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POSADAS

Trata: integrantes de una iglesia buscaron beneficiar a la imputada

Tres mujeres, todas integrantes de la Iglesia Mormona, intentaron mostrar a Estela Martínez como una mujer preocupada por el futuro de sus hijas y presentaron a su esposo como un hombre borracho y agresivo. Dos oficiales de la Policía Federal dijeron que en Pablo Podestá los vecinos vinculaban al otro imputado, Mario Francisco Arriola, con el prostíbulo que funcionaba en el barrio. El Tribunal Oral Federal de Posadas escuchó el viernes nuevos testimonios en el marco del juicio oral y público que podría terminar con la condena de Estela Martínez (37) y Mario Francisco Arriola”, quienes están procesados desde 2008 por el delito de trata de personas.

El dato más llamativo de la jornada fueron tres testimonios de mujeres integrantes de la Iglesia Mormona, a la que también concurrió un tiempo Estela Martínez con sus hijas, e incluso contrajo matrimonio con Eugenio a través de esa religión. Las testigos intentaron mostrar a la imputada como una buena madre, preocupada por el bienestar y el futuro de sus hijos; mientras que al padre lo tildaron de alcohólico y sin compromiso para con sus hijos.



Juliana Caniza, vecina de Martínez, contó que tenía un trato cotidiano con la mujer, ya que residían en el mismo barrio. La mostró como una mujer responsable y dijo que salió a trabajar luego de separarse de su marido, Eugenio. Sin embargo, tuvo que admitir que el viaje de Estela fue “repentino” y que le dijo en una oportunidad que estaba trabajando en la cocina de un bar de Buenos Aires. Y que Estela vino a buscar a su hija mayor, Fany, para trabajar de niñera.



Cristina de Cabrera, en tanto, aseguró que “se destacaba el afán de Martínez por preservar a sus hijas, ya que su esposo era alcohólico, una persona muy cerrada que nunca quiso acercarse a la iglesia”. Y agregó que “en una oportunidad Estela me dijo que se había desnudado delante de sus hijas”. La mujer indicó que “Estela me dijo que iba a trabajar de empleada doméstica en Buenos Aires” y que “había sido contactada por un hombre cuando trabajaba en un hospedaje” de Puerto Iguazú. Además, dijo que “es común que chicas de once o doce años se prostituyan” en la ciudad de las Cataratas.



También Silvia Pereira buscó dar una imagen distinta de la imputada. La calificó de “buena madre” y admitió que ésta solía discutir con Eugenio porque el hombre era muy celoso y dijo que era habitual que bebiera.



Por su parte, el comisario de la Policía Federal Jorge Fernández aseguró que el prostíbulo allanado en Pablo Podestá era conocido en el barrio y que la familia Arriola era temida, ya que los hijos de Mario “eran cañeros”, es decir que cometían robos a mano armada.



El oficial principal Sergio Fabián Barcas fue quien realizó las tareas de inteligencia previas a los allanamientos que luego ordenaría el juez federal de Eldorado. El policía dijo que “el encargado del burdel era un hombre que se llamaba Eustaquio, y su hermana Viviana. A ellos los detuvimos el año pasado porque regenteaban otro local similar a metros de la casa de Arriola”, agregó.



“A este hombre (por Arriola), los vecinos lo vinculaban con el prostíbulo donde Estela Martínez hacía “pases””, agregó. Pero también tuvo que admitir que al momento de realizar el allanamiento del bar de Arriola encontró a la mujer y a sus dos hijas más pequeñas sentadas en la cocina del local.



Estela Martínez está acusada de haber entregado a su hija Fany a una red de trata que era manejada por Arriola. La mujer viajó en 2008 sola a Buenos Aires y comenzó a trabajar en el burdel de Pablo Podestá, pero luego envió un pasaje para que su hija mayor viajara para trabajar como niñera. A poco de llegar, la joven advirtió que todo era un engaño y ante su negativa a prostituirse, fue llevada a la casa de Arriola, quien habría abusado sexualmente de ella en varias oportunidades y luego la llevó a Córdoba.



Unos meses después la chica logró regresar junto a su padre en Puerto Iguazú. Estela también retormó para llevar a sus hijas más chicas, situación que llevó a Fany a revelar el calvario que había vivido.



Con la asistencia del programa Luz de Infancia, la chica y su padre radicaron una denuncia que derivó luego en la detención de Arriola y de su propia madre, quienes ahora están sentados en el banquillo de los acusados.



 



 



 



 

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