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Senadora Solari pidió respetar lo que el ordenamiento jurídico consagra en su rango constitucional: “la existencia de la persona desde el momento de la concepción”

“Habiendo cumplido con esta primer etapa durante la cual decidí no hacer declaraciones públicas, comparto con ustedes algunas reflexiones”, expresó la senadora Maggie Solari Quintana. En tal sentido, comentó: “el 4 de julio un prestigioso constitucionalista me mandó un análisis del Proyecto de IVE, que en ocho escasas carillas me hizo ser más consciente aún de la profundidad de lo que realmente sucede en nuestro país.

Comencé a recorrer esos párrafos exquisitamente escritos y en pocas líneas me encontré con esta frase:
“Todo el sistema político y jurídico de una democracia constitucional se funda en el principio de la igualdad e inviolable dignidad de la persona humana.

Automáticamente se agolparon en mi mente cantidades de cuestionamientos y reflexiones que no podía (ni puedo) separar de la siguiente pregunta: cómo llegamos los argentinos a esta instancia?

Entendí que debía ir hacia atrás y mirar el camino recorrido para poder ver lo que se hizo, y aquello que no.
Pero mi mente no dejaba de pensar cuán contradictorios somos los humanos, en las tantas décadas de luchas por conquistar derechos inherentes y esenciales a ese principio, en los denodados intentos de garantizar su cumplimiento, en el esfuerzo que ha requerido que tan sólo una parte de la humanidad lo plasme en Tratados Internacionales (y/o que los países adhieran a ellos) para que estos mismos sean hoy el fundamento de algunos para llevarlo a su propia extinción.

Siempre ponderamos vivir bajo “el estado de derecho”, cuyo único sustento es nuestra Constitución Nacional y los Tratados a los que esta reconoce e incluye con su mismo rango.

Ese estado de derecho, que inclusive es el que hoy nos permite estar debatiendo la posibilidad del aborto y que hasta se lo plantee como un derecho, es el que irónicamente se vería lacerado de sancionarse una ley contraria y desobediente de la manda constitucional.

Creo realmente que ese sería el camino más grave que nuestro pueblo pudiera tomar.

Estaríamos apuñalando a quien nos cuida y protege de dañarnos unos a los otros perdiendo la garantía de la convivencia democrática, federal, civilizada y adulta que hemos elegido y la cual aún así, nos lleva tanto esfuerzo que prime cotidianamente en todas nuestras relaciones.

Mi posición siempre fue la misma y jamás podría cambiarla porque represento a mi Provincia, a mi gente; que al igual que yo entiende que para hacerlo debo cumplir con lo que nuestra Constitución ordena, tal y como he jurado hacerlo.

Consecuentemente, sólo en caso de que nuestro país “generara” las condiciones y llegara a la legalización del aborto por las vías que legalmente debería hacerlo, o sea, modificando la normativa vigente (y en cuyo caso mi voto siempre respetaría y plasmaría la posición que entienda tuvieran los misioneros), debería aceptar que nuestra sociedad haya cambiado de parecer y realmente considere que la existencia de las personas no comienza en el preciso instante de la concepción sino en otro momento hasta el cual no es alcanzada por ese principio de igualdad e inviolable dignidad de la persona humana, quedando desprotegida.

Agradezco a todas y cada una de las personas que sosteniendo una posición u otra, me la han hecho saber y dado que muchas pertenecen a otras provincias, me permito también expresar que la normativa nacional debe ser el producto de la suma de pensamientos, criterios y conveniencias a las que consensualmente se arribe entre los representantes de todas las provincias que componen nuestra Nación, pues de ese modo lo decidimos cuando adoptamos el sistema federal.

En este sentido, bueno es recordar que las provincias fueron preexistentes y que juntas decidieron formar esta, nuestra querida Nación.

Por último, retomando mi pregunta de cómo llegamos hasta aquí los argentinos, no dudo que lo que faltó es “POLITICA”.
Porque si hay algo que quisiera dejar bien en claro es que no niego la realidad, todo lo contrario.  Somos las mujeres quienes nos embarazamos pudiendo ello ser producto de distintas situaciones.

La ideal es “bienvenido”, más allá de buscado (o no) que considero es la situación menos frecuente; y la extremadamente dura, no “bienvenido” por un sinnúmero de situaciones, convencida que la peor de ellas es que sea producto de la violencia ejercida sobre nosotras, con el menoscabo a nuestra dignidad que eso importa y las secuelas que sin dudas deja.

La política no se ha ocupado de atender y proteger a la mujer que atraviesa esa realidad, abandonándola y dejándola librada a su iincierto destino.

La política está en deuda, porque debió ocuparse de generar políticas públicas efectivas para atenderlas, o de que aquellas que instrumentó a través de diversas leyes, tuvieran el efectivo cumplimiento que asumo no han tenido.

Este debate nos ha enfrentado con esta realidad que hoy debemos comenzar a cambiar. Pero es fundamental que todo lo que hagamos, todas las políticas que creemos, actualicemos y/o implementemos, respeten lo que nuestro ordenamiento jurídico consagra en su rango constitucional: LA EXISTENCIA DE LA PERSONA DESDE EL MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN y LA DIGNIDAD QUE NOS ES DADA CON LA VIDA MISMA”.

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