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Dejando Huellas: la importancia de los maestros en la formación y los primeros pasos

En su visita a los estudios de C6Digital, el neurocirujano infantil, Mario Armando Barrera, remarcó que “el camino y la compañía en la formación de un cirujano, es un proceso largo y difícil de aprendizaje. Cuando comienzas el camino, muchas veces te ves eclipsado por algunos cirujanos que con el tiempo entiendes, son maestros. Son aquellos que, por su talento natural, por su habilidad, por la técnica quirúrgica adquirida hacen todo tan sencillo, que piensas, yo también puedo hacerlo, pero poder hacerlo lleva tiempo”.

Agregó “no solo lo admiras por lo antes dicho, se diferencian también su calidad de persona, siempre sembrando, generosos a la hora de enseñar, transmitiendo sus conocimientos, compartiendo sus experiencias. Entre ellos se encuentran el Bubi Demaio, Nino Casabonne”.

Barrera decidió dividir su historia en dos partes: su tiempo de mi formación y luego de sus primeros pasos.

“En mis tiempos de residente, estaré por siempre agradecido a mi querido maestro, el doctor Romilio Monzón, que me formó siempre buscando lo mejor, dándome las herramientas para poder continuar su camino, cuando terminaba, le contaba de mis temores, de volver y estar solo, con la responsabilidad de estar a la altura de los acontecimientos, estás preparado, confía en lo aprendido solía decirme. Lo que más valoro de aquel tiempo más allá del entrenamiento y aprendizaje, es la relación de padre e hijo que forjamos”, detalló.

Añadió que “entre otros a quienes uno admira, se encuentra el doctor Alberto Abdulahadi, el turcoquien ya no está con nosotros, pero mientras estuvo, nos formó, nos ayudó, nos cuidó. Supe enviarle una carta durante su enfermedad, donde le expresaba mi agradecimiento por su generosidad y en aquel momento, le transmitió al doctor Marcelino Gamarra, un discípulo privilegiado, que supo estar mucho tiempo a su lado, le transmitió decía, el mandato que debía acompañarme en mi camino de neurocirujano”.

En la segunda parte de esta historia “Marcelino, Marce, Kunta para los amigos, nunca desoyó el mandato de su maestro. Desde aquel momento al hoy, me ha cuidado, acompañado, escuchado en este tiempo del ejercicio de mi profesión. Dando más de una vez la tranquilidad al procedimiento, con su compañía en la urgencia, recordándome la fuerza de la palabra en las situaciones de estrés”.

“Tres años te lleva aprender una técnica y 30 años lleva a aprender a cuando no operar, el mejor cirujano sabe cuando no hacerlo”, afirmó.

Insistió en que “lo que más valoro es la amistad que desarrollamos, el respeto profesional mutuo, el complemento deseado, entre el neurocirujano y el cirujano infantil o como lo soles decir, él es un neurocirujano y yo el negro cirujano”.

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