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Aña Cuá: evalúan de “alto riesgo” el proyecto en ejecución, desde una perspectiva técnica

En  el Conversatorio sobre Aña Cuá, patrocinado por el Centro de Ingenieros del Chaco, el ingeniero misionero Carlos Freaza evaluó las diferencias existentes entre el proyecto original de Aña Cua y el nuevo proyecto elaborado en el 2017 y puesto en ejecución en el 2019, porque supone romper, hacer un corte de 500 metros en la represa, con maniobras a sólo 200 metros del eje de Yacyretá. “Hacer un corte de esta envergadura en una represa en funcionamiento es de altísimo riesgo. A mí no se me ocurriría”.

Inclusive excavar en el lecho del embalse hasta llegar a 1 metro del nivel del mar, lo que supone excavar por debajo de entre 19 y 20 metros del lecho del embalse. Freaza dijo desconocer las razones que llevaron a las entonces autoridades de la Entidad Binacional Yacyretá a cambiar el proyecto original y señaló que su evaluación las realizaba “desde afuera” como ingeniero que ya no pertenece a la EBY. Juzgó que todo ese movimiento tenía que ver con insertar las tres turbinas Kaplan, en lugar de las cinco turbinas tipo bulbo que estaban incluidas en el proyecto original.

Una idea de antigua data

 

Freaza comentó que el propósito del proyecto Aña Cuá era “tratar de utilizar el caudal que se perdía, ya que por cuestiones ecológicas había que evacuar determinado caudal por los secundarios para permitir que tenga cierto nivel de restitución de agua”.

Se trataba de 1.500 metros cúbicos por segundo según se había acordado con Paraguay, apuntó en el debate que tuvo lugar el miércoles último, por video conferencia.

La iniciativa surge ya en 1987 con un estudio que se pide a Harza y efectiviza en 1988, continua MWH y ya con nivel de factibilidad en 1999, enumera Freaza dando cuenta que en paralelo Impsa (Industrias Metalúrgicas Pescarmona SA), presenta una iniciativa privada. En el 2000 la EBY incluye la iniciativa privada en la reglamentación de inversiones y hace un llamado a licitación de preselección. Pero se abre un período de controversias, presentaciones judiciales luego desestimadas por infundadas y en diciembre del 2008, la EBY deja de lado definitivamente el llamado a licitación que se había realizado.

 

Del 2011 data el proyecto que finalmente se adopta, se licitó en el 2012 la segunda etapa con ofertas técnicas y económicas que fueron suspendidas en el año 2013. “Contemplaba 5 turbinas tipo bulbo con 273 MW totales de potencia, sin tocar absolutamente nada de la represa. Era una obra absolutamente independiente.

“No interfiere absolutamente para nada con la estructura de la represa. No disminuye para nada la capacidad de evacuación del vertedero, permitiendo con la compuertas previstas la evacuación del  100% del caudal original”, consignó Freaza.

Para puntualizar que “los conceptos considerados para esta obra fueron reducción del volumen de obra. Disminución del costo del proyecto. Acortamiento del plazo de construcción. Evitar intervenir en la presa existente. Simplificar el proceso constructivo y disminuir el volumen de construcciones temporarias (ataguías y recintos). Favorecer la operación con variaciones de caudales turbinados con mayores eficiencias. Disminuir las afectaciones a la generación por mantenimiento de las unidades. Focalizar el proyecto a las condiciones medioambientales. Mejorar la rentabilidad de la inversión, incrementar la posibilidad de acceder al financiamiento”.

La alternativa elegida

Pero la alternativa seleccionada por EBY corresponde a un proyecto que data del 2017 y fue licitado en el 2019, con adjudicación ese mismo año.  “Contempla realizar un corte de 500 metros de la presa para instalar 3 turbinas tipo Kaplan de 270 MW totales de potencia. El corte de la presa, núcleo impermeable, pantalla de bentonita, es una obra de altísimo riesgo”, definió Freaza.

 

Dijo que su posición es crítica al proyecto en ejecución porque supone generar una situación de alto riesgo para la represa.-

Y explica respondiendo a preguntas que se le formulan en el debate: “se trata de material suelto el que se ubica en la zona del corte”, pero el proyecto en su integralidad “supone un inserción con excavaciones a solo 200 metros del eje de la represa. Excavaciones en el lecho del río hasta llegar a cota de un metro sobre el nivel del mar, cuando la cota del embalse en este sector está a 45 metros, lo que supone que hay que excavar entre 19 y 20 metros de profundidad por debajo del lecho del río para poder meter la central de las turbinas Kaplan”.

Y admite que las voladuras que se necesita hacer para la excavación en roca “podrían generar vibraciones en la pantalla de la represa porque se realizan a sólo 200 metros del eje de la presa, para insertar esa maquinaria, por eso digo que es de altísimo riesgo”. Indicó que “la pantalla está absolutamente húmeda por el embalse que está a cota 83 y está la impermeabilidad de la pantalla metida en el lecho del río para garantizar la impermeabilidad del embalse”.

Añadió que como ingeniero no se le ocurría realizar voladuras a tan corta distancia. Dijo desconocer la diferencia de inversión contemplada en uno y otro proyecto, pero consideró que en la evaluación de un proyecto que no genera riesgos y otro que sí lo hace para obtener la misma potencia, él se inclinará por el que no supone riesgo. “Hablamos de hacer un corte en una represa en funcionamiento a solo 200 metros de su eje. Yo no lo haría”.

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