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Temporal en San Pedro: volver a la normalidad tras la tragedia

SAN PEDRO (Enviado Especial).-A un año del trágico temporal que mató a once personas y arrasó varias colonias ubicadas al Norte de San Pedro, la reconstrucción devolvió a sus habitantes lo material, pero el temor sigue reinando cada vez que el viento sopla o el cielo se cubre de nubarrones. Las secuelas psicológicas se advierten no sólo en los chicos, sino también en los adultos.

Los parajes afectados por el vendaval están ubicados a casi 50 kilómetros al Norte de San Pedro, pasando el poblado de Tobuna. El asfaltado del último tramo de la ruta 14 es un sueño de los habitantes para salir del aislamiento en el que viven desde hace décadas.




Más allá de la rápida reconstrucción, la realidad es que los pobladores aún no pudieron superar los traumas provocados por la tormenta que en pocos minutos arrasó lo poco o mucho que tenían y se cobró la vida de seres queridos.
Los vecinos y docentes que residen en la zona contaron que tuvieron unas pocas entrevistas con los psicólogos en las semanas posteriores al vendaval y en la actualidad sólo concurren a la zona dos profesionales contratados por la Fundación Pérez Companc.




El director de la Escuela de El Polvorín, Daniel Ruiz, dijo que los profesionales de dicha fundación “son los que nos dan las herramientas para trabajar con los chicos y ver cómo superamos esta situación”.




El docente, que al día siguiente del temporal acudió a ayudar a los vecinos del paraje, dijo que la tragedia no provocó una merma en la matrícula. “La gente quiere que sus hijos vengan a la escuela, que lleguen por lo menos a quinto año de la secundaria; y para los chicos es casi un recreo porque saben que si se quedan en sus casas deben ayudar en las tareas rurales”, sostuvo el maestro.
El maestro -es de Bernardo de Irigoyen- dijo que los chicos tienen miedo cuando llueve fuerte “y los más chicos suelen llorar mucho”.




En esa escuela volvieron a clases un mes después de la tragedia. “Nos armaron una escuela de madera y volvimos a dar clases. Durante las vacaciones de verano ese edificio fue reemplazado por uno de mampostería con cinco aula y un generoso playón deportivo cubierto. Si bien la escuela rancho es un recuerdo, la felicidad no fue completa. “Como la presidenta no llegó a nuestra escuela, la entregaron sin el equipamiento que tiene la de Santa Rosa”, dice Ruiz. Es que en el paraje vecino el establecimiento cuenta con computadoras, televisor de generosas dimensiones y reproductor de DVD.




El Gobierno Nacional destinó 28 millones de pesos para reconstruir la zona y desde la Provincia se volcaron otros diez millones, lo cual permitió dotar a las casas de baños instalados y servicio de agua potable que se obtiene de una perforación.




El paraje Santa Rosa ahora cuenta con una flamante sala de salud, pero los médicos sólo atienden dos veces por mes.




El temor existente en la zona por la posibilidad que la tormenta se repita hizo que algunos vecinos armaran sótanos para protegerse. Es el caso de Olga Prestes y José Fernández Neto, quienes invirtieron más de seis mil pesos en la construcción del refugio. “Cada vez que se pone feo el tiempo nos metemos acá”, contaron. El hijo menor de la pareja, Gustavo, es uno de los que más secuelas psicológicas tiene a causa de la tragedia.




Fernandez Neto, quien en esa oportunidad perdió una billetera con 8.500 pesos que eran del retorno del tabaco, contó que unas 80 familias de la zona no pudieron volver a plantar tabaco porque las empresas no les dieron los insumos. “El año pasado nos condonaron las deudas, pero éste año no vinieron para acá. Yo vendí lo que quedó de mi forestación y con eso voy a plantar un poco. Si no lo puedo vender acá, seguro que se vende en Brasil”, se sinceró.




Coral Da Silva se queja porque la única cama que le dieron nunca pudo armarla debido a que las partes no coinciden. “Duermo en el suelo”, contó la mujer. Su hijo Gabriel agregó que nunca pudieron recuperar una lata de leche en la que guardaban 13.000 pesos que cobraron días antes de la tormenta por la venta de madera. “Lo íbamos a usar para hacer la casa de material”, agregó la mujer.
Coral se quejó porque “nos dijeron que iban a abrir los depósitos de la Aduana para darnos cosas pero acá sólo llegaron dos bolsitas con comida y algo de ropa”.
Este martes, en el acceso a Santa Rosa se inaugurará un monolito para recordar a las once víctimas del temporal que se abatió hace un año y cambió para siempre la vida de un centenar de familias.

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