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Justicia

Caso del soldado Ramírez: “A Mauro lo mataron y pedimos la indagatoria de dos compañeros que creemos que tuvieron que ver con el asesinato”

Susana Pintos lleva 17 años de una lucha destina a saber cómo fueron las circunstancias en las que murió su hijo Mauro Ramírez (22), soldado del Ejército Argentino, al que encontraron sin vida, con un disparo de fusil en el pecho, en el perímetro del Regimiento de Infantería de Monte 30, sobre la ruta provincial 10 y camino a Colonia Liebig, en Apóstoles, en junio de 2003. Ella asegura que al muchacho lo mataron y apunta directamente a dos colegas.

Desde que sucedió el hecho, el expediente pasó por distintos magistrados y fiscales. Susana afirma que tuvo que escuchar de todo, como un defensor oficial irrespetuoso, que le lanzó una frase cruel: “Andá llorarle a los Derechos Humanos”.

“El primer juez del caso, el que entonces estaba a cargo del Instrucción de Apóstoles, José Antonio Reyes, archivó el expediente en tres meses. No había averiguado absolutamente nada”, recordó Susana en una entrevista con Crimen y Justicia, el programa que aborda de manera exclusiva temas policiales y judiciales por la pantalla del Canal 6 Digital.

“Ahora la causa está completamente paralizada. La situación me preocupa. No hay avances, ahora por la pandemia. Lo que se debe resolver es una parte del informe forense del Ministerio de Seguridad de la Nación”, puntualizó.

“Eso no ha llegado aún. Y lo otro es el llamado a indagatoria a los dos militares que estuvieron y que consideramos que son responsables de la muerte de mi hijo”, completó.

Para la madre de Mauro, desde que sucedió la muerte empezaron las irregularidades. “Él murió la mañana del 26 de junio de 2003 y recién el 27 a las 14 pude ver el cuerpo. Estando frente a la Morgue, vi como los militares se llevaban el uniforme de mi hijo en una bolsa. Y no sé dónde fue a parar. Cuando la causa pasó a archivo en la Justicia provincial, la Policía entregó al Ejército el arma y otros elementos de Mauro”, detalló.

“Uno como madre no está preparada para ese tipo de situaciones y menos cuando sucede en otra provincia. Entré en un estado depresivo”, admitió Susana, quien al igual que su hijo es original de la ciudad de Resistencia, Chaco, donde aún reside.

“Recién en diciembre de 2003 intervino la Justicia Federal. Y pidió las actuaciones a la de Misiones. Tuvo que intervenir la Corte Suprema, que ordenó que sea el fuero federal el que debía investigar. Pasó un tiempo muy importante y creo que se perdieron muchas pruebas. Se contaminó todo el lugar del hecho. Fue una serie de irregularidades que hubo en estos 17 años”, comentó.

Susana recordó que en 2006, “se produjo la reconstrucción y luego la exhumación del cuerpo. Fue algo terrible. En la reconstrucción, estuvo presente el fiscal Juan Carlos Tesoriero, que tomó tres declaraciones. El primer testigo ubicó los pies de mi hijo lejos de la garita donde lo encontraron muerto. Contó que vio a Mauro con el arma al costado del cuerpo. El otro testigo sí lo ubica dentro de la Garita, con el arma entre las piernas. Y dice que el cuerpo estaba frío. El restante, el que tomó la foto que tengo, es un capitán, lo ubica dentro de la Garita, pero el arma sobre la pierna izquierda. Creemos que el cuerpo de Mauro fue movido”.

Después de que ese defensor insensible y poco responsable, mandara a Susana “a llorar” con los organismos de Derechos Humanos, ya en 2008, “la jueza subrogante Alicia Borches pide archivo de la causa por inexistencia de delito. Me piden a mí que aporte nuevas pruebas. Algo insólito”.

Recién siete años después, Susana Pintos logró que el caso volviera a investigarse. “La entonces Procuradora General de la Nación en 2015 estuvo en Chaco y pude hablar con ella. El 26 de junio de ese año, ella pide que el caso sea investigado como un hecho de violencia institucional. Designan un fiscal y yo un defensor de Bahía Blanca. Pedimos un juez imparcial, que no haya intervenido en la causa, y lo designaron a Miguel Ángel Guerrero”.

Guerrero ha tomado una serie de medidas, entre ellas testimoniales. Y ha pedido pericias, esas que están demoradas.

“Voy a seguir reclamando por la memoria de mi hijo. Él no se suicidó. Nunca tuvo problemas de depresión, quienes trataron con él, incluso nosotros que lo vimos días antes, sabemos que estaba bien. Iba a casarse en noviembre de ese año. A Mauro lo mataron”, sentenció Susana, lejos de rendirse.

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