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¿Ruta de las Misiones Jesuitas o Francisco Solano López?

Los Senadores y Diputados tendrán que ponerse de acuerdo sobre el nombre que finalmente tendrá la transitada Ruta Nacional 12. Ya que el Senado aprobó designar el tramo que une a Corrientes y Puerto Iguazú como “Ruta de la Misiones Jesuíticas”. Y la Cámara de Diputados sancionó, también en el 2013, que se designe Francisco Solano López la totalidad de la Ruta 12, comprendido entre la Ruta Nacional 9 en el Municipio de Zárate,, Provincia de Buenos Aires y la ciudad de Puerto Iguazú, (Puente Internacional Tancredo Neves), Provincia de Misiones.

Cabe recordar que los Senadores por unanimidad aprobaron el Proyecto de Ley de los Senadores misioneros Dra. Sandra Giménez y Salvador Cabral, derogándose la Ley 16.484 que designa John F. Kennedy al tramo de la Ruta 12, que une las capitales de Corrientes y Misiones. Y a su vez, en mismo texto, se nombra “Ruta de las Misiones” al tramo que une Corrientes (Capital) con Puerto Iguazú. De este manera, se obtuvo la media sanción el proyecto pasó a Diputados.
 
Pero también los Diputados Nacionales aprobaron por unanimidad, y en el mismo año legislativo, un proyecto del Diputado del Frente para la Victoria Carlos Kunkel de Buenos Aires, designar con el nombre “Francisco Solano López” a la Ruta Nacional Doce (12) comprendido entre la Ruta Nacional 9 en el Municipio de Zárate,, Provincia de Buenos Aires y la ciudad de Puerto Iguazú, (Puente Internacional Tancredo Neves), Provincia de Misiones. Con ello, los Diputados también lograron la media sanción y el texto pasó al Senado…
Así las cosas, la Senadora por Misiones Dra. Sandra Giménez analizará en la comisión de transporte el proyecto del Diputado Kunkel, y éste a su vez el proyecto de los misioneros que ya está en Diputados….un debate previsto para 2014.
Fundamentos de ambas propuestas:
Proyecto de los Misioneros, que tiene media Sanción del Senado
 
Articulo 1°- Deróguese la Ley 16.484 que designa John F. Kennedy al tramo de la Ruta Nacional 12, que une las capitales de Corrientes y Misiones.
 
Articulo 2°- Desígnese al tramo de la Ruta Nacional N° 12, que une la ciudad de Corrientes, Provincia de Corrientes y la de Puerto Iguazú, Provincia de Misiones, como “Ruta de las Misiones Jesuíticas”.
 
Artículo 3°- Comuníquese al Poder Ejecutivo.
 
Sandra D. Giménez. – Salvador Cabral. –
 
FUNDAMENTO
 
Actualmente al tramo de la Ruta N° 12, que une las ciudades Capitales de las provincias de Corrientes y Misiones, se la denomina John F. Kennedy, por la Ley Nacional 16.484 de 1964 y su decreto reglamentario 8.012.
Que si bien el ex Presidente de los Estados Unidos, es un ejemplo a seguir para muchos; consideramos que la denominación de la misma en este momento histórico de la República Argentina en donde buscamos reencontrarnos con nuestra propia identidad y reivindicar a
los constructores de nuestra propia idiosincrasia y cultura, vinculada con nuestra esencia debe designarse “La Ruta de las Misiones”.
 
La historia refleja que este camino era recorrido por los antiguos aborígenes, que en comunión con los Misioneros, Sacerdotes Jesuitas, en una relación maravillosa que supieron construir, dejando como muestra de dicha simbiosis, la fundación de los pueblos, historia de la colonización y evangelización del territorio americano.
 
Los primeros Misioneros de la Compañía de Jesús, más conocidos como “Jesuitas”, llegaron a la región allá por el año 1609. La relación que forjaron con los pobladores originarios fue el resultado de la propia filosofía de la Compañía. A medida que lograban tomar confianza unos con otros, los Jesuitas descubrían nuevos horizontes en la realidad cotidiana de las distintas poblaciones aborígenes.
 
Los jesuitas, en sus viajes, abrieron a las ciencias nuevos campos para las exploraciones, la lingüística, la botánica, entre otras áreas. A la par de su tarea diaria, fundaron ciudades y pueblos los cuales organizaban comunitariamente y contribuyeron de esta manera al progreso dentro de la selva misionera y del noroeste argentino.
 
