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Homilía: obispo Martínez habla de “Salud, Pobreza y Esperanza”

“En este tiempo raro de pandemia y coronavirus que nos toca vivir, de pronto cambiaron muchas cosas. Rezamos especialmente para que pronto termine todo esto y podamos volver a la vida normal. Obviamente que, por un lado, tenemos que ser responsables cuidando la salud, y por otro considerar también con responsabilidad la situación de las personas y familias que no pueden sostener una cuarentena que nos va sumergiendo en una pobreza gravísima. A esto hay que sumar el tema social que genera un encierro permanente. Todo esto debe ser considerado con una profunda seriedad”, expresó el obispo Juan Rubén Martínez en su Carta dominical.

 

«Salud, Pobreza y Esperanza»

Carta de Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 3° domingo de Pascua 26 de abril de 2020

En este tiempo Pascual el texto del Evangelio (Lc 24, 13-35) nos narra un nuevo encuentro de Jesucristo, el Señor resucitado, con los discípulos de Emaús. Es llamativo cómo estos discípulos regresaban a su pueblo desde Jerusalén conociendo todo «lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo […] Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel» (Lc 24,20-21). Pero sus ojos estaban cegados, no eran capaces de reconocerlo. (Lc 24,16).

«Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24,28-32). Después del encuentro con Jesús, cuando lo reconocieron, la vida de ellos cambió. Esta es la experiencia de fe pascual que necesitamos realizar como cristianos y que lleva a la Iglesia a anunciar al mundo que la vida, aún con sus dolores y dificultades, está cargada de sentido porque la vida triunfa sobre la muerte. Jesucristo, el que murió, resucitó.

En este tiempo raro de pandemia y coronavirus que nos toca vivir, de pronto cambiaron muchas cosas. Rezamos especialmente para que pronto termine todo esto y podamos volver a la vida normal. Obviamente que, por un lado, tenemos que ser responsables cuidando la salud, y por otro considerar también con responsabilidad la situación de las personas y familias que no pueden sostener una cuarentena que nos va sumergiendo en una pobreza gravísima. A esto hay que sumar el tema social que genera un encierro permanente. Todo esto debe ser considerado con una profunda seriedad.

En estos días suspendimos el «Congreso Mariano Nacional», de Catamarca. Junto a los 400 años de la presencia de nuestra madre con el nombre de «Nuestra Señora del Valle» nos hemos propuesto celebrar un Año Mariano. A ella le pedimos especialmente por nuestro tiempo y para que pronto salgamos de esta crisis global.

Mientras tanto, nosotros seguimos tratando de vivir la fe. El pueblo argentino tiene una fe arraigada desde hace siglos. También aquí, en nuestra provincia de Misiones transitoriamente hemos suspendido las misas con la participación de los fieles, acatando la decisión del decreto presidencial. Seguimos buscando alternativas virtuales, televisivas, radiales y otras. Y lo seguimos haciendo también con la catequesis, encontrando caminos alternativos de comunicación hasta que podamos volver a la normalidad.

También en las comunidades, los sacerdotes, consagrados y laicos han estado activos en la caridad ayudando en el hambre creciente de la población y animando en la esperanza a tantos que sufren la angustia y la incertidumbre de todo esto.

En este tiempo pascual, sabemos que todo esto pasará, que la vida triunfa, porque Cristo, el Señor, resucitó y nos trajo la certeza de la esperanza.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas.

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