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EDITORIAL

Tiempos nuevos, realidades distintas, gobiernos atentos

Tiempos llamativos los que discurren en esta Argentina, en esta Misiones, de comienzos de año. Es la Presidenta quien sale a decir que hay un problema serio, el desempleo que ha descendido a los niveles más bajos de los últimos tiempos, no lo hizo en la franja etaria de los más jóvenes. Aquellos cuyas edades oscilan entre los 18 y los 24 años, en el que el indicador es apenas de dos puntos por debajo de la media europea, nada más y nada menos. Es del 18,2 por ciento, la mayor desocupación que hoy registra la Argentina.

¿Cómo? ¿Es la Presidenta la que marca un problema grave? Sí, es Ella. Y la oposición? En la Argentina de hoy la oposición parece estar pura y exclusivamente al servicio de la riqueza concentrada y sus intereses económicos, el logro de mayor rentabilidad, sumando más a la que vienen acumulando con cifras no vistas antes en los últimos años.
A esa riqueza concentrada no le importan ni mucho ni poco los jóvenes, ni el futuro del país. Con visiones miopes, siempre estuvieron en la inmediatez de la rentabilidad personal, en la prosperidad de la mezquina quintita y nunca en el bienestar del conjunto social. De resultas de lo cual la nación se precipitó a la peor de sus crisis en el 2001. Y dejó a estos jovencitos, hijos del neoliberalismo, sin estudios y sin trabajo. Nada menos que a un 1,5 millón de jóvenes.
Pero lo lamentable, también, es que la oposición que se dedica a la difamación y la calumnia, que sólo esta identificación puede hacerse al agravio permanente, carente de todo sustento fáctico, ha quedado fatalmente envuelta en la insensatez. Ha perdido su razón de ser. Tendría que haber sido la que marcaba el problema de la desocupación, o del empleo informal y por lo mismo no registrado que se cobra el futuro de estos jóvenes.
No, en esta nueva Argentina, los únicos realmente preocupados por el país son los que gobiernan. Y lo hacen en soledad, con lo que pueden y tienen a mano. Eso sí, siempre estará la crítica a flor de piel en los que se ponen en la vereda de enfrente. La crítica vana como la que dice “otra vez, un plan”; o “apenas 600 pesos”. Nadie advierte que está vinculado indisolublemente al estudio. O sea a la capacitación para el empleo.
Claro que el Gobierno sabe que solo no puede y entonces convocó a las organizaciones sociales, principalmente a las confesiones religiosas que sabe están en las barriadas pobres donde “otros” venían captando a los jóvenes. Ya los había convocado para el combate contra el narcotráfico y la drogadicción. “Los que creen en Dios trabajan para su prójimo y los que no, creen en el ser humano y pueden entonces ayudar también”, se decía al lanzarse ahora el plan para que los chicos excluidos empiecen a estudiar.
No se están buscando votos cautivos, sino jóvenes informados, de decisión libre. Algo que por supuesto tampoco gusta a la riqueza concentrada, porque no le garantiza mano de obra barata sino trabajadores conscientes de deberes y obligaciones. Pero ésa es una sociedad de iguales, que se viene construyendo con enormes dificultades.
Inclusive con las acechanzas y maniobras de ese mismo poder real. Con un paulatino sinceramiento cambiario –por citar el último ‘Cuco’ levantado por la ‘opo’ concentrada-. Lo había advertido el mismo Axel Kicillof a poco de asumir como nuevo ministro de Economía. No habría conmociones, sino adecuaciones graduales en atención a los sectores más débiles de la sociedad que vienen soportando un incesante aumento de precios. El dólar oficial podría seguir ascendiendo, quitándole cada vez mayor espacio al denominado “blue”, y podría no incidir demasiado en los precios internos, porque ya fueron dándose acomodamientos empresariales. En cambio, mejorará el nivel de competitividad y en esta etapa veraniega, el turismo.
Es decir, también aquí puede verse la mano oficial preocupada por el interés general. Como se vio en las reuniones de los gobernadores: Maurice Closs, Daniel Scioli, Franco Pérez, hablando de sus provincias, de sus fortalezas y debilidades, con el 2015 como horizonte. Cierto que el poder concentrado tenía que disparar igualmente sobre esta razonabilidad política y le inventó un presunto “escrache” al mandatario misionero. Después tuvieron que volver sobre sus pasos. No hubo tal, apuntó el propio Closs y se lo debieron publicar y retractarse.
Entre tanto, la Provincia contaba los recursos de a uno y -aunque con cierto retraso en cuanto a lo que tenía acostumbrado a los docentes- terminó pagando con sus recursos el Icentivo Docente, el Artículo 9 de la Ley de Educación y la suplementaria de septiembre.
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