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POSADAS

Cuarentena en carpas: familias esperan que les entreguen lotes donde vivir 

Más de doce familias que ya no podían seguir sosteniendo el costo del alquiler de las viviendas que ocupaban, hace más de un año se instalaron en un predio municipal de Blas Parera y Costanera. Al tiempo fueron desalojadas, y al no tener adonde ir, se instalaron en la plaza 9 de Julio para reclamar sus derechos de un lugar para vivir.

Pasadas tres meses de la protesta, las autoridades del gobierno de la provincia, se comprometieron a entregar unos lotes con viviendas, y pidieron que mientras tanto, las familias abandonaran el paseo público, y esperaran unos meses hasta terminar con los trámites de permisos de ocupación.

Una vecina de Posadas, María Giménez, que vive en avenida Urquiza y Jauretche, se solidarizó con las familias, y les prestó la parte de atrás de su casa para que instalaran carpas hasta que el Gobierno cumpliera con su compromiso.

Pero el tiempo pasó, algunos vecinos se fueron ubicando en casas de familiares y siguen esperando, mientras que más de cinco familias no dejan de reclamar al gobierno, ahora sufriendo la situación de pandemia por el Covid-19.

Confinados al aislamiento

En la recorrida que realiza el Partido Agrario y Social junto al Movimiento Evita, en tiempos de cuarentena donde la demanda no decae, el diputado Martín Sereno y un grupo de militantes se acercaron hasta el lugar a llevar colchones -gestionados ante el Ministerio de Desarrollo Social- ropas y alimentos.

“Hace un año que estas familias con niños, niñas y abuelos sobreviven hacinados en carpas montadas en un patio -prestado por María una mujer generosa- donde no cuentan con cocina, baño, intimidad y condiciones de dignidad que merecen como ciudadanos y ciudadanas”, expresa.

“Un año donde soportan el calor, el frío, las lluvias, y ahora sufren esta pandemia sin casas donde quedarse, esperando que el Estado actúe responsable y humanamente. Confiaron en el acuerdo y compromiso, y hoy están abandonados”.

Algunos tienen permisos de ocupación a sus nombres en Garupá dentro del Programa de Inclusión Social Urbano Territorial; pero todavía no se concreta la entrega de los terrenos.

“Esta gente siente hastío, dolor, llantos, vergüenza y depresión. Le reclamamos al Estado provincial con urgente respuesta, el cumplimiento de los compromisos asumidos. Exigimos respeto a la vida, a la dignidad, como merece todo ser humano”, enfatizó el legislador, quien está realizando gestiones con varios estamentos del gobierno para que les entreguen lotes con servicios prometidos en Garupá.

Reclaman que cumplan con permisos de ocupación

Florencio Benítez Miño señala: “Hace un año que estamos en este lugar, antes en terrenos de Blas Parera y Costanera y de ahí nos desalojaron. Hubo muchas promesas; pero hasta ahora no cumplieron con nosotros. Esperamos el permiso de ocupación para hacer nuestras casas en Garupá y que nos entreguen los terrenos, todavía creemos en que haya un gesto de buena voluntad y nos resuelvan el problema”, dice.

Florencio vive con su madre en una de las carpas; pero por la cuarentena y sus condiciones de salud, ella viajó al interior a quedarse en casa de un familiar.

Al tener un vehículo, dentro del grupo él se ocupa de hacer los trámites. “Acá todos somos  como una gran familia, compartimos los problemas de todos los días y las alegrías.

“Ojalá con las gestiones del diputado Sereno, nuestro reclamo llegue a los oídos del gobierno y que nos den una solución urgente, más que nada por las criaturas y los abuelos que son los que más sufren”, lamenta el joven.

 

Arrinconados entre dengue y coronavirus

Otra de las vecinas es Lidia Platón, madre de ocho chicos que junto a ella viven en condiciones paupérrimas: “Nos prometieron soluciones; pero la promesa no fue solo verbal, sino también documentada que en tres meses tendríamos una solución. Confiamos en esa palabra y aceptamos dejar de reclamar en la plaza: pero pasó más de un año y seguimos en carpas en un patio y sin nada hacia adelante”.

Para Lidia, la gran preocupación son sus hijos, su salud y educación. “Ellos me dan fuerzas, porque sin mis hijos no sé qué haría”.

Económicamente se arreglaban como podían con trabajos informales, hasta que ahora con la pandemia y en cuarentena, todo se les hace cuesta arriba: desde la higiene hasta los alimentos.

“No pedimos mucho, solo un terrenito para que podamos hacer una casa de madera hasta poder comprar los ladrillos y estar cómodos con nuestros hijos. No pedimos que nos regalen, sabemos que tenemos que ir pagando en cuotas. Nosotros vivíamos en una casa donde pagábamos el alquiler; pero llegó un momento en que ya no podíamos. Por eso estamos aguantando acá, no tenemos donde ir y no recibimos ninguna ayuda del Estado, como si por ser pobres no merecemos nada”, subraya con angustia.

 

“Nos protegió la generosidad de María”

Anuncia Sotelo recuerda que estuvo tres meses viviendo en la plaza 9 de Julio después de quedarse sin techo, al tiempo se acercó el Defensor del Pueblo con la promesa del gobierno de un lote de tierra para las doce familias.

“Nos fuimos de la plaza, pero nos mintieron, y María nos tendió una mano viendo la situación, hizo gestiones y logramos un acuerdo con el gobierno, teníamos que esperar tres meses y vendría la solución, pero eso no pasó”, reclama la mujer que está en una de las carpas con su pareja y sus hijos.

Todos admiten lo difícil que es vivir de esa manera. “Esto no es vida. Los chicos sufren muchísimo. Cuando llueve, se moja toda la ropa, los colchones, y cuando hay tormenta, tenemos que sujetar fuerte las carpas para que no vuelen. Soportamos el invierno y ahora la cuarentena hacinados cuando los médicos dicen que hay que hacer todo lo contrario”, señalan algunas mujeres llorando.

 

Unidos en la lucha por el techo propio

Mariela Pereira, es otra de las madres que acampa y espera la respuesta del gobierno. “A veces creemos que nos mintieron solo para que dejáramos libre la plaza. Pero creímos porque hubo un documento escrito y salimos de la plaza con ese acuerdo en las manos.

“Por suerte María nos prestó su terreno, porque realmente no tenemos donde ir, ni 10 o 15 mil pesos para pagar un alquiler. Le agradecemos su bondad de permitirnos estar en las carpas desde hace un año. Se consiguieron los permisos del Iprodha para los lotes en Garupá, cada uno tiene el suyo; pero no se efectivizaron los terrenos. No deseamos otra cosa que armar nuestras casitas con cada familia”, se esperanza Mariela.

Tienen miedo de enfermarse, no sólo por el coronavirus sino también por la amenaza del dengue. Carecen de alcohol en gel y de repelentes para los mosquitos. Sobreviven de manera insalubre en las carpas mientras sueñan con el terreno propio.

“En esta lucha estamos todos unidos. Nos damos una mano en lo que podemos y estamos agradecidos a las organizaciones sociales que nos ayudan con mercaderías, y ahora nos acercaron colchones y frazadas”, manifestaron las familias.

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