Gracias a los valores que les imprimieron muchos de esas poblaciones que fundaron en aquellos años, existen en la actualidad los Municipios de Loreto, San Javier, Santa María la Mayor, San
Ignacio, Corpus, Santa Ana entre otros.
 
Los jesuitas enriquecieron los lugares donde se asentaron, aportando tecnología, acorde a esos tiempos, al ámbito de la agricultura y de la medicina.
 
A fines del 1609 la primera población organizada fue San Ignacio Guazú, luego le siguieron Encarnación de Itapúa, Concepción, San Nicolás, San Javier y Yapeyú. Más al norte se fundaron otros pueblos en donde intervino con mucho esfuerzo el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que en la actualidad es uno de los 75 municipios de la Provincia de Misiones lleva su nombre, lamentablemente fueron atacados por los paulistas, que tomaron cautivo a sus habitantes y
destruyeron el pueblo.
 
 El nivel social y tecnológico que desarrollaron despertó una lucha de poder con los españoles y de los portugueses, por lo que los Misioneros fueron expulsados. El espíritu misionero: el amor a lo noble y grande sobre las tendencias bajas y viles, la vida tranquila, laboriosa y familiar, el interés por la paz y su desinterés por las persecuciones y odios, fueron el sello de los Jesuitas y muchos de esos valores perduran hoy en día. No cabe la menor duda que pocas veces se ha contemplado en la historia una civilización tan genuina como la que desde 1610 hasta 1768 existió en los pueblos de guaraníes.
 
En forma de reconocimiento por haber fundado y organizado pueblos y ciudades con aracterísticas tales como la unidad familiar, el trabajo, la salud y la educación, es que consideramos que la uta
Nacional N° 12 debe cambiar su denominación por la de “Ruta de las Misiones”.
 
Sandra D. Giménez. – Salvador Cabral.
 
 
 
A continuación el Proyecto del Diputado Nacional por Buenos Aires Carlos Kunkel, Frente para la Victoria, que tiene media sanción en Diputados
 
