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Todo se viste de celeste y blanco y la sociedad sigue apostando al crecimiento

Todo se viene tiñendo de celeste y blanco, desde antes de la celebración del Bicentenario. Pero ahora se le sumaron camisetas, gorros, pañuelos y hasta vuvuzelas, porque la Selección de Fútbol ya está en el Mundial de Sudáfrica y los partidos que protagoniza casi paralizan un país con ganas de ganar. Todos piensan que mientras esto ocurra, bien poco será motivo de atención pública, de modo que los temas en debate entrarían en un receso hasta julio. Difícil que todo sea tan a pie juntillas.

Es más factible que las cuestiones centrales continúen su rumbo, acaso con menor repercusión mediática. Pero son muchos los temas sustantivos que se habían posicionado en el centro del interés de todos. Entre ellos, las zozobras de Europa, los descarnados debates en el Parlamento de la UE, en especial a la hora de revisar lo ocurrido y cómo se elige el mismo camino que llevó al descalabro, supuestamente para salir adelante. En el plano nacional, suman buenas nuevas de poca repercusión en los medios: la actividad industrial creció un 13,1%, medida por la Universidad Di Tella. En Misiones, comenzó a ponerse en marcha el Hambre Cero para erradicar la desnutrición en los niños.



No son temas, por cierto, de menor cuantía porque –incluso- están comportando hitos en cada uno de los ámbitos en los que tienen lugar. Por caso, Argentina está mirando cómo Europa siente el impacto de lo que le ocurrió a ella como producto de las políticas neoliberales y la especulación financiera y cómo se eligen las mismas recetas del endeudamiento sin fin, con tasas vergonzantes, presuntamente para superar esta crisis financiera inducida. “No le interesaba que pagáramos (…) ni al FMI ni al Club de París, pero nosotros decidimos sacarnos estas deudas de encima y hoy tenemos 260 millones de dólares de reservas”, le dice un sorprendido Inázio Lula Da Silva a un no menos asombrado cineasta estadounidense Oliver Stone, en la película, Al Sur de la Frontera. Es que Brasil, como Argentina –en ese momento gobernada por Néstor Kirchner- decidieron ponerle fin al endeudamiento sin fin con los organismos financieros internacionales. El presidente argentino, además, introdujo la racionalidad, por primera vez, en el relacionamiento externo: “primero tenemos que crecer, para poder pagar después”.



Argentina creció con dos medidas a partir del estallido del 2001: la devaluación y las exportaciones a las naciones latinoamericanas de todo tipo de productos, no es por tanto antojadizo que hayan sido los presidentes de los países de la región los especialmente invitados a la celebración del Bicentenario del 25 de Mayo.



Europa, en cambio, sigue encauzada en las recetas recesivas, que achicarán su crecimiento, aumentarán las deudas externas –en el caso de Grecia la actual es de 300 mil millones de dólares y le van a prestar otros 158 mil millones de igual moneda-, la desocupación, el impuesto a los sueldos, las jubilaciones congeladas. Recetas que Argentina padeció en los ’90 y la llevaron al borde de la disolución en el 2001.



“Este es un país para invertir”, decía el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton, en su reciente visita al país, cuando hacía notar que ante las crisis de su propio país y de Europa, la Argentina se había mantenido incólume, con crecimiento, inclusive. Y el informe dado por la Universidad Di Tella está registrando nada menos que un crecimiento del 13,1% de la industria.



“Vamos a crecer por octavo año consecutivo”, advertía, a su vez, el presidente de la Legislatura Carlos Rovira recordando que con la política provincial tributaria adoptada por el gobierno de la Renovación se ha podido contener el achique provincial para revertirlo y hacer crecer la economía. Hasta para mitigar la cesión de parte de la coparticipación misionera a favor de la provincia de Buenos Aires, operada en los años ’80 y ’90.



Un crecimiento que inclusive posibilitó la construcción del Hospital Escuela de Agudos “Doctor Ramón Madariaga”, informaba el ministro de Salud Pública José Guccione a los diputados de las Comisiones de Salud y Presupuesto de la Cámara de Representantes, que analizan el proyecto de ley de Rovira para la creación del Parque de la Salud. Este Parque estará integrado por ése y otros nosocomios: Pediatría, Materno-Natal (por crearse), Instituto de Cardiología, entre otros. Los diputados opositores felicitaron por el nuevo Madariaga, aunque mantuvieron críticas para la propuesta de integrar una Fundación que administre el enorme complejo que será de prestaciones gratuitas.



En tanto, en la semana que acaba de concluir, comenzó la puesta en vigencia del Hambre Cero para dejar definitivamente atrás “la Misiones de los niños desnutridos”, según definía la vicegobernadora Sandra Giménez, ratificando que ya no se registran casos de niños desnutridos de tercer grado que llegaron a ser nada menos que el 30% de los pequeños que ingresaban al Hospital de Pediatría. Pero sigue habiendo niños de desnutrición grados uno y dos y a ellos irán las acciones que comienzan a implementarse con los padrinazgos.



En este ámbito de las políticas de Estado, el gobernador Maurice Closs ratificaba la decisión de continuar construyendo escuelas secundarias, porque el 70% de los pobres de Misiones no ha terminado el nivel secundario. Dijo que la intención es emular aquel impulso dado a la educación en la etapa fundacional de la Misiones moderna y con la esperanza que en el futuro se vea a este tiempo, también, como fundacional de la Universidad Católica de las Misiones especializada en ciencias médicas.



“Yo no me fijo en lo que se hace en Buenos Aires, sino en lo que sucede en Misiones”, se defendía el diputado macrista Claudio Wipplinger cuando se lo consultaba acerca de la decisión del jefe porteño Mauricio Macri de aumentar el impuesto a los Ingresos Brutos –aunque no para crecer sino para aumentar salarios-. Sigue sosteniendo que la política fiscal supuestamente “expulsa pequeños aserraderos” a Corrientes y Entre Ríos. No dicen cuántos son y nada dice de cuanto se hace en Misiones con recursos propios: hospitales, escuelas, viviendas. Y, además se orienta con créditos blandos la actividad productiva desde la financiación de las cosechas yerbateras o tealeras,- asistiendo a cooperativas- o el Proalimentos. Dos modelos, dos realidades.  



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 




 

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