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Taxista logró escapar de un trío de ladrones y ahora teme por represalias

Lo que le tocó vivir al trabajador del volante el sábado último comenzó cuando entre 2:30 y 3. El taxista -quien prefirió mantener el anonimato por temor a represalias-, comentó a /c6 que tres jóvenes de unos 17 a 20 años solicitaron a esa hora el servicio de traslado en inmediaciones de la Rotonda, para dirigirse al barrio San Lorenzo A-4, al Sur de Posadas. Al llegar al lugar, – “una calle muy oscura”, relató la víctima- decidió no ingresar, pero con improperios y golpes quisieron obligarlo incluso con amenazas de muerte. Así comenzaron a forcejear, hasta que pudo escapar de los agresores e incluso habría herido a uno de ellos. La Policía hasta el momento no logró detenelos, pero dadas las características aportadas por el denunciante, trabaja en localizar el paradero de cada uno de ellos.

Mientras aguardaba a su turno –ya que los taxistas hacen fila en las paradas para comisionarse a los viajes solicitados- esas personas le pidieron que los llevara al barrio San Lorenzo A-4 y “noté que uno de ellos estaba nervioso, ése se subió atrás junto con otro y otro adelante y mientras íbamos en el camino en un silencio total, al llegar a la cancha que está sobre la avenida Cocomarola me pidieron que ingrese en una calle muy oscura, pero les dije que tenemos prohibido ingresar a la noche en los barrios. Entonces me dijeron: ¨no flaco, te vamos a robar, de esta no te vas a salvar y como no querés entrar te vamos a matar y a llevar tu auto”, relató el trabajador del volante.



En la desesperación por encontrar una salida comenzó a forcejear, contó. “A pelear con el que estaba adelante y logré doblarle el brazo, me mordió el antebrazo, mientras que rompía a las patadas el reloj medidor del taxi y gritaba que me iba a matar. De entre las ropas uno de ellos sacó un cuchillo de grandes dimensiones con el que comenzó a lanzar puñaladas, pero logré sacarle el cuchillo y así fue como intenté abrir la puerta por la que uno de ellos salió lastimado”. Agregó que en ése momento giró el coche y para entonces los otros dos ya se habían ido.



La víctima, de contextura física robusta y de poco más de un metro noventa, tenía cortes en la cara y en su rostro una mancha morada sobre su ojo izquierdo. Además, en el antebrazo la marca de una dentadura completa, producto del mordisco que le ocasionó uno de los malandras. También tenía otras marcas como consecuencia del forcejeo que gracias al atino y fortaleza de reducirlos no terminó en tragedia.



 

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