SEGUINOS

POSADAS

Dejando Huellas: el síndrome de “cabeza quemada”, un mal que afecta a profesionales de la salud

En su habitual columna en C6Digital, el neurocirujano infantil, Mario Armando Barrera, habló del síndrome de Burnout, también conocido como “del quemado, que según un informe afecta al 55% de los enfermeros y el 59% de los médicos argentinos. “Esto se caracteriza por la falta de energía, cansancio, constante, desanimo, irritabilidad, mal humor, trastornos del sueño y conflictos recurrentes con el entorno, con una marcada disminución del rendimiento laboral”, explicó.

 Agregó que “antes lo padecían algunas especialidades críticas, como lo son el personal de Terapia Intensiva, Unidades Coronarias, Emergencias, o de consultorio como la Psiquiatría. Hoy todo el personal de salud, está expuesto y de alguna manera lo sufre en mayor o menor medida”.

“No solo por ser médico, pero creo, entiendo y así lo vivo, no existe profesión más noble que la de cuidar del otro. Es un continuo servicio, estar al servicio del otro. El dolor hermana, no hace distinciones, lo que te hace diferente es la actitud de servicio”, acentuó.

Aseguró que “cuando uno se pregunta, quien cuida a quienes nos cuidan, la respuesta debería ser sin dudar, todos. Los empleadores públicos o privados, los pacientes y sus familias, los amigos y nuestra propia familia”. En ese sentido, recalcó que los médicos deben tener mejor condición de trabajo, con mejores sueldos y menos horas de guardia. La gente piensa que el médico tiene la vida salvada. Los profesionales reciben maltrato de parte de los pacientes”.

“Ser médico es una forma de vida, nos hace inmensamente felices estar al servicio del otro, cuidar, acompañar y si se puede curar. Nadie nos dice que a pesar de seguir todo lo que nos enseñan podemos fracasar. Es una carga muy pesada, con la que debemos convivir el personal de salud, sumado muchas veces al maltrato, hace que los profesionales se vean minados en su rendimiento”, sostuvo.

Al respecto, aseguró que ha médicos buenos y malos como en todos los ámbitos pero “los que hacemos bien las cosas somos más, siempre tratamos de hacer lo mejor”.

Observó que “la gente dice que no tenemos más vocación y solo nos importa el dinero. Soy un ser humano que tiene su familia. Más allá de que amamos nuestra profesión, no deja de ser un trabajo. A pesar de estar en dificultades, uno sigue trabajando. Cuando hay que atenderse a uno mismo los mecanismos no dejan ver que uno está sufriendo. Las imágenes de dolor nos afectan y nos dan estrés y eso repercute en nuestro trabajo”.

 

Descargar Semanario Seis Páginas