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Salió a cazar, se disparó accidentalmente y murió desangrado

Un joven de 18 años que había salido a cazar con dos primos por una zona de montes próxima a la localidad de Santa Ana, se hirió accidentalmente con una escopeta calibre 20 y murió por la abundante hemorragia antes de recibir asistencia médica. La Policía de esa localidad intervino a las 12.25 cuando la ambulancia llegó al centro de salud con el cuerpo ya sin vida de Fernando Raúl Medina, quien presentaba impacto de perdigones en la zona del escroto e inguinal, con perforación de la arteria femoral.

Posteriormente se supo que en horas de la mañana, Medina había salido de su casa en compañía de dos primos, Cristian García (28) y otro de quince años, con intenciones de cazar aves y mamíferos en una zona de montes.


El grupo, que portaba dos escopetas calibre 20 y otra calibre 26, cruzaron el arroyo Santa Ana y se internaron unos cuatro kilómetros hasta una zona serrana, donde habrían tomado la decisión de descansar un rato. En esas circunstancias, Medina apoyó la escopeta en el suelo y el cañón sobre su pierna derecha, sin advertir que el martillo estaba montado. Aparentemente, la cola del percutor se enganchó en una rama y provocó el disparo, que impactó en la zona inguinal del joven.


García y su primo cargaron al herido y caminaron por el monte hasta llegar a la casa de un familiar, donde ya los aguardaba una ambulancia para trasladar al herido. La enorme distancia, sumada a la tupida vegetación y la gravedad del disparo hicieron que el esfuerzo de los jóvenes resultaran vanos para salvarle la vida a Medina.


El juez de Instrucción César Yaya ordenó que el cuerpo fuera trasladado a la Morgue Judicial para la autopsia correspondiente, y en forma paralela que García quedara detenido e imputado de los delitos de tenencia ilegal de arma de fuego. Además, se abrió un sumario por muerte por causas dudosas, con intervención de la comisaría de Santa Ana.


Fuentes policiales dijeron que la escopeta que portaba Medina estaba cargada con un cartucho con postas número uno, las de mayor tamaño, generalmente utilizada para caza mayor.


Tanto a la víctima como a sus primos también se le realizaron tomas de muestras en manos y brazos para realizar luego una prueba de absorción atómica y así establecer quién tenía el arma al momento del disparo.


 


 


 


 


 


 


 

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