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EDITORIAL

En lugar de promover el esfuerzo mancomunado para afrontar la crisis se buscan grietas

Cuando la frazada es corta de poco sirve tironearla. La ingeniosa descripción bien podría aplicarse a la Argentina de este fin de año. La economía está en una profunda recesión, todos los indicadores se han desplomado. Mes a mes hay indicaciones a la baja: merma del consumo, de la industria, de las ventas, de las expectativas empresariales, de las de los trabajadores, de los jubilados, de los desocupados.

Qué sentido tiene entonces que el Gobierno de la Nación saque un decreto haciendo “obligatorio” el bono de 5.000 pesos de fin de año. Si no ha promovido políticas de crecimiento sino por el contrario de achique del país, si han cerrado decenas de fábricas y se han perdido miles de empleo, cuál es la intención política de semejante decisión? Aparecer como “los buenos” de la película y mostrar a los empresarios como “los malos” que no entienden de las necesidades del trabajador. Abrir una grieta donde no la hay para qué? No alcanza con fomentar la política?

 

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Más allá de la “obligatoriedad” del decreto habrá empresas que podrán pagar y otras que no podrán hacerlo. Y es muy posible que la mayoría de estas últimas no bajen la persiana para no dejar a su gente, a sus trabajadores en la calle. Ellos saben muy bien, como el resto del país que no hay trabajo y mucho menos trabajo registrado. Así que la gente, unos y otros se defienden como pueden. Algunos resignan rentabilidad, para no trasladar a los precios los mayores costos porque no hay venta. Otros sus adicionales, las actualizaciones salariales.  No hay enemigos en estos ámbitos y la mayoría se sienten “socios”, aunque no lo sean en los papeles. Porque son pares en la crisis que sólo esquiva un puñadito de ricos, muy contadas empresas. La gran mayoría la pasa mal.

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Y entonces se reafirma el darse una mano los unos a los otros. Tal vez la intención del Gobierno sea ésa generar ahí en ese ámbito alguna grieta que desvíe la responsabilidad que tienen por lo que sucede y se niegan a aceptar.  Hasta ahora les dio buenos réditos echarle la culpa al otro, a cualquier otro. Pero “la estrategia” no hace más que dilatar los males, no hace otra cosa que tapar el bosque con el árbol. Y así no se va muy lejos.

 

Por cierto entre las personas que hacen malabares están los gobiernos de las Provincias. Por caso Misiones que viene poniendo paliativos a las heridas abiertas. Las asimetrías las afrontó con sus propios actores: Gobierno, empresarios, entidades bancarias. La gente escapó a Paraguay para hacer rendir ingresos. Después la suba del dólar paró la corrida. La crisis ahora serpentea en las ciudades fronterizas. Encarnación cierra negocios y despide gente, como hizo Posadas antes.

Aseguran que por más que la gente “casi no va a Paraguay”, el dinero “no circula” en Posadas

Pero: por más que la gente “casi no va a Paraguay”, el dinero “no circula” en Posadas. El presidente de Amhbra y vicepresidente de la CEM, Martín Oria, remarcó que en sus 30 años de comerciante “jamás vi que Encarnación y Posadas estén tan vacíos. Era una u otra, pero nunca las dos”. Afirmó que con el precio del dólar “la gente dejó de cruzar el puente, pero el problema es que todos están endeudados y entonces el dinero no se mueve. El consumo en la ciudad está totalmente parado”.

Y ése es un testimonio de la hora. Como lo es su otra reflexión: “Misiones paga un combustible muy caro y eso no es justo. Si queremos ser federales, debemos pagar lo mismo que en Buenos Aires. Acá se usa la nafta y el gasoil para sacar nuestra industria y traer materia prima, mientras que el porteño lo utiliza para irse de camping”.

 

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