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EDITORIAL

Argentina, un ejemplo de madurez política en una vecindad lacerada

Este domingo 27, la Argentina será un ejemplo para sus hermanas latinoamericanas. Inmersa en una grave crisis económica y social, buscará la salida mediante la concurrencia a las urnas, en forma pacífica. Y la crisis es de gravedad profunda. En un país productor de alimentos la pobreza se enseñoreó en los más débiles y afecta a la mitad de los niños. El desempleó volvió a trepar a los dos dígitos en las grandes concentraciones urbanas. Las pequeñas y medianas empresas y aún las más grandes no dejan de bajar las persianas y despedir gente. En tanto la inflación se lleva puestos salarios y jubilaciones.

Pero la gente espera resolver todo esto en paz, después de haber gestionado los más diversos paliativos. Y este domingo irá a las urnas, se movilizará por millones para elegir a quien quiere que la gobierne en los próximos cuatro años. A quien quiere en la oposición para reequilibrar el rumbo cuando hay desvíos. Que así debiera ser, una oposición a la altura de las circunstancias.

Circunstancias que seguirán siendo graves, porque la crisis no podrá resolverse de la noche a la mañana, ni será responsabilidad de uno o varios sectores. Acá se requerirá del conjunto de la sociedad en una distribución de la carga equitativa. También alienta esta salida el comportamiento actual.

Porque es cierto que hay conductas especulativas. Las hay genuinas, aquellos que quieren proteger sus ahorros, y quienes sólo pretenden medrar con la expectación del resultado de los comicios. Los hay también remarcadores del precio de los alimentos, pero los más pobres ya vienen mal alimentándose.

Claro que también en Argentina hubo protestas callejeras, irritantes cortes del tránsito y quema de neumáticos. Pero siempre fueron los menos. Podría decirse que las colas de personas queriendo comprar dólares hacia fines de la semana que acaba de concluir igualmente fueron los menos. El ritmo del microcentro no se alteró. El tráfico era igualmente intenso como un día normal.

Argentina ya sufrió graves desencuentros en el pasado, padeció una dictadura y en la crisis del 2001 hasta lloró muertos en las manifestaciones callejeras. Es evidente entonces que no quiere ese presente. Que se ha jugado por la paz. Hasta podría decirse que por aquella iniciativa internacional que le valió el primer Premio Nobel de la Paz a la Argentina: la resolución pacífica de los conflictos. Una distinción que fue la primera recibida en Latinoamérica.

En la misma región hermana en la que se han vivido en las últimas semanas sangrientas manifestaciones: Chile, Ecuador. Y hasta la crisis electoral de Bolivia. Argentina está mostrando otro camino.

 

 

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