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Certeza por sobre todas las cosas

Posadas

Recientes estudios de opinión pública demuestran con contundencia que a la hora de definir las preferencias electorales los misioneros tienen en cuenta la gestión por encima de otros aspectos. La grieta impulsada desde el país central se diluye en la sociedad misionera por el alto impacto de la hiperactividad de la agenda del gobierno provincial.

(*) Por Nicolás Marchiori

El ideal de certeza, tanto teórica como práctica, no se puede plantear separado de la acción. Las certezas son una respuesta humana, entre otras posibles, a las incertidumbres de la vida.


En nuestro tiempo, la incertidumbre se ha convertido en un motivo recurrente. Zygmunt Bauman sostiene en su obra “Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre” que “nos encontramos en una incertidumbre endémica”.
El país atraviesa por tiempos en donde la desafección política se ha transformado en un problema grave para la vida democrática. El fenómeno socio-político de la “grieta” ha generado un duro golpe para una sociedad cada vez más polarizada por visiones radicalizadas. La desafección no tiene que ver con el descontento, es algo más profundo. El descontento no suele afectar la legitimidad democrática y es, sobre todo, coyuntural. La desafección política en cambio implica una profunda insatisfacción con los resultados de las instituciones democráticas, independientemente del partido o individuos que las estén operando. En realidad, no implica un cuestionamiento al sistema democrático. Esto se traduce en ausencia de pertenencia, disgusto, falta de representación, desconfianza y rechazo a los partidos políticos.


La desafección política invade, sobre todo, a los nuevos electores: jóvenes, informados, críticos y conectados (millennials). Este segmento del electorado es el que compone el voto volátil y define una elección. Son los que adoptan una actitud antipolítica y presentan dos posturas: no acuden a votar porque no creen en el sistema de partidos, o votan para ver perder al partido en el gobierno.

El escenario político de la Argentina, producto de la grieta, ha derivado en la aparición de un sistema “bicoalicionista” de partidos que representan ideologías cada vez más radicalizadas. Esta visión maniquea de la política ha dado lugar a la aparición de los movimientos provincialistas que toman distancia de esa lógica amigo/enemigo, anti/a favor, y se viene observando el crecimiento de terceras fuerzas con una fuerte impronta de defensa de lo local con fuerte apoyo de un sector cada vez más grande de la sociedad que escapa a la visión sesgada y extremista que plantea la grieta.

Por un lado, estos dos grandes espacios nacionales solo centran su atención en la puja del poder, tanto interno como externo. En la lógica de los dirigentes de estas fuerzas, no existe nada más importante que la construcción y, consecuentemente, consolidación del poder. Por el otro, fuera de la burbuja de la política, los ciudadanos de a pie transitan los avatares de la vida con un sentimiento cada vez más grande de orfandad. A la gente de carne y hueso no le importa las disputas políticas por el poder, quieren soluciones para sus problemas. Problemas que en gran medida son derivados de esta visión totalmente disociada de la ciudadanía en la que está inmersa gran parte de la clase política.

En líneas generales, la política está funcionando mal y no está cumpliendo con su rol. Muchos dirigentes políticos no han tomado conciencia todavía que el mundo actual atraviesa una gravísima crisis no solo económica, sino incluso una aún más grave crisis política, social, moral e ideológica. Por supuesto, muchos se comportan de manera honesta e infatigable, hacen muchísimos esfuerzos y tratan de manejar la situación de adversidad y unir a toda la sociedad en la lucha. Sin embargo, la mayor parte de la clase dirigente toma decisiones equivocadas. Reaccionan demasiado tarde. Sin la preparación necesaria para poder elegir una estrategia efectiva y acertada. Sin ninguna visión de conjunto.

Los pueblos, a su vez, comienzan a entender que aquellos encargados de llevar las riendas del futuro, aquellos que los dirigen, no hacen lo que deben, en el momento que deben. Observan que en escenarios complejos estos “hombres de Estado” se quedan un buen tiempo paralizados ante las decisiones por tomar; son incapaces de prever y de proveerse las herramientas necesarias para elegir la política más adecuada. Pueden notar que son demasiado débiles e inseguros y están sometidos a influencias perniciosas y todo se reduce a objetivos e intereses políticos.

