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Antonella: el frágil mundo de la niñez y los fantasmas desterrados

La pequeña tiene apenas 4 años y parece por demás injusto que haya atravesado momentos de tensión y zozobra que, con seguridad, no tendrían para ella ningún significado. Eran cuestiones de grandes, inentendibles y sorprendentes, angustiantes. Los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente, como ocurren las cosas en la actualidad. Y de buenas a primeras aparecieron los fantasmas que Misiones había desterrado.

Son muchas las decisiones que se fueron sucediendo en el tiempo: primero la creación y designación del defensor del Niño, Niña y Adolescente, que inclusive fue vanguardia a nivel nacional, ya que su par de Nación fue designada recién a fines de febrero de este año.

Después, en este 2020 de pandemia, la Cámara de Representantes de la Provincia por iniciativa de su presidente Carlos Rovira modificó la Ley de Municipalidades a fin de garantizar la conformación al nivel de las comunas de organismos que se encargaran del resguardo de los derechos de la niñez y la adolescencia.

Normas todas ellas que se sumaron a la conformación del Registro Provincial para la Adopción que Misiones también adoptó para ponerle fin a la compra venta de bebés que encontraba en los pequeños misioneros niños “atractivos” para personas incapaces de valorar la infancia, pero con recursos suficientes como para transformarlos en mercancía.

Semejante inhumanidad quedó en el pasado, y se dieron casos ejemplares de familias que adoptaban inclusive hermanitos, para mantenerles la identidad y el único vínculo de la familia biológica original que les restaba.

Todo parecía encaminarse sobre rieles. Pero existe la presunción de que cuanto se avanza sin pausa, hay un tirón hacia el retroceso. Que debe ser rápidamente conjurado, para que los fantasmas sigan permaneciendo en el destierro.

Las Defensorías misionera y nacional, pidieron intervenir a los Poderes del Estado para analizar lo sucedido y proceder en consecuencia, con un elemento más: ver la forma de capacitar de modo tal que los derechos de la niñez y la adolescencia estén resguardados siempre.

Y una intervención que parece muy oportuna, la del defensor oficial que busca una salida en condiciones de conciliar sentimientos, vinculaciones, y que, resguardando la identidad de la pequeña, también mantenga su afectuosa relación con ese matrimonio que la cobijó apenas nacida –con escaso mes y medio- y lo hizo durante 4 años.

Los derechos de niños, niñas y adolescentes, son prioridad. En este caso, los de la pequeña Antonella.

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