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Dejando Huellas: la importancia de honrar a los padres

Posadas

En su habitual columna en C6Digital, el neurocirujano infantil, Mario Armando Barrera, contó que “hace unos días mi amigo Rodolfo me preguntó cómo es el día de un Neurocirujano Infantil, mi respuesta fue que es un día como el de cualquier hombre común que ama lo que hace y disfruta de su trabajo. Vinieron a mi mente muchos recuerdos y en la hermosa charla que tuvimos fueron aflorando y descubriendo mi historia”.

Agregó que “sé que siempre quise ser médico, pero no tengo la respuesta al por qué, no podría ser otra cosa, con aciertos y con errores, es lo que quiero ser. Fuimos siempre una familia clase media,  mi viejo empleado municipal, mi madre ama de casa. Cuando al fin pude ir a estudiar medicina a Corrientes, mi padre tenía tres trabajos, de lunes a sábados, además tenía la ayuda de mi hermana Betty, profe de francés en aquellos días”.

Remarcó que tuvo una infancia con limitaciones, pero feliz. Cursó el secundario en la Escuela Normal Mixta.

Luego, indicó que “llegó el desafío de la universidad, vivir solo, administrar el justo, más bien escaso dinero, para llegar a fin de mes. Nunca me falto qué comer. Pero sabía del esfuerzo titánico de mi familia. Los éxitos y los fracasos se entremezclaban a medida que iba avanzado en el aprendizaje, pero nunca tuve un reproche, por el contrario, siempre la palabra de aliento, el apoyo incondicional de Carmen, mi novia del secundario. Hoy mi esposa y madre de Florencia y Franco nuestros hijos”.

Recordó que “vivía en una oficina, sin heladera, sin ventilador. Pero eso era nada, en comparación con mi padre, levantarse cada día a las cinco de la mañana y acostarse después de las once de la noche, era nada, en comparación de muchos otros estudiantes a quienes la provista que solían enviar, les era muy escasa”.

Barrera enfatizó que tuvo muchas oportunidades para abandonar todo, pero “mi perseverancia más que mi inteligencia, me llevaron al objetivo”.

“Cuando fui a recibir el título de médico, me acompañaron Carmen y Oscar, mi hermano de la vida,  mis padres no podían costearse el pasaje para ir a Corrientes, pero era mucho mayor el orgullo que el dolor de no estar”, añadió.

En ese sentido, aseveró que “hoy pienso cuántos sueños y proyectos postergados de mis padres, para que yo alcanzara mi sueño. Años más tarde serian compensados, pudiendo asistir a la entrega de mi título de Neurocirujano Infantil, y mi viejo saldar con el mismo aquella deuda, de anunciarlo en el diario local, que importante era para él. Bienvenido Doctor, invocando a la Virgen María su bendición”.

El profesional de salud concluyó recalcando que “no soy muy diferente, de la historia de muchos colegas y sus familias, es una forma de reconocimiento hacia ellos y también desde la humildad mostrar a los jóvenes que, si trabajan duro, nada es imposible, no te preocupes por los tiempos de los demás, cada uno tiene sus propios tiempos, debes ser perseverante para llegar. Y cuando llegues estarás honrando a tus padres y a todos aquellos que confiaron y te ayudaron”.