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Opinión

El día después de mañana

(Por Gustavo Córdoba) En la película de catástrofe “El día después de mañana” los protagonistas deben enfrentarse a una circunstancia repentina: el mundo que conocían se termina y sus vínculos, proyecciones y emociones se ven completamente cambiados por esa circunstancia repentina.

Las crisis producen ese mismo efecto en la persona. De pronto, el suelo bajo los pies empieza a temblar, las certidumbres se desmoronan y los vínculos humanos y políticos son puestos a prueba. La reacción a un episodio de crisis es una gran demostración del carácter político y humano de los dirigentes.

Los invito a mantener estas cuestiones en mente después de empezar a leer esta nota.

Las campañas electorales modernas tienen como objetivo influir en la decisión de los votantes para establecer un escenario competitivo, donde el margen entre la primera y la segunda fuerza no supere el 15%.

Esa influencia tiene un efecto acertado cuando cada espacio político logra instalar la interpretación de la realidad que más le conviene. Pero, es más efectivo cuando consigue a evitar cometer errores.

Los errores en campaña pueden poner en peligro la posibilidad de acortar una gran diferencia en contra, incluso impiden una mejora relativa en términos de resultados.

Hasta ahora, la campaña electoral nos entregó un capítulo de altísima densidad política: una primaria transformada en virtual primera vuelta, que prácticamente definió el contexto triunfal de Alberto Fernández de cara a las generales de octubre.

Cuando una elección castiga a un oficialismo con una diferencia dramática en los porcentajes, se recomienda la empatía como único camino para reordenar el trabajo en la campaña electoral. Esa empatía le permite al votante verificar que su voto castigo ha causado el impacto buscado.

La fuerza derrotada deberá tratar de entender la lógica del votante y pedirle disculpas, tratando de reestablecer el vinculo emocional.

Pero la empatía como vehículo emocional y de comunicación solo funciona cuando las subjetividades de las personas están dispuestas a hacerlo funcionar. Al principio de esta nota, comentaba cómo las crisis influyen en las subjetividades, y los episodios que vivimos en la Argentina en las últimas horas son un gran ejemplo de todo esto.

El resultado de una elección no tiene por qué derivar en una crisis. De hecho, no ocurre en ningún país con una democracia estable, y en el nuestro no habían sucedido por lo menos hasta hoy.

Como si fuera una ficción, el día después de recibir un duro castigo en las PASO el Gobierno dejó pasar una gran oportunidad para pedir disculpas sinceras y recuperar votos de cara a octubre. Por el contrario, decidió transformar lo sucedido en una auténtica crisis en la que es el principal perjudicado.

Frases como “hay un problema entre el mundo y el kirchnerismo”, “la gente no entendió nuestro mensaje” o “la oposición tiene que realizar una autocrítica” certifican que el Gobierno decidió no escuchar el mensaje de las urnas, y que la actitud emocional de sus miembros les impide tener cualquier tipo de empatía con los argentinos que el domingo se expresaron en las urnas.

Esa situación subjetiva, que se ve expresada muy claramente en los gestos y la elocuencia del Presidente en su última conferencia de prensa, le impidió al oficialismo hacer una correcta lectura política de la situación. La reacción se notó intempestiva, poco reflexiva, y muy agresiva y antidemocrática. No solo es un tremendo error político, también es verdaderamente preocupante para todos.

La reacción ante las crisis demuestra la altura y la capacidad de los dirigentes políticos. Si tenemos que juzgar al oficialismo por estas cuestiones, es difícil decir que están a la altura de todo lo que está pasando en el país.

https://www.letrap.com.ar/nota/2019-8-12-19-34-0-el-dia-despues-de-manana

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