Designase con el nombre “Francisco Solano López” a la Ruta Nacional Doce (12) comprendido entre la Ruta Nacional 9 en el Municipio de Zárate,, Provincia de Buenos Aires y la ciudad de Puerto Iguazú, (Puente Internacional Tancredo Neves), Provincia de Misiones.
Art. 2° – Deróganse el Decreto N° 427/1981.
Art. 3° – Encomiéndese al Ministerio de Planificación Federal para que, a través de la Dirección Nacional de Vialidad, realice la señalización conforme lo prescrito en el artículo primero, colocando los carteles respectivos en las intersecciones de la Ruta Nacional Doce (12) y los accesos a las localidades, poblaciones y rutas que la atraviesen.
Art. 4° – Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional.
FUNDAMENTOS:
La Ruta Nacional número Doce (12) nace en la localidad de Zarate (empalme con la Ruta Nacional 9 – Km. 80.70-), Provincia de Buenos Aires, cruza el río Paraná mediante el Complejo Ferrovial Zárate – Brazo Largo, y recorre las Provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones siguiendo la margen izquierda del tramo argentino del Río Paraná, culminando en la ciudad de Puerto Iguazú (Puente Internacional Tancredo Neves – Km. 1641.52-). Tiene una extensión de 1592 kilómetros, siendo una de las principales vías de comunicación entre la Provincia de Buenos Aires y las de la Mesopotamia. Asimismo, integra a las Provincias Mesopotámicas, comunicando en forma directa a las Ciudades de Paraná, con las de Corrientes Posadas.
En este orden proponemos que se designe a la Ruta Nacional número Doce (12) con el nombre ” Francisco Solano López “, como homenaje y reivindicación histórica a este gran patriota hispanoamericano y en su figura, a todo el pueblo paraguayo. Sirviendo además como un gesto hacia las nuevas generaciones para que valoren y reconozcan su compromiso, firmeza y dignidad en la lucha por la independencia y soberanía de nuestros pueblos hermanos.
Por otro lado, implicará un paso más en el largo camino de consolidación de la integración latinoamericana, el gran objetivo iniciado por Jose Gervasio Artigas y continuado por José de San Martín, Simón Bolívar y Juan Domingo Perón. En palabras de este último cuando viajó al Paraguay a entregar los Trofeos de Guerra el 16 de Agosto de 1954:
“…llegar hasta aquí no como portador, sino como un hombre que viene a rendir homenaje al Paraguay, homenaje que en estas circunstancias tengo el insigne honor de rendir en el nombre sagrado del Mariscal Francisco Solano López.
Cumple al honor, a la justicia y a la grandeza de los pueblos y de los hombres rendir homenaje a los héroes que han sabido sacrificarse por la felicidad y por la grandeza de su patria. Depositamos en el altar de esos héroes, que la memoria y la gratitud de los hombres ha levantado a esa justicia, a ese honor
y a ese patriotismo, también nuestro homenaje; homenaje que hago llegar, en nombre del pueblo argentino, a esta patria tan respetable para nosotros, y tan querida, con palabras que humildemente quieren significar nuestra amistad, nuestra devoción y nuestro respeto. Es en nombre de esa amistad, de esa devoción y de ese respeto del pueblo argentino que pongo en manos del primer mandatario de la República del Paraguay, con esas reliquias, el testimonio de nuestra hermandad inquebrantable”
Discurso del 6 de junio de 1974:
“Acuden a mi espíritu las imágenes de mi viaje de 1954, cuando llegué como portador de las reliquias que mi Patria ofrecía al Panteón de los Héroes paraguayos […]. Esa evocación va unida al homenaje que el pueblo argentino testimonió, por mi intermedio, a una de las mayores figuras de nuestra historia, el mariscal Francisco Solano López, cuyo nombre sagrado es reverenciado también por los argentinos”.
Palabras de Don Juan Bautista Alberdi:
“… para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y Francisco Solano López y Bernardo Prudencio Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”.
“La América no conoce la historia del Paraguay sino contada por sus rivales. El silencio del aislamiento ha dejado a la calumnia victoriosa”.
Carta de Don Juan Manuel de Rosas a su Albacea:
“Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su excelencia el señor Gran Mariscal Presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria”.
El sable que simboliza la lucha de San Martín para lograr la independencia de Chile y Perú debe quedar en manos argentinas, pero él tiene en su armario otra espada que podría mandar a López como homenaje a su patriotismo: La que ciñó cuando obligó a Inglaterra y a Francia, a reconocer el derecho de la Confederación Argentina a legislar sobre la navegación de sus ríos. Rosas había sido traicionado y vencido en Caseros por los mismos que ahora lo hacían con el Mariscal Paraguayo.
Breve relato sobre Francisco Solano López y la Guerra de la Triple Alianza.
Nació en Asunción el 24 de julio de 1827, fue el segundo presidente constitucional de la República del Paraguay entre 1862 y 1870. A la muerte de su padre, Carlos Antonio López, lo sucedió en la presidencia siendo elegido democráticamente por el Congreso de la Nación por un período de 10 años.
