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Justicia

A 47 años de la muerte de Irrazábal y Ayrault: “Estuvo todo preparado, para nosotros fue un magnicidio”

El 30 de noviembre de 1973, a las 20.32, cerca del aeropuerto de Puerto Iguazú se precipitó a tierra el avión Beechcraft Queen Air en el que viajaban el gobernador Juan Manuel Irrazábal y el vicegobernador César Napoleón Ayrault, sus respectivas esposas, una hija del primero y el piloto Jorge Antonio Pirovani. Salvo la joven, el resto murió en el acto. Sin embargo, la menor dejó de existir en el Instituto del Quemado de Buenos Aires. A 47 años de ese trágico suceso, las familias de las víctimas siguen pidiendo una investigación a fondo, porque tienen todas las sospechas de que se trató de un atentando, un magnicidio.

La causa actualmente se encuentra en manos del juez Federal de Eldorado, Miguel Guerrero, quien tiene que resolver un pedido de las familias de las víctimas que se declare nulo el expediente que inició sobre el hecho en su momento la Justicia provincial.

Hay dos hipótesis: una es una bomba adentro de la nave y la otra es que dispararon con armas de grueso calibre, desde tierra, al avión.

“Estoy al frente de la querella, como apoderado de las tres familias. El dolor siempre es inmenso e irreparable, pero lo que preocupa es que hay mucho olvido de todo esto. Y entendemos que lo que se ha dicho y comentado, no es la verdad”, indicó el abogado Pedro Pirovani, hijo del piloto, en una extensa entrevista con Crimen y Justica, el programa de temas policiales y judiciales que se emite por Canal 6.
“Desde que comenzamos la denuncia ante la Justicia Federal, aportamos elementos importantísimos, desde que se nos dio la oportunidad a partir de un fallo de la Cámara de Casación que determinó que todos los crímenes cometidos por la Triple A eran de lesa humanidad y por lo tanto no prescribían. Eso nos permitió avanzar en el tema. Pero claro, estamos hablando del inicio de la causa en julio de 2007, hace apenas 13 años”, contó.

Pirovani explicó que aún no hay certeza para determinar a los responsables del hecho. “Era un viaje de rutina. El vice iba a ir en su auto, pero como tenían que charlar de cuestiones muy particulares, Irrazábal quiso que Ayrault lo acompañe y este pidió que pilotara mi papá, a quien no le tocaba comandar el vuelo”, recordó.

“Llegando a Puerto Península, cerca de destino, mi padre pide pista y se la asignan. Poco después se producen dos explosiones y el avión cae. El operador de la torre no pudo declarar en la causa, pero se reprodujo su versión en los medios. Dijo que el piloto puso en emergencia al nave diciendo que había fuego en la cabina y luego se pierde todo contacto”, relató.

El abogado dijo que a partir de ahí “se empiezan a conjeturar un montón de hipótesis, algunas dañinas, como que el avión lo piloteaba Irrazábal. Dijeron que mi padre había tomado pastillas para adelgazar y se desvaneció. Pero se hizo la autopsia y no encontraron nada”.

El segundo atentado

“La única que podía contar algo de lo que sucedió arriba era Susana Irrazábal, la sobreviviente. Ella fue llevada al Hospital Central del Quemado de Buenos Aires. Pero en forma súbita, el 6 de febrero de 1974, fallece. Todo un misterio. Nosotros decimos que fue el segundo atentado. Pero la chica había hablado. Le contó a una tía que el avión explotó en el aire, con lo cual no estamos hablando de un accidente, sino de un magnicidio. Ellos pensaban que no iba a quedar nadie vivo”, añadió.

Sostuvo que las políticas llevadas adelante por el entonces Gobierno desarrollista de la provincia ponían en jaque a ciertos poderes monopólicos. Además, los mandatarios habían denunciado el contrabando que pasaba por Misiones, de harina, de armas y de soja forrajera.

De lo sucedido apenas hay un expediente de 86 fojas tramitado en la Justicia provincial, que, para Pirovani, no tenía competencia. “Pero el STJ le instruye al juez de turno de Eldordo que se aboque a la investigación y libre oficio a Buenos Aires a los fines de traer el cuerpo de Susana Irrazábal. Allí se acompaña un sumario policial que realmente traído de los pelos”, apuntó.

“A ese sumario se agregó la historia clínica de Susana. Y allí se notan dos cosas: dice que el tío de la fallecida manifestó que le entregaron el cuerpo en la Comisaría Décima de Capital Federal, cosa que él lo negó. Y lo otro es que a las 22 llega el cuerpo a la morque del Instituto del Quemado y el médico forenses ve que las quemaduras estaban sanando. Pide entonces una necropsia, pero esta no se hace”, señaló para aportar otro punto oscuro del caso.

Pirovani añadió que el 17 de octubre de 1974 la Fuerza Aérea eleva un informe “donde sin ningún tipo de sustento científico-técnico hace una conclusión, apuntó al piloto. Dijo que mi papá se había despistado porque no tenía experiencia, cuando en realidad contaba con 11 mil horas de vuelo. Nosotros pedimos tras la apertura de la causa en 2007 que esa institución nos envié los antecedentes de ese documento, pero no había absolutamente nada”.

“El perito forense de la Corte Suprema manifestó en su dictamen que las cuatro personas que murieron en el acto tenían fractura el coxis a la altura de la cadera, lo que da la pauta de que el avión se puso en emergencia y los ocupantes se aferraron. Susana venía atrás y como el avión se partió por la mitad, ella se salvó, porque la cola se precipitó en un lugar diferente”, ilustró.

Pirovani reiteró que para las familias “todo estuvo preparado, fue un magnicidio. En estos 13 años, la fiscal no ha hecho nada. Nosotros buscamos los testigos, los proponemos. El misionero necesita la verdad real de cómo sucedieron las cosas”.

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