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Salud

Hay que poner cerebro a la pandemia y el cerebro humano es igual en todo el mundo

Lo hacía notar el neurólogo Conrado Estol y, a propósito, refería como ejemplo anécdotas incluidas en la obra “La honesta verdad sobre la deshonestidad” del científico israelí Daniel Ariely.

“Comienza su libro hablando de un médico que va a almorzar con un representante de la industria farmacéutica.- Y dice que por más buena persona que sea ese médico, una vez que aceptó que le paguen el almuerzo de una farmacéutica ya queda como un sesgo”.

Para relatar después el experimento hecho con una máquina expendedora de bebidas con la sola introducción de una moneda. La máquina tiene un cartel que dice que si se la observa defectuosa deberá llamarse a un determinado número de teléfono para avisar lo que sucede. Coloca la máquina en un pasillo de una Universidad de Estados Unidos y pone una cámara oculta. En efecto la máquina funciona mal, se pone una moneda pero da más de una lata –hasta un máximo de 4-. Ninguna de las personas que la usó llamó al número de teléfono indicado y se llevaron más de una lata. Antes bien, hubo quienes llamaron a un conocido para avisarle que había una máquina que daba más de una lata.

 

“En todo el mundo el cerebro humano funciona igual se trate de Noruega o de Burkina Faso, de Canadá o de Argentina”, apuntaba Estol a propósito de responder sobre el comportamiento social en Noruega -respecto del experimento hecho con la concurrencia a un gimnasio sin barbijo y un solo contagio contraído fuera del gimnasio-  o en Argentina frente la pandemia.

Para advertir también que un noruego se comporta en Noruega de acuerdo con las leyes de ese país, pero es posible que lo haga de forma diferente en otro país. Como el argentino que en Estados Unidos manejará a 55 millas y no tirará nada por la ventanilla porque va a tener que pagar una multa. “También es cierto que somos hijos del rigor”.

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