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Un posadeño cumplió el sueño de conocer a Ginobilli – Noticiasdel6.com
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Un posadeño cumplió el sueño de conocer a Ginobilli

Juan Pablo Trejo es un argentino, fanático del bahiense, que un día comenzó a pensar en un viaje a los Estados Unidos, ilusionado con la posibilidad de verlo. Ese sueño llegó mucho más allá y el misionero contó su historia.

Yo tengo un sueño es el nombre del discurso más famoso de Martín Luther King Jr lanzado el 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, durante una histórica manifestación en favor de los derechos civiles para los negros en los EE.UU. Desde entonces, el tercer lunes de enero se celebra en ese país el día de Martín Luther King en homenaje a su nacimiento, ocurrido el 15 de ese mes, casualmente el momento en que yo también pude cumplir uno de mis sueños: conocer a Emanuel Ginóbili.

Allá por el mes de abril de 2017 empezamos a idear con mi novia, Gabriela, nuestro primer viaje a los Estados Unidos. Analizamos y marcamos los lugares que nos gustaría visitar y entre una larga lista aparecía la opción de ver un partido de la NBA aunque esa circunstancia dependía de la decisión que pudiera tomar por ese entonces Manu, porque aún estaba en duda si el bahiense jugaría una temporada más.

Y aquí corresponde una pausa: recuerdo como si fuera ayer el momento del último juego suyo de la temporada anterior, ante Golden State, y me vuelvo a emocionar. Todo el AT&T Center coreaba manu, manu porque hasta ese momento todos sus fanáticos suponíamos que sería su último partido. Yo lo vi por ESPN y realmente fue emocionante.

Seguimos pensando en el viaje y en esa organización era fundamental la decisión de Manu. Lo había charlado muchas veces con mi hermano Juan Diego, tan fanático de él como yo, y le había dicho que si seguía tenía que ir a verlo y por suerte ese anuncio llegó. Allá por julio Ginóbili, que ya había cumplido 40 años, dijo que iba a seguir jugando en la NBA. Al enterarme de la noticia la compartí con mi novia y no dudamos en decidir que íbamos a ir a verlo. Ahí arranco otra historia…

Debíamos esperar a que se confirmara el fixture de la NBA para ver si coincidíamos en alguna de las ciudades que habíamos elegido para visitar. Eso ocurrió en octubre de 2017, momento que recuerdo como si fuera hoy. Corrían ya horas de la tarde noche en mi querida ciudad de Posadas, provincia de Misiones, cuando anunciaron los partidos de toda la temporada y ¡sí! Nuestra estadía en Nueva York coincidiría con un partido que Ginóbili jugaría con San Antonio. Era un sueño: íbamos a ver a nuestro ídolo en el mítico Madison Square Garden. Eso ocurrió hace apenas unos días, cuando presenciamos ese partido del que habló el mundo con el triple de carambola que metió el pibe de 40…

Eso nos animó a pensar en volver a ver otro partido de Manu in situ. La posibilidad, de ocurrir, sería en horas ya que San Antonio Spurs iba a jugar en su estadio ante Denver Nuggets en unos días. Hasta ese momento teníamos asegurado que iríamos a Nueva York y unos días después a Houston y, estando a tan pocos kilómetros de San Antonio, no podía no ir a verlo. Decidimos entonces viajar hasta allí, momento en el que comenzó definitivamente mi sueño.

Empecé a pensar cómo hacer para llegar hasta él. Confieso que realmente tenía muy pocas esperanzas de que esa posibilidad pudiera concretarse. Sé de lo difícil que es el mundo NBA pero para mi asombro, por medio de una tercera persona, pude conseguir dos pases para ver la previa del partido en la que algunos fans pueden estar cerca de los jugadores que hacen el calentamiento en la cancha y entonces el sueño comenzaba a tener cierto porcentaje de realidad.

Llego el día tan esperado. Salimos de Houston a las 9 de la mañana con Gaby, mi novia, rumbo a San Antonio. Durante las tres horas que duró el viaje me imaginé mil maneras de cruzarme con Manu. Yo solo deseaba poder verlo y sacarme una foto con él y la posibilidad existía pero la incertidumbre y el miedo por saber si ocurriría me dominaban.

