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POSADAS

Un “ángel” que lleva la Bandera de Misiones

Tiene un síndrome genético “poco frecuente” cuenta su madre acerca de su hija que asiste al Colegio del Carmen, de Posadas. Estudia inglés y se divierte viendo en TV el Chavo del Ocho. La sonrisa en su rostro es fiel retrato de Priscila Castro, de 17 años. En sus ojos tiene un brillo especial, siempre atenta a los demás, muy querida por sus amigos, todos de unos 11 años, que finalizaron como ella el sexto grado del Colegio ubicado en la esquina de la avenida Santa Catalina y calle Gobernador Barreyro. Los mismos que la eligieron para ser abanderada como es de costumbre por ser la mejor compañera y el orgullo de su madre, Alba Sotelo, que supera todas sus expectativas.

La diferencia de edad se debe a que desde su nacimiento Priscila tuvo que acostumbrarse a vivir con un desorden genético que recién fue detectado en el hospital Pediátrico “Prof. Dr. Juan P. Garrahan”, de Buenos Aires, al nacer, como un retraso madurativo algo aún más complejo. Eso le impide integrarse en la escuela a compañeros de su misma edad por problemas de aprendizaje, pero para nada le imposibilita ser amada y amar a las personas que a diario le demostraron cómo lo que la hace diferente es en realidad relativo frente a la voluntad.
 
Nació con apenas dos kilos y su llanto se asemejaba a un “chillido”, recuerda su madre, porque tenía las cuerdas vocales unidas por una membrana. Para alimentarse sólo podía hacerlo mediante sonda, hasta los 3 años, “pero aparte de eso aprendí mediante ‘mi técnica’ –señala Sotelo- a ayudarla a tomar la mamadera porque al tercer trago se cansaba y yo le daba el chupete, para que sienta que igualmente tomaba la leche y mediante eso aumentó de peso, no se alimentaba sino y no podía mamar”.
 
La “extraña” enfermedad llamada “delección intersticial del par 4” es un  desorden genético poco frecuente que produce microcefalia y compromete su crecimiento –peso y talla- como también dificultades para el aprendizaje.


Un 24 de diciembre dio sus primeros pasos, a los dos años y medio, y recuerda la madre que cuando llegó el momento de iniciar la escolaridad “fue todo un tema, porque con cinco años ingresó a salita de tres en Mundo Niño, pero no quisieron aceptarla en primer grado”.
 
Desde entonces concurrió siempre a la escuela pública, “porque en la que yo trabajaba me incentivaron a hacerlo y así fue como empezó en la 813”, cuenta su progenitora que es docente. Allí cursó hasta el cuarto grado y “por problemas de aprendizaje dejó el primer grado por la mitad, pero luego retomó”, agregó. Al ser evaluada su situación y por recomendaciones la inscribieron en el Colegio del Carmen, donde asiste una primita de Priscila.  Retomó sus estudios pero desde segundo grado y ahora casi ha completado su escolaridad primaria cuando todo parecía más difícil.
 
“Siempre le gustó estudiar y ama a sus compañeros, aunque su capacidad se vea afectada”, dice la mamá. Recuerda a todos y cada uno de sus compañeros a diario, son su recuerdo permanente durante las vacaciones. Se divierte en su computadora viendo videos del “chavo del ocho” entre otros, además le gusta escuchar reggaeton.
 
La enseñanza del amor


La mencionó así el director del establecimiento educativo al verla, luego de un tiempo de observarla rezar en el patio junto a sus compañeros “para mi es un ángel”, emocionado cuenta Luis Cataldi. Agrega que no podía creer cuando la madre fue a verlo, llorando, porque quería que su hija estudiara allí. Si bien considera que éste caso ha tomado mucha relevancia, cree que como éste son muchos los casos de chicos que están bien atendidos en una escuelas públicas.
 
“Me criticaron mucho cuando decidimos ser la primer institución pública en incorporar a chicos con capacidades diferentes, porque no teníamos la capacidad operativa, pero sí creo que todos tenemos la capacidad de contenerlos y brindarle amor, con los niveles básicos de la enseñanza que requiere”, reflexiona. Asegura tener al menos a uno de ellos en cada grado.
 
El recuerdo más emocionante de Priscila fue verla en sus ‘quince años’, relata Cataldi, “porque sus compañeros tenían 9 años y bailaron con ella el vals, le hacían rondas para que baile en el medio. Sus familiares, súper emocionados, donde los Castro han tirado prácticamente la casa por la ventana”.
 
“Tuvimos que adaptar la currícula para ella y mediante el cariño de sus compañeritos fue aprendiendo, además de la enorme colaboración de psicopedagogos, fonoaudiólogos y los docentes que la quieren mucho”, asegura el directivo



Seguir adelante pese a todo
 
La vida que no la favoreció, pero la fortaleció al hacerle frente a una enfermedad conocida como uno de los dos tipos de alteraciones genéticas que existen y en el cromosoma –unidad en la que está contenida información genética- del par 4 perdió material. El otro desorden es de tipo numérico conocido como el síndrome de Down.
 
Priscila estudia inglés y con muy buenas notas ha concluido el año, “me gustaría ser profesora de Inglés” afirma y agrega que la materia que más le gusta es Informática. La madre -que expresa no estar “loca”- no pretende que su hija hable inglés a la perfección, “sino que el sentido es socializar y conocer otros jóvenes como ella”. Así, ambas le contaban a SEIS PAGINAS su historia y mientras se reproducía en la tele un DVD, en el que perdurará el recuerdo de sus quince años, que hasta las lágrimas, reflejaron la emoción del momento vivido dos años antes con la gente que ama. “Estoy muy feliz de que mi hija se sienta contenida y querida por sus compañeros como desde el momento que ingreso a la escuela y estoy muy agradecida; se ve que detrás de cada chico hay una familia que inculca valores”
 
Cataldi, fundador del Colegio del Carmen, en tanto decía que el mayor objetivo como institución es lograr que esa criatura -cualquiera de los que asiste a la escuela y en especial Priscila- pueda ser feliz y recalcó sobre todo que “ella no fue elegida abanderada por su discapacidad, sino por lo buen compañera que es y esa sonrisa que transmite dulzura, no sólo es el reflejo de su alma, sino parte de su vida cotidiana”, aclara el docente quien culmina su charla entre sollozos.

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