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El desafío de pensar los procesos formativos desde una perspectiva integral

Desde el Departamento Social del Club Atlético Independiente consideramos que la formación de nuestros jugadores debe ser abordada desde una perspectiva integral, es decir garantizando el desarrollo intelectual, personal y social de los deportistas de la cantera.

En consecuencia, para llevarla a cabo se requieren equipos de trabajo interdisciplinarios, conformados por diferentes profesionales de distintas áreas de conocimiento (trabajadores sociales, psicólogos/as, nutricionistas, médicos/as, kinesiólogos/as, preparadores físicos, directores técnicos, coaching, etc.).

Las intervenciones deberán tener como marco normativo la Ley nacional N°26.061, donde se consagran los derechos de los niños, niñas y adolescentes. El paradigma de la integralidad, un concepto clave. Las desigualdades sociales en el mundo actual configuran escenarios complejos, repletos de incertidumbre y turbulencia. Tenemos el gran desafío de contextualizar los problemas que, a priori, aparentan similares.

Ahora bien, ¿qué implica pensar los procesos formativos desde una perspectiva integral? Entendemos que la preparación física, técnica, táctica y estratégica debe ser acompañada de una mirada holística, totalizadora. Partimos de la premisa de que cada niño/adolescente es único e irrepetible, determinado por múltiples dimensiones (historia y entorno familiar, condición socio-económica y habitacional, hábitos y prácticas culturales, representaciones simbólicas, formas de vincularse y relacionarse socialmente, características del contexto barrial y grupos de pertenencia, accesibilidad al sistema sanitario, educativo y recreativo, entre otras).

Esta primera aseveración, nos da la pauta de que cada niño es un mundo de posibilidades en sí mismo. Por eso, al momento de resolver una situación problemática es sumamente riesgoso replicar “recetas exitosas”. El modo de
respuesta que se utiliza para un individuo, puede ser contraproducente para otro.

Por tal motivo, la posibilidad de construir las respuestas interdisciplinariamente  puede reducir o minimizar la frustración, tanto de los formadores como de los jugadores. En esta línea, es importante resaltar que las trayectorias menos traumáticas reducen la saturación -incluso el abandono- de la práctica deportiva.

La integralidad en el abordaje nos exige contemplar cada particularidad y, para ello, necesitamos de la mayor cantidad de información de cada jugador. Una fuente útil para obtener parte de esos datos es propiciar en la labor cotidiana de entrenamiento un espacio de escucha activa con el niño/adolescente, donde predomine la comprensión del relato, evitando culpabilizar y señalar.

Pedagógicamente, planificar una actividad lúdica también puede facilitar la comunicación y, consecuentemente, la expresión de problemas que muchas veces un niño no puede decir con palabras.

La observación participante, otra fuente de información, requiere estar alertas sobre los indicios que ofrecen el comportamiento individual y en relación con los otros, el rendimiento futbolístico, la actitud de cooperar o trasgredir las reglas y el estado anímico general. Ante un posible “llamado de atención” se sugiere trabajar con el equipo interdisciplinario.

De este modo, la empatía y la confianza serán las principales aliadas para generar las condiciones de pleno  desarrollo.

Por Diego Emanuel Tobio, licenciado en Trabajo Social. 

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