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De Chernobyl al interior de Misiones: la historia de Tamara y Valentyna

Tamara Zhurba y su hija Valentyna eligieron el interior de Misiones como lugar para vivir tras la tragedia nuclear de Chernobyl, ocurrida en abril de 1986. Actualmente, madre e hija viven a muy pocos kilómetros de la ciudad de Leandro N. Alem, en el límite con San Martín.

En el momento en que colapsó el reactor 4 en Chernobyl, causando una radiación 400 veces mayor que la bomba de Hiroshima, Tamara y Valentyna vivían a unos 80 kilómetros del lugar, en una pequeña población que hoy comparan con Cerro Azul (Misiones).

Tamara ya había logrado publicar su primer libro como poetisa y su colección de libros, algunos guardados desde su niñez y otros regalados durante su carrera como escritora, eran su amado tesoro. Su obra fue de tal magnitud que hace pocos meses recibió el galardón de honor por los escritos acerca de su querida Ucrania.

La tragedia

Radiación, cáncer, malformaciones en bebés, desinformación y terror, son algunas de las palabras que resuenan en las cabezas de los sobrevivientes de la tragedia y que no escapan a la familia Zhurba. “Mi madre estaba todo el tiempo diciéndome ‘no hagas esto, no hagas lo otro, el miedo era en todo, pero no sabíamos realmente lo que pasaba”, comentó Valentyna.

“Fueron muchos familiares y amigos que uno sabía al hablar con ellos que sería seguramente la última vez que los veríamos, porque ya nos decían los médicos que nadie podría soportar más de una semana por la radiación recibida”, relató entre lágrimas al recordar a todos los que no pudieron escapar del horror.

El pueblo de la familia Zhruba formaba parte de la Unión Soviética en 1986 y fue uno de los que más afectados por la radiación de Chernobyl, ya que el 50% de las partículas radiactivas emitidas por la central durante el accidente acabaron con la mayoría de sus habitantes.

“Pasaban los militares tirando agua y líquidos, como lavando todo, con trajes blancos y amarillos. Sacaban a gente muerta de sus casas, pero nos decían que habían muerto del corazón o por otras causas y todos sabíamos que pasaba algo, pero no todo, porque sacaron las antenas de las radios cercanas para que no se sepa realmente el desastre”, contó Valentyna.

Las raíces a pesar del miedo

Con el paso del tiempo, las referencias acerca de Chernobyl se redujeron a una vaga asociación con la radioactividad en una zona vedada que nadie quiere volver a habitar. Sin embargo, para Valentyna es parte de su vida y de su historia y si bien los malos recuerdos aún la atormentan, sueña con poder visitarla o encontrar a algún viejo amigo o familiar con vida, tras haber perdido todo tipo de contacto.

Aunque admite que su madre no quiere saber del tema, la sobreviviente expresó que no quiere morir sin poder pasar al menos una vez más por el lugar en el que vivió, “donde pasé toda mi infancia y juventud”.

 

Fuente: Alem News.

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