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Concepción: más de 50 familias reclaman tanque de agua con mayor caudal

En el barrio “Pileta” y Picada Machado, de la localidad de Concepción de la Sierra, viven más de 50 familias que padecen desde hace años la falta de agua potable; pero en esta pandemia por el Covid-19 resolverlo es más urgente y necesario.

Algunas madres recurren como alternativa a una vertiente cercana ubicada a unos 800 metros. Otros vecinos, esperan durante la madrugada que se junte agua en el tanque y cargan en botellas.

Los pobladores realizaron innumerables reclamos pero aun no obtuvieron respuestas.

“Estuvimos recorriendo la zona con las militantes Rocío Carballo, de Concepción y Andy Sosa y Gaby Bruno de Apóstoles; hablamos con las familias y tenemos que admitir que las autoridades de la Municipalidad administrada por el intendente Carlos Pernigotti tratan a los vecinos y vecinas de ese barrio empobrecido como ciudadanos de segunda. No sólo falta el agua que es un servicio básico; además hay niños, niñas, mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad sin control ni asistencia sanitaria, están carentes de todo derecho”, afirmó el diputado del Frente Popular Agrario y Social, Martín Sereno, quien inició gestiones para buscar una solución.

“Creemos que la solución no es tan complicada porque las familias necesitan un tanque más grande, que contenga mayor caudal, con una bomba más potente, o un tanque intermedio entre el que está lejos y el barrio, para que tengan consumo suficiente las 40 familias del Pileta y las 15 de la Picada Machado”, advirtió Sereno.

Personas discapacitadas las más afectadas

Amanda Isabel Suárez, vive en el barrio “Pileta”, con su marido que tuvo un ACV hace tres años y quedó sin habla y postrado en una cama; además su hijo de 25 años se accidentó a los ocho meses, y como producto de una lesión no camina y tiene medio cuerpo paralizado. No reciben atención médica, ni asistencia social.

Ella compró con mucho esfuerzo una manguera y todas los elementos para hacer la conexión; pero sigue sin acceso al servicio.

“Sólo pido que nos den agua. No puedo dejar solos a mi marido, y a mi hijo porque los dos están discapacitados. El otro día mi hijo se cayó y se lastimó un ojo. No puedo alejarme mucho, y cada vez que tengo que hacer trámites en el pueblo, o ir al banco a cobrar, siempre ando corriendo para llegar y que no les pase nada”, señaló la mujer.

Se queja porque al barrio no llega la acción social, ni atención sanitaria, como tampoco promotores de salud. “Mi hijo y mi marido necesitan tratamiento de kinesiología que no tienen, y para los controles tengo que llevarlos en remise al hospital; pero también es caro y apenas nos alcanza la plata.Desde que vinimos acá hace unos seis meses no tenemos agua. Antes vivíamos en una casita casi en la entrada del pueblo; pero el terreno es del Intendente y él nos sacó de ahí y a pesar de la discapacidad de mi familia, nos mandó para acá. Tenemos luz, pero nos falta el agua”, insistió.

“Cargo varias botellas a la madrugada”

En el barrio también vive Sandra Figueredo con su marido, una hija de tres años y está embarazada de siete meses y como el resto de los habitantes no tiene agua. Durante la noche hace guardia para llenar algunas botellas a la madrugada y guardar para el consumo de cocción de alimentos; pero para limpiar la casa y la higiene personal se complica y debe recurrir a la vertiente.

“El caudal es insuficiente y en el verano prácticamente todo el día estamos sin agua. Tenemos que ir a la vertiente con baldes y botellas. No es fácil y en estos momentos con mi embarazo tan avanzado, me da miedo cargar el peso de los baldes en varios viajes”, relató.

Comentó que hablaron con el Intendente, “pero no nos solucionó el problema”. “Promete, pero acá necesitamos agua, no promesas. En la picada llega el agua del barrio pero no alcanza. El Intendente tendría que venir una semana a vivir acá para sentir en su cuero lo que significa no tener agua”, cuestionó la mujer.

Sandra también necesita un corte de casa, que -dijo- se cansó de pedir en la Municipalidad; pero no la ayudaron. “Estamos viviendo en esta casita que nos prestaron por unos meses hasta que consigamos construir la nuestra, pero no tenemos de donde sacar plata”, reiteró.

No hay higiene sin agua y menos en pandemia

Otra de las madres, Adriana Figueredo, tiene 31 años, cuatro hijos y espera el quinto. Vive en el populoso “Pileta” hace unos 20 años y aseguró que desde entonces tuvieron problemas con el agua. Hay un tramo en que el Municipio puso una manguera; pero no es suficiente.

“En el verano sólo tenemos la vertiente para todos los vecinos y en invierno hay un poco más de agua que juntamos a la noche en tachos. Si no hacemos así, nos quedamos secos todo el día.
La respuesta de la Municipalidad es que el tanque es muy chico y que tenemos que juntar plata para comprar uno más grande o colocar una manguera más gruesa; pero si no hay caudal en el tanque, no importa la manguera.

Los gobernantes no conocen cómo vivimos, hablan de que cuidemos la higiene por el coronavirus y nos obligan a vivir sin agua, ¿cómo puede ser?”, se preguntó Adriana.

La vertiente es una alternativa que no alcanza

La Picada Machado existe desde hace 30 años en Concepción y queda a tres kilómetros de distancia del pueblo y el panorama es muy similar al barrio “Pileta”.

Ahí vive María Itatí Machado, desde hace más de 10 años junto a más de una decena de familias y el problema del agua es histórico. Existe una vertiente que suele secarse y hay un tanque y un pozo más de 1.000 metros y no llega a abastecerse.

“Nuestro reclamo está en todas las campañas, aparecen los políticos y prometen solucionar y una vez que ganan, no cumplen. Tengo una beba de menos de un mes y ustedes no saben el calvario que es estar con una recién nacida y no disponer de agua.

La Municipalidad suele acercar una vez por semana, un tanquecito que debe cargar 300 o 500 litros para cinco familias y es muy difícil arreglarnos con esa restricción en el consumo de agua”, manifestó Adriana.

En esa Picada no recuerdan haber tenido con regularidad el servicio básico, siempre utilizaron agua de vertiente.

“Mi papá vive acá desde hace 30 años y nunca tuvo agua. Nos cansamos de pedir; pusieron mangueras, pero creemos que es un problema de presión porque el tanque queda muy lejos. Tengo cuatro hijos, y con ellos no podemos estar sin agua; acarreamos con tachos de la vertiente para limpiar y cocinar; pero no alcanza para lavar la ropa o limpiar la casa.

Necesitamos una bomba más cerca que empuje y llegue a todos los que estamos acá, que hagan un depósito intermedio. Somos más de diez familias sin agua y tenemos como costumbre ir a lavar las cosas al arroyo, los chicos se bañan a la tardecita para estar preparados al otro día cuando hay clases”, destacó la vecina.

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