Intervino como mediador voluntario en el conflicto entre la Confederación Argentina y la provincia de Buenos Aires, demostrando su calidad de negociador eficiente al firmarse, el 11 de noviembre de 1859, el Pacto de San José de Flores, siendo garante del cumplimiento de lo estipulado la República del Paraguay. Garantía solicitada tanto por Mitre como por Urquiza. El primero le inició un álbum en su honor y el segundo le regalo la espada de Cepeda, los mismos que años después conspirarían en su contra.
Por el resultado de su gestión fue ovacionado el entonces Coronel por la población agradecida de Buenos Aires, cuyos habitantes a su paso le arrojaron flores.
Desgraciadamente al partir en su barco, el mismo fue cañoneado en la Rada de Buenos Aires por buques ingleses. Increíblemente, su justo reclamo recibió la indiferencia del gobierno de Buenos Aires como respuesta. Antes de regresar por tierra dijo: “los buques británicos impiden el paso. Con sus cañones resuelven sobre las aguas de la Confederación que la soberanía de
estas Repúblicas solo se ejercerá cuando los marinos ingleses quieran dispensar el favor de reconocerla”.
En nuestra historia ya teníamos antecedentes sobre la actitud inglesa hacia nuestros países hermanos:
1845: Bloqueo anglo- francés del Río de la Plata. Inglaterra seguida por Francia se aliaron contra la Confederación Argentina y exigieron al gobernador Juan Manuel de Rosas el levantamiento del sitio de Montevideo y la libre navegación de los ríos interiores cerrada a los barcos extranjeros. El objetivo de los agresores era impedir que ambas márgenes del Río de la Plata estuvieran controladas por un solo país, y abrir nuevos mercados, como el del Paraguay, a sus productos. La escuadra aliada seguida por barcos mercantes de distintos países remontó el Paraná, debiendo librar combates como el de la Vuelta de Obligado con las fuerzas de Juan Manuel de Rosas que hostigaban el paso. Ante el fracaso de la operación, primero Inglaterra y después Francia debieron reconocer el derecho de la Confederación Argentina a legislar sobre la navegación de sus ríos.
1858: Cuestión Constatt. Carlos Antonio López, presidente del Paraguay, encarceló alrededor de veinte personas por conspiración para asesinarlo. Estaba entre ellos un súbdito inglés llamado Constantt.
Edward Thornton, ministro inglés en Buenos Aires y Asunción, trae instrucciones para “pacificar” al Uruguay y “democratizar” al Paraguay. En un documento dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores de su país, fechado en Asunción el 6 de septiembre de 1864, hace votos para que una invasión extranjera llevase al Paraguay la “libertad comercial” a ese pueblo al que trataba de “ignorante”, “que se siente feliz con su tiranía y se cree igual que los más poderosos”.
El 18 de junio de 1864 se firma en Las Puntas del Rosario, según el informe de Martín Maifeller, encargado francés en Montevideo, un tratado (el verdadero tratado de la Triple Alianza) firmado por Lamas, Flores y Castellanos, como “pacificadores del Uruguay. Garantizando el mismo: E. Thornton (Inglaterra), José Antonio Saraiva (Brasil) y Rufino de Elizalde (Argentina). El mismo Saraiva, comisionado imperial de entonces, dirá,
públicamente y por escrito, que la Triple Alianza no surgió después de la “agresión” contra la Argentina en abril de 1865, sino en Las Puntas del Rosario en junio de 1864.
Acabada la mediación ante la solicitud de capitulación completa del legítimo gobierno del Uruguay ejercido por Don Atanasio de la Cruz Aguirre, comienza la invasión Brasileña. El gobierno paraguayo había advertido: “Paraguay juzgará cualquier ocupación de territorio oriental…Como atentatorio al equilibrio de los Estados del Plata… descargándose de las ulterioridades”.
El ejército brasileño cruzó la frontera en el invierno de 1864 y sitió la ciudad de Paysandú, defendida por el general Leandro Gómez con un puñado de hombres; la escuadra brasileña, después de ser abastecida de bombas por Mitre en Buenos Aires, remontó el río Uruguay y bloqueó la ciudad. Esta, defendida por ochocientos voluntarios, estaba sitiada por un ejército de 9,000 brasileños, 1.500 uruguayos al mando de Venancio Flores y una escuadra poderosa de quince buques, con los cañones más potente s de la época.
El 6 de diciembre empezó el sitio, el épico sitio de la Paysandú, que resistió 30 días el fuego de los cañones brasileños y la metralla de los regimientos floristas. Finalmente, el 2 de enero, los defensores de Paysandú, que ya se defendían a cascotazos, fueron masacrados. Al Jefe de los defensores se lo fusiló como a casi todos los que había sobrevivido a los combates.
