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EDITORIAL

Tiempos complejos para los que se buscan soluciones desde la dirigencia más razonada y reflexiva

Complejo inicio del segundo mes del año, con proyección a mayor problemática para el tercero si no se lograra ahora descomprimir la preocupación generada en Misiones con el aumento tarifario previsto por la Nación. Principalmente porque se ha hecho “tabla rasa” y es muy distinta la situación de Misiones y las provincias del Norte en general, con respecto al resto del país, por las altas temperaturas que llevan a inevitables picos de consumo.

Siempre resultó llamativo que mientras en el Sur se contemplan las bajas temperaturas no ocurra otro tanto con las altas temperaturas que se sufren en el Norte. Además, la situación en Misiones se agrava porque es electrodependiente y varias de sus actividades económicas dependen igualmente de la energía, comenzando por el sector agroforestal.

Nación debiera mirar esta situación y buscar paliativos. No porque Misiones no quiera pagar la energía, sino porque no puede afrontar incrementos tan altos impactando en ingresos que son relativamente bajos si se los compara con otros centros del país. No resulta fácil entender que mientras se provee con tierras, agua y espacios a la gran hidroeléctrica del río Paraná, la Provincia deba depender de decisiones que se toman no sólo en Buenos Aires, sino que siquiera se hace una excepción cuando hay un pedido explícito. Por caso, el de las empresas del Nordeste para exponer en la audiencia pública las particularidades de la región y sus necesidades. De resultas de lo cual esa ausencia hoy se nota en el impacto de la altísima facturación.

Regresa a la memoria aquel gran movimiento provincialista en el que Misiones bregaba por la construcción de hidroeléctricas con las que pudiera afrontar el presente –de los 70- y el futuro. La comprensión del valor de los combustibles con la crisis del petróleo, que inauguró una época de petrodólares, llevó a que Misiones advirtiera la importancia del combustible que fluía sin provecho en sus enormes ríos y arroyos. Y hasta llegó a acuñar el término: hidro-dólares.

Hoy la importancia del agua se ha revalorizado a tal punto que compite con el precio de las naftas y muchas veces lo sobrepasa. Su peculiar calidad y sabor la viene posicionando a través de la empresa Aguas Misioneras, en el resto del país y se la valora en Europa.

Pero todavía hoy permanece pendiente el debate sobre nueva generación. Misiones podría tener generación propia. O cuando menos sumar otra fuente de energía a la ya existente con Urugua-í, producto esta obra de aquel movimiento por un recurso renovable, limpio, ecológico.

Hoy la dependencia de la Nación vuelve a afectarla porque queda sujeta a las políticas nacionales que no distinguen su peculiaridad. Como tampoco hoy la advierten –curiosamente- políticos enrolados en los partidos que integran la alianza en el Gobierno de la Nación. Tanto Cambiemos como la UCR de Misiones han pretendido desviar el preciso y genuino reclamo hacia la prestataria provincial: Electricidad de Misiones sociedad anónima (Emsa). Con éxito nulo. Ninguna de las protestas callejeras –frente a las oficinas- o públicas y generalizadas como un “apagón”, tuvieron éxito. ¿Por qué? Porque la gente sabe de qué se trata. Nadie aquí es un extranjero.

Cuánto más eficaz y atinado hubiera sido que esos mismos políticos se sumaran a la mesa intersectorial de debate, en la que se analizó la situación planteada y se buscó apelar a la Justicia Federal, en pos de algún paliativo, o de alguna salida consensuada que permitiera contemplar el interés del conjunto de la sociedad: de Misiones y de la Nación.

En lugar de elegir el camino de la construcción, el camino pro activo, imaginaron que la enorme preocupación de la gente les servía para hacer proselitismo. La realidad les dijo que no. Deberán barajar y dar de nuevo. Sería más que oportuno, entonces, que se sumaran a quienes buscan salidas para la gente, para el usuario, que sólo puede enfrentar con energía estos enormes calores del verano: tanto en la provisión de ambientes climatizados, como en la disponibilidad de agua. Ni qué decir de la industria intentando sobrevivir en tiempo de escasez, sin parar las máquinas.