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A 44 años de la Masacre de Margarita Belén: “Organizarse significó para la dictadura el peor de los crímenes de los militantes populares”

Graciela Franzen estaba presa en el penal de Devoto cuando le informaron que su hermano Luis Arturo, entonces con 24 años, había sido asesinado en Margarita Belén, Chaco, durante un supuesto traslado de una cárcel a otra de militantes populares detenidos en plena dictadura militar. Ella no dudó ni un minuto. Supo que no había sido un “enfrentamiento”, tal como lo había contado el Ejército, sino una ejecución lisa y llana.

Este domingo se cumplen 44 años de esa masacre ocurrida a la vera de la ruta nacional 11, a unos 30 kilómetros de Resistencia. “No podía creer que alguien lleno de vida, con planes y sueños por cumplir, haya sido asesinado de esa manera”, reconoció esta mujer que en Misiones se ha transformado en una de las principales referentes en cuanto a Derechos Humanos.

Cuatro fueron los misioneros masacrados en Margarita Belén: Luis Arturo Franzen, Carlos Enrique Terenczuck y Manuel Parodi Ocampo, de Posadas, y Carlos Alberto Duarte, de Puerto Esperanza.


“Arturo era el mayor de seis hermanos. Era una persona alegre, trabajadora, excelente bailarín, que había conseguido su primer empleo formal a los 14 años en el Correo. Lo recuerdo protector, compañero y alguien que siempre pensó en el otro. Era quien nos mimaba, nos compraba ropa, zapatos”, recordó Franzen en una entrevista con Crimen y Justicia, el programa de temas policiales y judiciales que se emite por Canal 6 Digital.

En 2011, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Resistencia condenó a prisión perpetua a los militares Gustavo Athos, Horacio Losito, Aldo Martínez Segón, Jorge Carnero Sabol, Ricardo Reyes, Germán Riquelme, Ernesto Simoni y Luis Patetta por el asesinato de 11 personas y la desaparición forzada de otros 4 prisioneros en Margarita Belén.

“Mi hermano fue seminarista, al igual que otros dos de los cuatro misioneros asesinados en esa masacre. Desde muy chiquito se preguntaba por la diferencia entre ricos y pobres. Decía que había que cambiar el mundo a través de la política. Empezó a recorrer los barrios siguiendo los preceptos de los curas tercermundistas que se habían inclinado por la opción de los pobres. Ambos comenzamos juntos a militar, en lugares diferentes pero con las mismas convicciones. Era organizarnos para pedir mejores condiciones para la gente humilde. Queríamos agua potable, luz eléctrica, mejoramiento de las calles. Organizarse significó para la dictadura el peor de los crímenes”, indicó.

Añadió que Luis Arturo organizó la Comisión Pro recuperación de Tierras, conformada por familias que corrían el riesgo de ser desalojadas. Eso le significó amenazas de muerte. “En 1975, luego de un allanamiento de 40 efectivos de distintas fuerzas que lo buscaban, pasó a la clandestinidad. Decidió no entregarse porque temía por su vida, pues se había enterado de que el Ejército estaba matando gente en otros puntos del país, como en Tucumán por ejemplo”, evocó.

Dijo que su hermano primero estuvo cuidado por familias de la Comisión y que luego salió de la provincia. Su último destino fue Chaco, donde lo mataron.

El jueves último, en coincidencia con el Día Internacional de la Memoria, Graciela y su familia trasladaron los restos de Luis Arturo a su morada definitiva. Luego de una intervención de la Justicia, se corrigió una situación irregular. “Mi hermano estaba inhumado en el sitio de Manuel Parodi Ocampo (24) y este en el lugar que le correspondía a mi hermano. Con la presencia de la jueza Federal de Resistencia, Zunilda Niremperger, cada uno fue trasladado donde debía estar. Fue una ceremonia muy emotiva”, resumió Graciela, aún conmovida.

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