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Carta Pastoral

“Sabemos que nuestro tiempo no se presenta fácil”, dijo el obispo Martínez

El titular de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, expresó en su homilía dominical que “La ´Verdad´ no es habitualmente un principio constitutivo en las diversas construcciones sociales, políticas y económicas en nuestra cultura. La crisis de la civilización y de valores está en gran parte causada por haber construido muchas veces desde la corrupción y la mentira. Lamentablemente estas formas de construcción social no sólo se dan en la dirigencia social, que desde ya tiene mayor responsabilidad, sino que se han popularizado llegando a veces a considerar como normal un fin bueno para justificar el uso de cualquier medio para alcanzarlo. Es bastante habitual que a la hora de pesar opciones, personas o actitudes no se consideren suficientemente algunos principios como la justicia y la verdad en nuestras decisiones y juicios. La falta de honestidad en las pequeñas o grandes corrupciones en el manejo del dinero son un flagelo, y siempre causan pobrezas de todo tipo”.

«profetas de la VERDAD»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,

para el tercer Domingo de Adviento

[17 de diciembre de 2017]

Los textos bíblicos de este tercer domingo de Adviento nos llaman a animarnos y a no perder la esperanza. La figura de San Juan Bautista, desde su austeridad profética, nos exhorta a convertirnos. Él es el profeta de la verdad. No dudó en denunciar a Herodes y en dar la vida por lo que creía.

Sólo volviendo a Dios podremos celebrar bien la Navidad, cuando nos disponemos a construir «sobre roca» y no «sobre arena», desde las mentiras. Cuando con humildad somos capaces de revisarnos y evaluar cómo estamos construyendo, nos encaminamos a realizar un examen de conciencia y nos introducimos en el camino de reconciliación que nos permite como el hijo pródigo volver a la casa del Padre.

Desde la verdad, cada uno debe realizar un examen de conciencia, una mirada sobre la propia realidad: La verdad nos lleva a encontrarnos con nuestros límites y pecados. Pero esta evaluación debe ser personal y comunitaria, por eso «Navega mar adentro» nos dice: «Una conversión es incompleta si falta la conciencia de las exigencias de la vida cotidiana y no se pone esfuerzo de llevarlas a cabo. Esto implica una formación permanente de los cristianos en virtud de su propia vocación, para que puedan adherir a este estilo de vida y emprender intensamente sus compromisos en el mundo, desarrollando las actitudes propias de ciudadanos responsables» (96).

En una carta al Pueblo de Dios escrita por los Obispos argentinos hace algunos años decíamos: «La verdad es un valor fundamental que desde siempre la humanidad busca ansiosa. Tiene una dimensión objetiva que fundamenta la actividad del hombre, posibilita el diálogo, fundamenta la sociedad e ilumina sobre la moralidad de los comportamientos de los ciudadanos y de los grupos sociales: verdad de la naturaleza del hombre, de la vida, de la familia, de la sociedad. Verdad, también de los hechos acaecidos… La verdad es en consecuencia, también un valor fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia. Al respecto ella nos dice: Los hombres tienen una especial obligación de tender hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos para que la búsqueda de la verdad sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla» (La doctrina social de la Iglesia, una luz para reconstruir la Nación 27-28).

Sabemos que nuestro tiempo no se presenta fácil. «La Verdad» no es habitualmente un principio constitutivo en las diversas construcciones sociales, políticas y económicas en nuestra cultura. La crisis de la civilización y de valores está en gran parte causada por haber construido muchas veces desde la corrupción y la mentira. Lamentablemente estas formas de construcción social no sólo se dan en la dirigencia social, que desde ya tiene mayor responsabilidad, sino que se han popularizado llegando a veces a considerar como normal un fin bueno para justificar el uso de cualquier medio para alcanzarlo. Es bastante habitual que a la hora de pesar opciones, personas o actitudes no se consideren suficientemente algunos principios como la justicia y la verdad en nuestras decisiones y juicios. La falta de honestidad en las pequeñas o grandes corrupciones en el manejo del dinero son un flagelo, y siempre causan pobrezas de todo tipo.

La verdad no debe llevar a fundamentalismos: «Si el cristiano prescindiese de la comprensión de la Verdad que le da la Palabra de Dios, podría caer en múltiples errores, e incluso adoptar actitudes fundamentalistas. Así aconteció en tiempos pasados cuando difundió la máxima “el error no da derecho”, olvidando que los derechos son de las personas, incluso de los que están en el error. El Evangelio manda morir por la verdad, no matar por ella… Sin embargo, la tentación del fundamentalismo siempre asecha y no sólo al hombre religioso. La historia civil de los pueblos, incluso europeos, está plagada de ejemplos de intransigencia a muerte entre sectores opuestos…» (29). Los sistemas autoritarios y las dictaduras habitualmente son fundamentalistas.

Como todo profeta, San Juan Bautista está ligado íntimamente a la verdad. No hay un auténtico «volver a Dios», para celebrar bien la Navidad, si nuestro examen de conciencia no es veraz

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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