Llegamos a San Antonio. A las 17:30 debíamos estar en la puerta del estadio y para eso faltaba tiempo. Almorzamos algo rápido en una pizzería cercana y allí, en una de las paredes, había una foto de Ginóbili junto a Tim Duncan. Al tipo lo aman en esa ciudad. Tras ello emprendimos camino al AT&T.

Finalmente llegamos. Mi ansiedad era absoluta. Seguimos las indicaciones que teníamos para el ingreso y yo ya sabía, por lo que me habían dicho, que los Spurs son una gran familia y así lo sentimos desde el primer momento. Entramos al lugar y lo primero que vimos fue una persona de seguridad que en su mano tenía tres anillos, uno por cada título de los Spurs en la NBA….

Tomamos el ascensor y llegamos al campo de juego y en el primer golpe de vista detecté a Kawhi Leonard haciendo su calentamiento. La emoción ya era absoluta. Caminamos y nos ubicamos en la primera fila, detrás de los aros donde estaban los jugadores de los Spurs realizando los movimientos correspondientes. Nos mirábamos con mi novia y no podíamos creer lo que estábamos viendo.

Tras unos minutos apareció Dany Green a centímetros nuestros. Increíble. Pero hasta entonces Manu no aparecía. Salió Tony Parker, estaban todos, menos él… Pasó un rato que se hizo largo porque la ansiedad se imponía. Fue pasadas las 19 cuando vimos a Emanuel  Ginóbili asomar por el túnel y dirigirse a la cancha a hacer su rutina previa al juego. Eso ya era mucho más de lo que yo pude haber imaginado. Yo llevaba la camiseta de la Selección de Básquet y esperaba que él nos viera hasta que, al cabo de unos minutos, se acercó a nosotros, supongo que al ver la albiceleste… Nos hizo un gesto con la mano como saludándonos, aún no lo puedo creer.

Sabíamos de su humildad y del tiempo que le dedica a sus fans en cada partido. Entonces me invadió una sensación fuerte por todo lo que habíamos hecho para estar ahí para verlo jugar. Pasó el tiempo, vimos llegar a la esposa de Manu y a sus hijos, los mellizos, quienes se sentaron a un par de butacas nuestras. Todo era fantástico.

Él terminó su rutina y fue a sentarse con su familia, ya en su rol de padre, con una ternura grandiosa, y luego de un tiempo se levantó y vino hacia nosotros. Es difícil explicar la emoción que me invadió y la que me atraviesa al recordarlo.

Nos preguntó de dónde éramos. Mostraba su humildad, cordialidad y buena onda. Le respondimos que de Misiones, intercambiamos unas palabras, le pedimos una foto y por dentro me preguntaba si eso que estaba pasando efectivamente estaba pasando. Yo estaba nervioso ante la chance de que la selfie saliera mal y pensé que él no tendría tiempo de esperar si le pedía otra pero él me dijo: "Tranquilo. Saquémosnos una buena foto". Allí fue cuando me sugirió que un tercero tomara la imagen y eso fue lo que ocurrió.

Mi sueño había quedado inmortalizado. Esa imagen está llena de historia porque allí está el mejor deportista de nuestra historia que, por si fuera poco, luego me firmó la camiseta que llevaba. "Ténganla bien tirante", dijo, y estampó su marca.

Mi sueño ya no era un sueño. Se había cumplido. Llegaré a Misiones, imprimiré la foto y la pondré en un cuadro. En otro colgaré la camiseta y esos serán mis tesoros. Los que verán mis hijos, mis sobrinos y nietos cuando pasen los años y aún se hable de Emanuel Ginóbili, el ídolo, el emblema, el genio, el pibe de 40, el que yo conocí…
Antes de irme Manu me pasó la manos por la espalda y me dijo: "Que sigan bien", y siguió su camino.

¿Qué siguió después? El partido ante los Nuggets y su tremenda volcada, la que vio todo el mundo. La que grité en el estadio como si hubiera sido un gol para el campeonato del mundo.
Sobre las 23 estábamos de regreso en el hotel con mi novia y aún no podíamos creer todo lo que habíamos vivido. Tomamos nuestras valijas porque en un puñado de horas dejaríamos San Antonio. Claro, con un sueño cumplido.

Fuente: Infobae / *NdR: El el autor de la nota es Juan Pablo Trejo.

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