Superado un nuevo año electoral, en donde el propósito de salir a escuchar para estar más cerca de la sociedad quedó reducido a un slogan de campaña para las dos fuerzas nacionales que avivan y agigantan día a día la grieta, la clase dirigente puede advertir que el equilibrio es cada vez más precario y que la sociedad ya no tolera nuevos espectáculos de riñas en la cima del poder. Dicho esto, cada vez son más los analistas de opinión pública que advierten más enojo de la sociedad con los políticos que con la política.


El régimen bicoalicionista en el que se ordenó hace más de tres años el sistema político argentino retroalimenta, estabiliza y refuerza aquella configuración disfuncional del vínculo entre las elites políticas y la sociedad.


La gestión: factor determinante en las preferencias

Si bien el 2023 todavía está lejos, y además las inquietudes y preocupaciones de la gente pasan por otro lado, ya se empiezan a conocer diferentes mediciones de la opinión pública misionera.
De los números arrojados por las preferencias de la ciudadanía, surge que la hiperactividad que marca el pulso de la agenda del gobierno provincial es un factor determinante a la hora de las inclinaciones de la ciudadanía.

Mirando hacia atrás, la gestión de la pandemia por parte del Gobierno Provincial, que a esta altura ya se la puede calificar como exitosa gracias a la contundencia de los índices de salud y económicos. Respecto al primero, Misiones cuenta con una de las tasas de mortalidad más bajas del país cada 100 mil habitantes. Con relación a lo segundo, los informes económicos de IARAF, Politikón e Indec coinciden y remarcan que fue la provincia con mejor desempeño en crecimiento de consumo, construcción, cemento, crecimiento del empleo privado, de la actividad laboral y disminución de la pobreza. Esto es el resultado de la famosa “Estrategia Binaria”, que anunciaba Carlos Rovira en aquella conferencia de prensa brindada en la Cámara de Representantes en mayo de 2020 tras 43 días de aislamiento obligatorio en toda la provincia.

En el presente, la impronta de cercanía con la gente desplegada por el Gobierno de la Renovación a lo largo del territorio provincial en todos los niveles permite gozar al Gobernador Herrera Ahuad y al Vice Gobernador Carlos Arce de una imagen positiva que oscila el 80%. Este fenómeno se extiende a los intendentes renovadores que experimentan una buena imagen gracias a la gestión y a la escucha activa de las necesidades y problemáticas de la gente en cada uno de sus pueblos.

Las palabras que más se repiten cuando los misioneros explican sus preferencias son: certeza y confianza. De esta forma, la percepción de la ciudadanía es que un gobierno con la impronta con la que viene desplegando la Renovación cada una de sus políticas públicas es el que en mayor medida puede garantizarle un mejor futuro.

De allí radica la contundencia de los números de las mediciones realizada por la prestigiosa consultora dirigida por Analía Del Franco. Si bien no existen definiciones de candidaturas, porque las prioridades del Frente Renovador, hoy por hoy pasan por resolver los problemas cotidianos de los misioneros, los eventuales competidores para los cargos ejecutivos (aquellos que la opinión pública los ve como posibles candidatos en 2023) sacan una ventaja abismal sobre sus adversarios de otros espacios políticos. Tal es así que el mejor candidato de la oposición cuenta con una intención de voto inferior al tercer candidato del Frente Renovador de la Concordia.

Las tres figuras de la Renovación que se encuentran entre las de mayor preferencia de los misioneros son el ex-gobernador y actual diputado provincial Hugo Passalacqua, el Intendente de Posadas Leonardo Stelatto y el vice-gobernador Carlos Arce. Por otro lado, el opositor con mayor apoyo es al actual diputado nacional Martín Arjol.

Otro dato importante, arrojado por las mediciones de Del Franco, es que el 62% de los consultados se manifestó como adherente al gobierno provincial, sólo un 16% como opositor y el resto no sabe o no contesta.

El trabajo presentado por la Consultora de Buenos Aires arroja como elemento saliente que cualquiera de los tres posibles candidatos del Frente Renovador que se presente a elecciones para el cargo de gobernador, estaría sacando 3 veces más votos que el mejor candidato opositor.

(*) NICOLAS MARCHIORI – Abogado. Diplomado en Manejo de Crisis y en Análisis de Procesos Electorales. Posgrado de Especialización en Comunicación de Gobierno y Electoral. Becario de la Fundación Konrad Adenauer y del Centro de Análisis y Entrenamiento Político – CAEP (Colombia).