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Testigo clave de un asalto fue a declarar con una borrachera de novela

En un hecho sin precedentes en la historia reciente de la Justicia, el Tribunal Penal 2 decidió dejar detenido al testigo clave de un robo a mano armada porque llegó con 3,5 gramos de alcohol por litro de sangre, situación que le impedía declarar. Ante los jueces, el hombre admitió haber bebido “una cañita” antes de presentarse en el Tribunal.

Una imprevista demora surgió este jueves en un juicio oral y público que se le sigue a Juan Ramón “Chamí” Núñez (31) y Alejandro Darío “Coki” Jara (29) por un robo calificado que ocurrió el sábado 29 de abril de 2006 en el barrio Nuevo Garupá. En esa oportunidad, cerca de las 19.30, dos jóvenes interceptaron en la intersección de las calles Santo Pipó y Moconá a José Domingo Flores, quien retornaba de su trabajo.



La víctima relató que tres delincuentes lo pararon en una zona oscura: uno le pidió fuego y un segundo la entrega del dinero que llevaba. El hombre se resistió, pero fue herido en ambos brazos y el tórax por los malvivientes, que le robaron un paquete de cigarrillos, la llave de un candado y quince pesos.



Flores escapó del lugar y llegó hasta la casa de Inocencia “Chona” Leguiza, a quien le suplicó que “no me dejes morir”, mientras exhibía sus heridas. La mujer llamó rápidamente a la Policía, que envió un patrullero y la víctima terminó siendo llevada al Hospital de Fátima en un auto particular porque la ambulancia no llegó nunca.



La mujer dijo que el muchacho no le dijo quiénes habían sido los agresores ni el lugar donde fue atacado. En el juicio oral no pudo reconocer a los imputados como las personas que lo asaltaron en el acceso al barrio.
Cerca de las 10.00 de este miércoles, Juan Carlos Bustamante, el testigo clave del hecho, ingresó en la sala del Tribunal Penal 2 con el sombrero en la mano. Apenas se sentó en la silla destinada a los testigos, estiró sus piernas y suspiró profundo. Antes que el camarista Juan Enrique Calvo le tomara el juramento de rigor, el testigo comenzó a hablar.



Unos minutos después, los jueces notaron incoherencias entre las preguntas que le formulaban y las respuestas que daba Bustamante, quien para ese entonces había confesado que “me gusta tomar, pero nada de vino o cerveza, yo sólo tomo caña”.



A pedido del camarista Roque González, un médico forense estableció que Bustamante estaba totalmente ebrio y que necesitaría al menos doce horas para que su cuerpo pueda procesar los 3,5 gramos de alcohol por litro de sangre, una cantidad que a cualquier ser humano lo pondría al borde del coma. El hombre, bebedor habitual, ni siquiera titubeaba al caminar.



Los jueces decidieron dejarlo tras las rejas hasta este jueves para evitar que vuelva a beber. El testimonio de Bustamante es clave, ya que es el único que en su momento señaló a “Chamí” y “Coki” como los autores del robo.
La orfandad de otras pruebas en el expediente puso a ambos jóvenes al borde de la absolución por el beneficio de la duda. Es que más allá de lo que pueda decir Bustamante, una vecina lo calificó como un hombre “bastante mentiroso y chismoso”.

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