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CureVac: la alternativa que puede convertirse en la esperanza de los no vacunados contra el Covid

Salud

Cuando comenzó la pandemia por coronavirus, docenas de equipos científicos se apresuraron a fabricar una vacuna contra el Covid-19. Algunos eligieron fabricar vacunas a partir de virus muertos y otros probaron métodos más arriesgados como utilizar una molécula genética llamada ARN.

De hecho, las dos primeras vacunas que salieron con éxito de los ensayos clínicos, fabricadas por Pfizer-BioNTech y por Moderna, estaban hechas de esa manera y ambas resultaron tener mejores índices de eficacia. Pero muchos países no lograron tener acceso a ellas en parte porque requieren ser conservadas en un congelador. Ahora, una tercera vacuna de ARN puede ayudar a satisfacer esa necesidad.

CureVac, una pequeña empresa alemana está a punto de anunciar los resultados de su ensayo clínico de última fase para saber si la nueva alternativa es segura y eficaz. El producto de CureVac pertenece a lo que muchos científicos denominan la segunda oleada de vacunas COVID-19.

Expertos en vacunas tienen especial curiosidad por ver los resultados de CureVac porque su inyección tiene una importante ventaja sobre las otras vacunas de ARN de Moderna y Pfizer-BioNTech. Mientras que esas dos vacunas tienen que conservarse en un congelador, la de CureVac se mantiene estable en una heladera.

Todo comenzó cuando ya en 1990 Ingmar Hoerr, cofundador de CureVac, inyectó ARN en ratones y descubrió que los animales podían fabricar la proteína codificada por las moléculas. Se sorprendió al descubrir que el sistema inmunitario de los ratones producía anticuerpos contra las nuevas proteínas y pensó que podría ser la base de un nuevo tipo de vacuna. “Pensé: ‘Vaya, si esto funciona así en los humanos, entonces tenemos una posibilidad farmacéutica completamente nueva'”, detalló.

Tiempo después, Hoerr cofundó CureVac que al principio tuvo problemas para sostenerse en materia económica y por ello recibía pedidos de otros laboratorios de moléculas de ARN fabricadas a medida.

Por otro lado, los científicos de CureVac experimentaron con sus propios diseños de vacunas de ARN hasta que encontraron sutiles ajustes en las moléculas de vacuna de ARN que hacían que las células produjeran más proteínas.

Más adelante descubrieron cómo poner las moléculas de ARN en burbujas de grasa para protegerlas de la destrucción en su viaje a las células y utilizaron una forma de ARN que podía permanecer estable a temperaturas relativamente cálidas.

En 2013, la empresa inyectó a voluntarios humanos una vacuna de ARN contra la rabia, en el primer ensayo clínico de esta tecnología contra una enfermedad infecciosa y lentamente la fueron perfeccionando.

En 2019, la empresa recibió una importante donación de CEPI para apoyar su desarrollo de vacunas de ARN para futuras pandemias. Pero BioNTech y Moderna se lanzaron a fabricar vacunas de ARN con mayor rapidez debido a ingresos muchos mayores.

Nuevamente, el CEPI proporcionó a la empresa 15 millones de dólares, pero CureVac necesitaría mucho más: “Si haces esto, necesitas una cantidad considerable de efectivo”, dijo en una entrevista Franz-Werner Haas, director ejecutivo de la compañía.

No obstante, los investigadores de CureVac siguieron adelante con sus limitados recursos, diseñando una molécula de ARN que codifica una proteína que se encuentra en la superficie del coronavirus, llamada spike y fue allí cuando las investigaciones demostraron que podía proteger a los animales del virus.

Posteriormente llegaron inversiones por parte del gobierno alemán y otras empresas. En diciembre, tras los prometedores datos de los primeros estudios de seguridad, la empresa inició su último ensayo, denominado de fase tres, en el que se reclutaron 40.000 voluntarios en Europa y América Latina.

Ahora, la empresa obtendrá sus primeros datos cuando 56 voluntarios desarrollen COVID-19. Si la mayoría de ellos están en el grupo del placebo y pocos en el grupo vacunado, será una prueba de que la vacuna funciona.

“Me sorprendería mucho que no funcionara bien”, afirma John Moore, experto en virus de Weill Cornell Medicine, en Nueva York.

Durante el año pasado, la empresa alemana se asoció con otras para aumentar la producción de su vacuna en caso de que sus ensayos clínicos dieran buenos resultados. “CureVac se ve a sí misma como un actor importante para acabar con la pandemia de COVID-19 en Europa y en otros lugares”, dijo Haas.

Pero CureVac también tendrá que hacer frente a la escasez mundial de las materias primas necesarias para las vacunas de ARN. “La Ley de Producción de Defensa de Estados Unidos ha sido un factor que ha afectado a nuestro acceso a algunos materiales y suministros”, dijo Haas. “Sin embargo, actualmente no esperamos que influya sustancialmente en nuestras previsiones de fabricación para lo que queda de 2021 y más allá”, agregó.

Florian Krammer, experto en virus de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí de Nueva York, dijo sobre la vacuna: “Creo que mucha gente puede beneficiarse de ella”. La vacuna de ARN puede permanecer estable durante al menos tres meses a 5 grados y puede permanecer 24 horas a temperatura ambiente antes de ser utilizada.

Debido a que que su potente ARN sólo requiere una pequeña dosis, la empresa podría crear vacunas para diferentes variantes y mezclarlas en una sola inyección, pero para ello hay que esperar hasta comprobar su eficacia.

Fuente: Diario 26.