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Tras el paro de la CGT, el Gobierno reabre las paritarias y vuelve al diálogo

El Gobierno asimiló la contundencia del tercer paro nacional implementado en su contra por la CGT y este martes retomará el diálogo con una agenda de concesiones: desde la reapertura de las paritarias hasta un nivel cercano al 25% que pactó Hugo Moyano para los camioneros hasta la quita de capítulos de la reforma laboral en el Congreso y una mesa de negociaciones para la contención de los despidos en el sector privado.

La reanudación de las conversaciones, que incluirá a ministros como Jorge Triaca (Trabajo), Rogelio Frigerio (Interior) y Guillermo Dietrich (Transporte) partirá de un diagnóstico común acerca de la conveniencia para la gestión de Mauricio Macri de sostener a la central obrera como administradora del conflicto social y evitar su dispersión en otros espacios menos controlables.

Será la respuesta más veloz que tuvo el sindicalismo tradicional a una medida de fuerza en los últimos tiempos. Hoy mismo Frigerio se mostrará con Gerardo Martínez (albañiles, Uocra) en una mesa sectorial que tenía previsto debatir a solas con la Cámara de la Construcción el parate en la actividad, y Triaca visitará a uno de los dirigentes considerados díscolos por la Casa Rosada. En paralelo, y desde antes de la huelga Dietrich se encargó el fin de semana de llamar a los dirigentes del transporte como Roberto Fernández (colectiveros, UTA) y Omar Maturano (ferroviarios, La Fraternidad) para asegurarles que el Ejecutivo facilitará la actualización de sus paritarias, que cerraron en 15%, hasta valores alrededor de diez puntos por encima.

El único punto de los cinco que la CGT se había planteado como objetivos para dejar sin efecto la medida de fuerza que no cederá el Gobierno es un alivio en el pago de Ganancias respecto del aguinaldo de mitad de año. El quinto ítem, la devolución de los fondos retenidos a las obras sociales sindicales, comenzó a destrabarse con la publicación el 15 de junio de un decreto presidencial. La incógnita, tanto para el Gobierno como para la central sindical, pasa por la profundidad de las reformas que exigirá el Fondo Monetario Internacional en el mercado laboral.

El pliego de concesiones puede interpretarse no sólo como un triunfo de la CGT, que hasta ahora no había acertado con el mecanismo para poner un freno a los ajustes planteados por el oficialismo, sino también del ala política del Ejecutivo que siempre apostó por la continuidad del diálogo a fuerza de atenciones a los dirigentes en contraposición con funcionarios como Marcos Peña o Nicolás Dujovne, quienes ayer insistieron con un discurso de trinchera contra la huelga.

Incluso ayer circulaba en los gremios de peso que Triaca haría una convocatoria para la semana que viene a la cúpula de la central obrera. A los ministros de perfil dialoguista ayer se sumó el nuevo encargado de Producción, Dante Sica -a quien sindicatos como los metalúrgicos de UOM lo consideran tropa propia-, que reconoció que las paritarias deberán actualizarse. La expectativa del ala más conciliadora del Gabinete es asociarse a la CGT mediante flexibilizaciones parciales del programa de ajuste fiscal para la contención de la protesta social que necesariamente se agudizará con los condicionamientos del FMI y las restricciones del propio programa económico.

Ayer en CGT el clima era de euforia. Una conferencia de prensa del triunvirato y parte del Consejo Directivo de la central reivindicó la contundencia de la medida de fuerza y llamó al Ejecutivo a una reanudación del diálogo pero con respuestas concretas. Uno de los miembros del triunvirato, Carlos Acuña, reconoció las diferencias entre el paro de diciembre pasado, virtualmente desapercibido, y el de ayer, y las puso en contexto: “el mérito es del Gobierno”, respondió. Héctor Daer, a su turno, advirtió que el acatamiento amplio de la huelga puede asimilarse “con la de junio de 2001 cuando fueron recortados los salarios de los estatales y las jubilaciones”, en un proceso que terminó a fin de ese año con la desintegración del gobierno de la Alianza.

En toda la conferencia de prensa sobrevoló el concepto de que sólo la CGT puede administrar el conflicto social. Como muestra todos los expositores reforzaron que la central obrera no necesitó de cortes de ruta o movilizaciones como promovieron la izquierda y el sindicalismo clasista- para garantizar la ausencia de actividad en buena parte del país.

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