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POSADAS

Taxista devolvió 10 mil dólares que una mujer olvidó en el asiento

Un joven taxista que presta servicios en la empresa San Rafael, en Posadas, devolvió a una turista brasileña un bolso con una cámara filmadora, pasaportes y la suma de 10 mil dólares. La mujer no sólo no lo recompensó, sino que no abonó el costo del viaje del taxi hasta El Arco, donde aguardó el reintegro de sus pertenencias. El protagonista del episodio, Hugo Sosa, aseguró que jamás se le pasó por la cabeza quedarse con el dinero, pese a que su vida transcurre con estrecheces económicas.

El insólito hecho tuvo como protagonista a Hugo Sosa (27), quien desde hace un año se gana la vida manejando 12 horas un taxi que alquila por 120 pesos diarios. El viernes al mediodía trasladó desde un spa céntrico a una mujer y a un menor hasta la terminal de ómnibus. Allí ayudó a bajar una enorme valija y se dirigió nuevamente hacia el centro de Posadas, donde otra pasajera abordó el coche.



La mujer le dijo a Sosa que alguien había dejado en el auto un bolso de mano de color negro. El conductor lo colocó en el asiento trasero sin imaginar su valioso contenido, y continuó viaje con su pasajera. La turista brasileña no tardó en advertir el extravío y llamó al spa, desde donde se comunicaron con la empresa de remises. El dueño, Julio Kramer, se contactó con Hugo y éste le dijo que tenía el bolso con el dinero, una filmadora y pasaportes. A partir de allí comenzó al operativo para devolver las cosas.



Tras dejar a su pasajera, Sosa volvió al spa y allí le dijeron que fuera hasta El Arco, ya que la dueña había ascendido a un micro y estaba viajando hacia Corrientes. El trabajador del volante pidió el costo del viaje y desde la empresa dijeron que rondaba los 100 pesos.



Velozmente se pudo en marcha y al llegar al arco, la brasileña descendió del micro, revisó el contenido del bolso y luego le dio 70 pesos por el viaje, pese a que el reloj marcaba 103 pesos como costo.




Hugo Sosa, padre de cuatro hijos, aseguró que jamás se le pasó por la cabeza quedarse con el dinero, pese a que su vida transcurre con estrecheces económicas. “En la empresa lo llamamos Quebrado, porque nunca tiene un peso”, contó uno de los choferes.



El taxista protagonista de la historia trabaja todos los días y los fines de semana también lo hace a la noche para poder sumar unos pesos más a la maltrecha economía familiar.

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