El Paraguay tenía un tratado de defensa mutua con el Uruguay. Francisco Solano López en cumplimiento del mismo, solicita dos veces al gobierno argentino el correspondiente permiso de paso de sus ejércitos por territorio nacional. Este es rechazado por el Canciller Argentino: “la nación fiel a sus intereses de neutral…”, la neutralidad de un gobierno que suministra las armas para bombardear Paysandú y equipar a las tropas de Flores!!!!!
Ante la parcialidad del gobierno argentino, (recordar el Acuerdo de las puntas del Rosario), el Congreso Nacional Paraguayo (doscientos diputados),
autoriza al Presidente López a “declarar la guerra al actual gobierno argentino”. La misma fue debidamente notificada antes del ingreso de tropas paraguayas a territorio nacional, esto fue negado para crear un clima favorable al gobierno ante la “agresión paraguaya gratuita” ya que en el interior del país la opinión es unánime a favor del Paraguay y contraria a al gobierno de Bartolomé Mitre.
José Hernández, Carlos Guido y Spano, Evaristo Carriego, aplauden el gallardo gesto de Francisco Solano López y los caudillos de masas que se niegan a ir la guerra.
Ricardo López Jordán en carta a Justo José de Urquiza: “usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general, ese es nuestro amigo. Llámenos para pelear a los porteños y brasileros… Oímos todavía los cañones de Paysandú”.
Juan Bautista Alberdi dice:
“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Bartolomé Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y Francisco Solano López y Bernardo Prudencio Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”.
“Luego yo he sido atacado esta vez, no por defender al Paraguay, sino por defensor de la República Argentina; no por aparaguayado como se dice en Buenos Aires, sino por argentino; es el patriotismo nacional argentino bien entendido”
“¿Que importa Francisco Solano López? – Se pregunta Juan Bautista Alberdi – Lo que importa a la América republicana, es la existencia soberana del Paraguay, como garantía geográfica de la revolución Americana. Si Francisco Solano López es un déspota, la geografía lo hace un Libertador”
“A las ofertas de una libertad interior – adujo – de que el Paraguay no sospechaba de estar privado, su pueblo ha respondido sosteniendo a su gobierno, con más ardor y constancia a medida que le veía más debilitado y más desarmado de los medios de oprimir, y a medida que veía a su enemigo más internado en el país y más capaz de proteger la impunidad de toda insurrección. El Paraguay ha probado de este modo al Brasil que su obediencia no es la del esclavo, sino la del pueblo que quiere ser libre del extranjero”.
“Para consolidar tal ´Redención´ y uniformar el país en ese sentido, los hombres de Buenos Aires se enfeudaron a la política brasilera, y fomentaron la revolución Oriental de Flores, el escándalo de Paysandú y terminaron con el tratado de la triple alianza para arrasar al Paraguay y obligar a las provincias, so capa de la guerra internacional y merced al estado de sitio, a someterse a la política porteña. Consideré tal guerra como el más funesto error histórico y la mayor calamidad para nuestra nacionalidad: por eso la combatí desde el extranjero, como lo hicieron Guido Spano y la mismo Navarro Viola, que como verdadero patriota, debía mostrar a nuestras provincias el abismo que conducía tan monstruosa guerra, contraria a los intereses verdaderos de Plata y que solo serviría al Brasil para debilitar a sus linderos del Sud, consolidar su influencia agresivamente imperialista y legalizar sus usurpaciones territoriales”
“Hoy mismo, en 1865, ¿por quienes está bloqueado el Paraguay sino por sus eternos bloqueadores de toda la vida, los intereses monopolistas de los que tienen las puertas del Plata?”
“Cuando más se estudia y conocen los empréstitos paraguayos, en cuanto a los orígenes, agentes, motivos y condiciones, más se descubre que fueron hechos como maniobra de guerra contra Paraguay; y mejor se comprende entonces porqué han sido levantados por hombres que eran Agentes y cooperadores oficiosos del poder que ha destruido al Paraguay con la mira de absorberlo una vez destruido”.
Bartolomé Mitre encontró en esta acción la oportunidad para declarar la guerra, alegando que nunca existieron acciones militares o de provocación
por parte de la Argentina en contra de Paraguay y que ante la violación territorial la guerra era inevitable.
Bastó que el “Benemérito de 1859”, se opusiera a los intereses imperiales para dejar de ser: “el Leopoldo de estas regiones” y convertirse en el “Atila de América”, “el Oprobioso tirano” y al que “Hay que matarlo como a un reptil”, como reclamaban los editoriales de la época.
Carta de Bartolomé Mitre a Francisco Solano López 2 de enero de 1864. Archivo del Gral. Bartolomé Mitre. II .p.50.Biblioteca de la Nación) (AGM.I.p.426):
“V.E. se halla en muchos aspectos en condiciones mucho más favorables que las nuestras. A la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y llamando en ese sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y estimado por todos los vecinos que cultivan con el relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, y es como lo ha dicho muy bien un periódico inglés de esta ciudad, V.E. es el “Leopoldo de estas regiones”, cuyos vapores suben y bajan los ríos superiores enarbolando la bandera pacífica del comercio, y cuya posición será más alta y respetable, cuanto más se normalice ese modo de ser entre estos países.”
