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EDITORIAL

Tiempos que demandan atención, madurez, seriedad

Las turbulencias financieras y las decisiones políticas asumidas por el Gobierno de la Nación conformaron un panorama sombrío, incierto, de mucha preocupación para la ciudadanía en general y para gran parte de la dirigencia, porque los fantasmas del pasado parecían asomar una y otra vez sobre el país.

Podrá decirse que la Argentina es un país de piel sensible. Y tendrán razón, porque aquí nada pasa inadvertido –más allá de los ocultamientos deliberados-. Porque la gente quiere estar informada y a veces se deja llevar por orientadores de la opinión pública, sin profundizar. Pero claro, no se le puede pedir al ciudadano de a pie que sume tiempo, que imperiosamente necesita emplear en la obtención de recursos para el sostenimiento de su familia o el suyo personal en el caso de los solteros, para realizar una investigación periodística exhaustiva. Siempre tenderá a seguir a quien le da mayor confianza. O al discurso uniforme que presentan muchos medios, imaginando que si es común a muchos debe ser veraz.

Este es el tiempo de las noticias falsas, no en la Argentina, sino en el mundo. Las manipulaciones están a la orden del día. Y la verdad de los hechos se escurre como la arena entre los dedos. Y esta dura realidad es la que se está impelido a enfrentar para entender qué sucede, y hacia dónde va la sociedad. Porque con ello va el bienestar de las personas, las familias, las comunidades. Ni qué decir del crecimiento, el desarrollo de las Provincias y el país.

Lo curioso es que los mensajes oficiales del Gobierno de la Nación han sido llevar “tranquilidad” a la población, pretendiendo negar la tensión que reinaba en todos lados. Una negación que por más bien intencionada que fuere terminaba siendo un retaceo de la verdad. Y el “no saber qué pasa” es un alimentador permanente de especulaciones, versiones, corridas. Cuando no de remarcaciones en una economía en franca crisis.

Habrá que mantener la atención en cuanto va sucediendo. En tanto, las Provincias han venido demostrando una enorme responsabilidad institucional, con los gobernadores respondiendo a cada convocatoria presidencial.

Una actitud que no supo acompañarse desde los representantes locales de la alianza en el gobierno central. Fue el caso del diputado nacional Luis Pastori que asumió la posición cerrada del oficialismo, refractaria a cualquier innovación, olvidando las necesidades de sus comprovincianos. La Renovación había buscado una vía alternativa en el tema tarifario, atendiendo al anuncio presidencial del veto, con el pedido de reposición de la alícuota cero para el impuesto a los combustibles con alcance a toda la Provincia, hasta un determinado volumen de naftas y gasoil, de modo de enfrentar en mejores condiciones las duras asimetrías. El pedido se fundaba en razonabilidad: el ITC Diferenciado había caído como consecuencia del cambio en los impuestos. Y la reposición con estas modificaciones no iba a afectar al Gobierno de la Nación, sino que muy posiblemente aumentara las recaudaciones por otra vía al retener el circulante en la Provincia evitando la fuga de divisas hacia los países vecinos.

Pero Pastori fue intransigente se sumó en un discurso que no le es propio, y que tiene más que ver con una grieta nacional que en Misiones nunca prendió. Una suerte de “obediencia debida” de nefasta memoria. Difícilmente hubiera molestado a sus correligionarios y socios una posición que contemplara los requerimientos de misiones.

Porque a nivel de la Presidencia de la Nación se valora la postura asumida por la Provincia y exteriorizada por su gobernador Hugo Passalacqua: de respeto a la investidura presidencial, las políticas macroeconómicas le corresponden al Gobierno central y el Congreso de la Nación no cogobierna. Por eso la ausencia de los cinco diputados nacionales de la renovación cuando se aprobó la emergencia tarifaria. El ex gobernador Carlos Rovira, actual presidente del Parlamento misionero, es un acérrimo defensor de la división de los Poderes del Estado porque garantiza la gobernabilidad. El fue víctima de aquella Legislatura que hasta le negó un Presupuesto, en los tiempos más difíciles de salida de la crisis del 2001, impidiéndole muchas otras leyes que requería el Poder Ejecutivo para cumplir con el programa de gobierno que la ciudadanía había elegido en las urnas.

Por eso hoy se ve a la fuerza política en el Gobierno de Misiones apoyando iniciativas que no afectan la gobernabilidad, ni a la gestión del Presidente: alícuota cero para determinado volumen de combustibles en todo Misiones y reglamentación del artículo 10 de la Ley de Pymes que comportan herramientas para reposicionar la economía. Que se sumarían además a las que ya ha venida adoptando con sus propios recursos, aún cuando comenzó a rebajar los impuestos provinciales, dando cumplimiento a la palabra empeñada en el Pacto Fiscal.

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