baja, distrae o pretende distraer, la atención de la opinión publica de las cuestiones que, en cambio, interesan realmente a la sociedad porque hacen referencia a su vida, a su presente y hasta a su porvenir.

Así, por caso, se insufló aire a un globo cambiario sin sentido que tal vez hasta haya sido “negocio” para alguien, pero que, en rigor, no hace oscilar el fiel de ninguna balanza. “El mercado paralelo mueve un millón de dólares”, apuntaba el
presidente de la Legislatura Carlos Rovira, haciendo notar que las economías de Argentina y de Misiones siguen creciendo y la voluntad política de sus gobiernos es continuar en la misma senda.

Qué hubo en cambio, en esta semana que acaba de concluir: el conocimiento de la contaminación ambiental producida por Repsol durante su administración de YPF y las demandas millonarias en su contra que realizaron, ya desde años atrás las provincias de la cuenca petrolera. Algunas están a nivel de la Corte Suprema de Justicia. Así se supo que sólo en la Cuenca Neuquina habría acumulado un pasivo por 5.000 millones de dólares, el que sumado a las multas impuestas, incidirá a la baja en el precio final por el que se tase el valor del 51 por ciento de las acciones nacionalizadas por el Gobierno.

En cambio, los medios concentrados, presentan la última protesta de la Unión Europea como secuela de la nacionalización de la empresa española, cuando, en realidad, alude a las restricciones impuestas a las importaciones de
parte de la Argentina que pretende, nada menos, que las importaciones se equilibren con las exportaciones. Los comentaristas de los mismos medios, que ahora deberán desconcentrarse, cargan las tintas sobre la “pretensión” argentina, cual si fueran europeos. Aunque admiten que la queja podría morir en la burocracia de la Organización Mundial de Comercio, visto seguramente que se trata de un mero formalismo. En rigor de verdad ¿quién puede quejarse porque el socio pretenda un comercio bilateral equilibrado?

Lo curioso -en este mar de desinformación- es que estos medios que se declaran ultra ecologistas cuando se trata de cuestiones que conciernen al desarrollo de la Argentina o de algunas de sus regiones, nunca hayan dicho nada del
incumplimiento de parte de Repsol de las normas medio ambientales existentes en materia de producción petrolera. Del mismo modo como no se habla de que no hay contaminación en el río Paraná por obra de la represa Yacyretá. Es más,
que hasta ha contribuido con la mejora de la calidad del agua, hasta de los arroyos que son sus afluentes de la zona del embalse. De la mejora de toda la costa producto de tratamiento y saneamiento encarados.

Porque además, entre las diferencias, está mantener una conducción en manos extranjeras con la única meta de la rentabilidad propia a toda costa. Y otra muy distinta sostenerla en manos misioneras, con objetivos de calidad de vida de
las personas, de desarrollo local y nacional.

Por otra parte, los informes de los estudios medio ambientales de Yacyretá encomendados a investigadores técnicos y científicos de Universidades -de Misiones y La Plata- están al alcance de todos. Los impactos medio ambientales de
Repsol son develados por investigaciones de los Estados provinciales y nacional. Seguramente porque allí había algo que ocultar. Y aquí, en cambio, está todo a la vista.


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