La guerra estaba en marcha y durante algo más de cinco años la actitud de Francisco Solano López fue indoblegable: firmeza y dignidad ante las potencias contendoras, pero no lo hizo en soledad, el pueblo paraguayo, luchó a su lado. Hombres, mujeres, niños y viejos: todos se batieron como leones hasta el 1 de marzo de 1870. Murió con la frente en alto, asesinado a bala y a lanza en la espesura del Cerro Corá, alcanzando a decir: “¡Muero con mi patria!”. Igual ejemplo dio su hijo Panchito de sólo 15 años, entonces coronel del ejército, cuando le intimaron rendición contestó: “Un coronel paraguayo no se rinde nunca”.
Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. La economía estaba en pleno crecimiento. El país contaba con una línea de
telégrafos, un ferrocarril y una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora. Doscientos técnicos extranjeros, muy bien pagados por el Estado, prestaban su colaboración decisiva. Desde 1850, la fundición de Ibycuí fabricaba cañones, morteros y balas de todos los calibres; en el arsenal de Asunción se producían cañones de bronce, obuses y balas. La siderurgia nacional, como todas las demás actividades económicas esenciales, estaba en manos del Estado. El país contaba con una flota mercante nacional, y habían sido construidos en el astillero de Asunción varios de los buques que ostentaban el pabellón paraguayo a lo largo del Paraná o a través del Atlántico y el Mediterráneo. En el comercio: la yerba y el tabaco abastecían el consumo del sur del continente; las maderas valiosas se exportaban a Europa. La balanza comercial arrojaba un fuerte superávit. Paraguay tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al capital extranjero. El país no debía ni un centavo al exterior, contrataba técnicos ingleses que se ponían al servicio del país en lugar de poner al país a su servicio y enviaba a Europa a jóvenes universitarios paraguayos para perfeccionar sus estudios.
El 98 por ciento del territorio paraguayo era de propiedad pública: el Estado cedía a los campesinos la explotación de las parcelas a cambio de la obligación de poblarlas y cultivarlas en forma permanente.
Las obras de riego, represas y canales, y los nuevos puentes y caminos contribuían en grado importante a la elevación de la productividad agrícola. Se rescató la tradición indígena de las dos cosechas anuales, que había sido abandonada por los conquistadores. El Estado paraguayo practicaba un celoso proteccionismo, muy reforzado en 1864, sobre la industria nacional y el mercado interno; los ríos interiores no estaban abiertos a las naves británicas que bombardeaban con manufacturas de Manchester y de Liverpool a todo el resto de América Latina. El comercio inglés no disimulaba su inquietud por un país que construía su futuro sin inversiones extranjeras, sin empréstitos de la banca inglesa y sin las bendiciones del comercio libre. Un país que se bastaba a sí mismo y no quería arrodillarse ante los mercaderes británicos.
Después de cinco años de lucha, la guerra llega a su fin: de 1.300.000 habitantes, quedan en el Paraguay solamente 350.000 personas, en su mayoría ancianos, mujeres y criaturas, confirmando el mayor genocidio. El exterminio de un modelo económico “peligroso” y el aniquilamiento de un pueblo hermano han quedado como una de las páginas más tristes y dolorosas de la historia latinoamericana.
Del Paraguay derrotado no sólo desapareció la población: también las tarifas aduaneras, los hornos de fundición, los ríos clausurados al “libre comercio”, la independencia económica v vastas zonas de su territorio. Todo fue saqueado y todo fue vendido: las tierras y los bosques, las minas, las plantaciones, etc.
No bien terminó la guerra, se tomó el primer empréstito extranjero de su historia. Por supuesto, era británico.
La invasión fue financiada, de principio a fin, por el Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la banca Rothschild, en empréstitos con intereses leoninos que hipotecaron la suerte de los países vencedores.
Sr. Presidente, este proyecto sigue el camino iniciado por Juan Domingo Perón, dirigido a una reparación de la “deuda histórica de nuestro país con el Paraguay”, al decir de nuestra Presidenta, complementario con otras medidas que representan un homenaje al pueblo paraguayo en la figura de su líder. Una es la de incluir en la Sala de Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada la figura del Mariscal Francisco Solano López. Otra es la de rebautizar al Grupo de Artillería Blindada 2 de Rosario Tala, bajo el nombre de Francisco Solano López, por decisión del Ejecutivo Nacional
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